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Josep Emili AriasMiembro desde: 26/11/16

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09/09/2019

Revertir, paliar, la actual crisis climática del Calentamiento global antrópico, tiene muy difícil solución, en un planeta donde la primera religión del mundo es el consumismo

El Antropoceno, ¿somos la especie liquidadora?

Un manifiesto sobre la vorágine del consumismo y el Calentamiento global

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Josep Emili Arias Miñana

Gandía (Valencia), España

26/Nov/2018            https://twitter.com/AriasMinana/media

 

Abstract: The Anthropocene, are we the liquidator species?. A manifesto on the maelstrom of consumerism and  Global warming. Let's not look for euphemisms, Global warming and mass consumerism of the dominant species, are a binomial.

 

«Si nuestra Tierra sólo es capaz de "respirar" en los ciclos de recesión económica global, es un planeta condenando a un rápido e irreversible envejecimiento»

 Es tan obvio el deterioro global medioambiental y climático causado por la mano del hombre que gran parte de la comunidad científica, geólogos, ecólogos, bioquímicos, naturalistas, biólogos marinos y climatólogos ya catalogan la actual época geológica bajo el término del Antropoceno (época del Hombre), a falta de su ratificación oficial por la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS).

Hay autores que ubican el arranque del Antropoceno a mediados del s. XX, cuando el estrato geológico lo empezamos a marcar con una nueva materia artificial y antinatural, los isótopos radioactivos de los primeros ensayos nucleares, por no mencionar los bidones radioactivos de basura nuclear lanzados en la fosa oceánica atlántica en las pasadas décadas de los 80 y los 90. Pero la peor consecuencia que va a mostrar el Antropoceno es que, en su tránsito, va a dejar muchos sistemas naturales irreversibles.

Esquilmamos el agua dulce

Nuestra actividad humana está inmersa en un planeta de espacio y recursos limitados y de limitada resiliencia. Los recursos naturales de nuestro planeta son finitos, lo único carente de límites es la basura que generamos. Los océanos no fueron concebidos para absorber plásticos y residuos contaminantes. Continuamos despilfarrando y contaminando el ciclo del agua dulce, sobreexplotando y desecando los acuíferos. La huella hídrica, cálculo integral de la gestión del agua dulce en los procesos productivos, un concepto creado por el investigador holandés Arjen Hoekstra, y que cifra que detrás de un pantalón vaquero se esconden 10.000 litros de agua desde su ciclo primario del algodón. Añadamos que la ropa es uno de los materiales más difíciles de reciclar por sus tintes contaminantes. La huella hídrica que se cifra para un filete de vacuno de 1 Kg conlleva 13.000 litros de agua dulce, desde el regadío de las masivas extensiones de plantaciones de forraje cereales/soja, hasta su expedición en las carnicerías. Peor lo pone la cabaña mundial de vacuno, responsable mayoritario de expeler metano a la atmósfera (flatulencias), un potente gas refractario de efecto invernadero. 

Cuasi la totalidad de nuestra actividad humana conlleva huella energética

Retomando lo anterior y para más inri, si ya por sí mismo, los recursos y explotaciones cárnicas (vacuno, porcino, caprino) ocasionan cuantiosa huella hídrica y huella de carbono y de metano, ahora, añadámosle otro nuevo derroche energético culinario restaurador, el novismo artístico y efímero de grabar tattoo's (tatuajes) sobre la piel de las piezas cárnicas, antes de cocinarlas y servirlas. Filigranas consumistas. 

No busquemos eufemismos, el Calentamiento global (CG) y el consumismo masivo, son un binomio.

El planeta Tierra no fue diseñado (de manera evolutiva) para que la especie dominante practicase el consumismo masivo y la esquilmación de sus recursos. Sufrimos el Cambio Climático (CC) y, a pesar de ello, aún existen intencionadas corrientes de opinión neoliberal que intentan desacreditar el CC por causa antrópica, aduciendo: «Hay sobradas evidencias que entre los s. XI-XIV se dio en el hemisferio Norte el llamado Periodo Cálido Medieval. En ese periodo la actividad del hombre no emanaba CO2, por tanto tal anomalía de incremento térmico fue consecuencia de cierta configuración de variables naturales, como pudieran ser el posicionamiento axial y orbital del planeta, oscilación de los océanos, disminución del albedo del hielo marino/continental y unos consecutivos ciclos de pronunciados Máximos solares». Entonces, bajo esta premisa, ¿no hay que reducir nuestro palmario aporte de gases de efecto invernadero como sumatorio calórico a esas supuestas variables naturales?. Un vil argumento que pretende eximir la mano del hombre del actual CG.

Otra argucia para restar urgencia en revertir el actual CG expone analogías como ésta: «Si a nivel mundial fuimos eficientes resolviendo y revirtiendo el agujero de la capa de ozono, también vamos a ser eficientes en revertir la causa y las consecuencias del CC». No, esto no es así, esta analogía resulta muy simplona. Cierto es que tras el Protocolo de Montreal, en Helsinki (mayo1989), todos los países desarrollados acataron la erradicación total de los fluidos clorofluorocarbonados (CFC´s) y halones. Hasta la ultraliberal Margaret Thatcher acabó abanderando la erradicación mundial de estas volátiles moléculas cloradas, su licenciatura en Químicas le hizo tomar buena conciencia de ello.

Pero la problemática del CC y su consecuencia del Calentamiento global (CG) es de concepción muy distinta, no se ciñe a suprimir y erradicar unas determinadas moléculas sintéticas, aquí, el problema está en que la generación de CO2 es inherente a nuestros hábitos de producción y consumo, y a la actividad global de un tercio de la población mundial muy adoctrinada en la vorágine del consumismo y la súper producción. Hay que tomar medidas valientes y rápidas, establecer marcos normativos para la retirada de los combustibles fósiles (hidrocarburos, gases licuados) y empezar, así, a descarbonizar nuestra actividad humana. La transición a la automoción integral eléctrica (baterías/pila H) ha de ser una apuesta global, inevitable e impostergable. 

Hemos alterado los patrones climáticos naturales

Son muchos los sistemas homeostáticos naturales de la Tierra interferidos. La hidrosfera global está manifiestamente recalentada, lo cual conlleva una excesiva presencia y generación de vapor de agua latente a disposición de cualquier sistema depresivo y cuyas dinámicas atmosféricas convectivas de Bajas presiones se forman de manera más acelerada, con descargas pluviales de mucha mayor virulencia y que, cada vez, resultan más frecuentes. También son preocupantes los niveles de acidificación marina por saturación/ absorción de CO2, donde su progresiva acidez va degradando los ecosistemas marinos (arrecifes de coral), pero también afecta al propio lecho marino, donde los compuestos de calcita mineral fósil (CaCO3) pueden no ser suficientes para absorber y neutralizar todo el ácido carbónico marino generado por la deposición in crescendode nuestro CO2. Hay bastante consenso en aceptar que el Calentamiento global, en algún grado, está generando una deceleración de la corriente oceánica profunda a gran escala, conocida como circulación termohalina (CTH), también llamada Cinta transportadora oceánica global, un complejo sistema autorregulador para la refrigeración del planeta. No olvidemos que los océanos y la propia troposfera forman un binomio que interactúan de manera mutua con el propósito de atemperar el clima. 

Hoy somos testigos de cambios notables en muchos patrones meteorológicos regionales y globales que ya afectan directamente en nuestras vidas. Ya existen los desplazados climáticos por causa de la subida del nivel del mar como consecuencia del Calentamiento global. La absorción de calor dilata los océanos y conlleva a una subida sostenida del nivel del mar, esto ya lo vemos en islas de Kiribati y de Tuvalu (Pacifico y La Polinesia) como también ocasionará la inmersión de atolones habitados en islas Salomón (Pacifico sur) e islas Maldivas (Índico). El s. XXI lo iniciamos con récords de olas de calor en Europa occidental, en agosto de 2003 en Francia provocó unas 11.000 muertes. El llamado "veroño" es la prolongación del estío hasta finales de noviembre. El antaño referente climático occidental conocido como Anticiclón de las Azores es hoy un patrón roto. En el Ártico, como consecuencia del acercamiento de masas anómalamente calientes al vórtice polar ártico (sistema depresivo de corriente polar gélida), este vórtice polar ya está mostrando su debilidad, mostrando su inconsistencia circulatoria, con una atípica tendencia a descolgarse hacia latitudes inferiores más templadas, provocando extremas anomalías térmicas (enero 2017, EEUU).

El Calentamiento global (CG) está favoreciendo que los fenómenos adversos/extremos aumenten en mayor frecuencia, en intensidad y en virulencia, como los tifones, huracanes, borrascas profundas, ciclogénesis explosivas y huracanes extratropicales, todos ellos se nutren del calor superficial de los océanos y este anómalo aumento de la temperatura marina pone en circulación mucho más vapor de agua latente a disposición de estos sistemas depresivos, incrementando su energía total. De alguna manera, el progresivo CG inyecta en la hidrosfera una gasolina de elevado octanaje que acaba repercutiendo en la severidad extrema de muchas dinámicas atmosféricas.  

Hasta la llegada de la profunda borrasca Klaus, en enero de 2009 a la vertiente cantábrica, en España desconocíamos que eran las ciclogénesis explosivas, hoy, tal fenómeno ciclónico es ya un evento rutinario en todos los invierno, golpeando la península ibérica con fortísimos vientos. Antes del 2009 este fenómeno de ciclogénesis explosiva, profundas borrasca originadas por una depresión súbita, con caídas pronunciadas de 22/24 hectopascales en tan sólo 24 horas. Estos fenómenos, antaño, eran episodios muy insólitos y que nunca bajaban a nuestras latitudes ibéricas. 

El consumismo, es hoy, la primera religión del mundo

En algún momento habrá que afrontar la nefasta problemática del consumismo. El consumismo forma parte de la cultura actual y es aceptado como único y supremo modelo económico global. De manera subliminal se nos educa hacia un consumismo compulsivo, «Trabaja, consume y calla», así rezaba un grafiti a la entrada de una autopista. En qué ciudad no hay concurso local donde se premie al mejor escaparate navideño. Cada vez vamos adelantando más el encendido local de luces navideñas, como sensual pistoletazo de salida al desenfrenado consumismo navideño. Expresiones banales como, «¿Nos vamos de tiendas?» son aceptadas como norma, pero para nada es una necesidad. En el calendario de delirio consumista figuran sus días de culto: Hallowey, Black Friday, CiberMonday, Open Night, Día del Soltero y, muy pronto, nos invadirán los ofertones del Thanksgiving Day. Todo un santoral orquestado por la dictadura de las modas, tendencias y modas. El delirio consumista llega a extremos paradójicos donde personas, antaño más jóvenes, fueron intervenidas con cirugía ocular refractiva para liberarse de las gafas, hoy, estas mismas personas adquieren gafas de cristal neutro porque se lo impone la cultura de lo fashion.

Consumismo y carbonización (CO2) llegan a ser sinónimos. Muchísimos de nuestros hábitos, en algún grado, conllevan sumatorio al actual Calentamiento global, en cuanto que nuestro principal tiempo de ocio está consagrado a la vorágine del consumismo. Esa banalidad de, «!!Nos vamos de tiendas¡¡», ahora va acompañada con ese novismo de ver escaparates callejeros tomando un café -en envase de plástico no reutilizable- entre las manos. Cada vez, surgen nuevos hábitos para recalentar el planeta. 

Célebre fue la viñeta de El Roto, donde ilustraba una joven pareja saliendo de un Centro Comercial con un carro colmado de material tecnológico, consolas, tabletas, PC portátil, TV ultraplana, robot-room y folletos de cruceros. El joven tirando del repleto carro le dice a su pareja: «Algún día esto será delito». Hace bastantes años un noticiario TV de ámbito nacional español arrancaba con una entrevista a un chico joven que tras varios días de aguantar cola en una calle comercial de Madrid era instado por un periodista: «¿Cómo te sientes por ser el primer español en poseer el hit tecnológico de un smartphone?».

Cambiamos de móviles sólo por el modismo de mostrar el modelo más vanguardista. Buscamos lo exclusivo, en pleno invierno adquirimos carísima fruta deslocalizada, ciruelas blancas y cerezas de origen sudamericano que nos llega a Europa en fletes que en su largo trayecto marítimo emiten CO2.

Revertir los efectos del CC va a ser una tarea harto dificultosa, en cuánto que el consumismo es hoy la primera religión del mundo. Nuestro bolsillo, nuestras tarjetas de pago y los créditos inmediatos satisfacen nuestra sed consumista, pero la Tierra no fue configurada para esta vorágine. Todo proceso productivo, industrial, alimentario, de servicios y de ocio, acaba generando, en algún momento, gases de efecto invernadero (CO2, CH4). Podemos adquirir un vehículo eléctrico pero la extracción y elaboración de los químicos metálicos (litio, cobalto) de sus baterías de alta autonomía generan mucho CO2, peor aún lo pone, si su tiempo de recarga esta energía procede de una central carbónica de ciclo combinado carbón/gas. Para poder garantizar el enganche a la red eléctrica y satisfacer la recarga masiva de la automoción eléctrica (flotas camiones, autobuses, furgones, turismos) habrá que disponer de nuevas centrales nucleares, pues las energías renovables no serán autosuficientes para la recarga en horario nocturno (por carencia de aporte fotovoltaico) y en tiempo anticiclónico (carencia aerogeneradora). En cierta manera, no existen las energías neutras, 100% inocuas al medioambiente, en algún momento del ciclo extractivo, productivo o regenerativo se genera CO2 y residuos contaminantes. De ahí que la solución no es sólo reciclar, la solución más eficiente es consumir menos. La imponente y extensiva moda de realizar todas las compras por internet -online- desde el comercio electrónico de Amazon, Alibaba, eBay, y que en su reparto domiciliario generan mucho CO2 y mucho envoltorio plástico a reciclar. Tampoco se entiende, desde el mayor respeto, la moda de la incineración post mortem de animales y de humanos, esto conlleva mas emisión de CO2 y volátiles contaminantes.

No hay una concienciación para con el Cambio Climático

Sólo queda como tema de tertulia. Resulta vergonzante el derroche energético y de emisión de CO2 que genera esa nueva moda de calefactar las terrazas y aceras con columnas calefactoras a butano e inducción (ver imagen) para que la gente tome su café, su desayuno, o coma y cene en el exterior del local en días de pleno invierno.

Es todo un contrasentido que el Instituto oficial IDAE subvencione y promueva pautas para el ahorro y la eficiencia energética -con ayudas a la instalación de puertas y ventanas de óptimo aislamiento térmico-, mientras el consumismo impone la caprichosa moda de calefactar terrazas y aceras con gas licuado: dilapidamos la energía y emitimos más CO2. Eso sí, luego tanto que nos compunge ver en los noticiarios imágenes de ese oso polar languideciendo de hambre por el derretimiento del hábitat ártico, le hemos robado su hábitat.

Reducir la temperatura global del planeta va a ser un empeño harto difícil. Cierto es, que cada vez hay más superficie de parques de energías renovables, de eólica, fotovoltaica y fototérmica, incorporados a la red eléctrica, pero también crece de manera exponencial el número de habitantes que se incorporan a los hábitos consumistas y del ocio (viajes, cruceros, transporte aéreo) en los grandes países emergentes, China, Rusia, India, Brasil, Argentina, Emiratos Árabes, Sudáfrica. Cada vez somos más los terrícolas que nos alistamos a la masificación turística global, como la última moda invasiva de subir todos al Everest (foto).

 

Un más claro y evidente ejemplo lo vemos en esta gráfica del Banco Mundial donde el transporte aéreo de pasajeros en China, vuelos internos y al exterior, experimenta un incremento exponencial, y todo ello conlleva incremento de emisiones de CO2. El gigante de la República Popular China y su neocomunismo liberal consumista merece un punto y aparte, allí, los términos de comunismo y consumismo se solapan, se funden. (Gráfica del Banco Mundial)1

En el libro La Sexta Extinción: una historia antinatural, 2014 (premio Pulitzer), la periodista divulgadora Elizabeth Kolbert nos expone ejemplos de especies endémicas que ya están en ciclo de extinción por la directa intervención del hombre y también como consecuencia del CC. Según Kolbert y otros autores, la característica que estos eventos críticos tienen en común es la tasa de cambio; lo acelerado que se produce el cambio. Cuando el mundo cambia más rápido de lo que las especies pueden adaptarse, muchas caen, se extinguen por el camino. El capítulo 13 concluye con la cita del ecólogo de la Universidad de Stanford, Paul Ehrlich: «Si empujamos a otras especies a la extinción, la humanidad se afana en cortar la rama que la sostiene».

¿"Quién le pone el cascabel" al insaciable neoliberalismo consumista?

Para paliar en lo posible el CC, hoy se proponen modelos económicos al margen, en contraposición, al actual neoliberalismo, tan valedor del consumismo y la rentabilidad inmediata y que tanto esquilma nuestro planeta. Propuestas como la Economía del Bien Común; la Economía Colaborativa; la Economía circular, de la que ya existen muchas plataformas digitales en la red, donde el propio particular expone y vende bienes y artículos que ya no necesita. Pero el modelo económico más resolutivo, y de mayor calado, para intentar la difícil reversión del CC es, sin duda, la economía del Decrecimiento (bajada de la renta per cápita), reducción del poder adquisitivo, cuanto menos dinero en los bolsillos, menos se consume. Todos estos nóveles modelos económicos alternativos van en favor del futuro y la sostenibilidad del planeta, pero van en contra del liberalismo, la fiscalidad, los Mercados y la Bolsa, y son de muy difícil aceptación por nuestros propios egos. Cómo explicas que la economía del Decrecimiento consiste en que trabajes bastante menos horas, pero reduciendo considerablemente tu nómina salario. Nadie va a tolerar que se interfiera en sus actuales comodidades, caprichos y ostentaciones y, sobre todo, interferir en su propio estatus social. La economía del Decrecimiento no es una idea atractiva para el Homo consumens2, simplemente es una propuesta utópica. 

El consumismo, tal vez, es ya un componente genético

A principios del presente s. XXI se puso de moda adquirir pesados vehículos 4x4 de alta cilindrada, sólo para uso urbanita, dominguero, salir a cenar y el llevar los niños a la escuela. Todo un consumo desorbitado de combustible fósil, sólo para satisfacer nuestras ostentaciones. En la edición del libro La Sexta Extinción: El futuro de la vida y la humanidad (1997, Metatemas) del paleoantropólogoRichard Leakey y R. Lewin, la ilustración de la portada resultaba muy explícita: Si toda la población mundial desarrollada adoptase la ostentosa presión urbanística de poseer vivienda unifamiliar independiente, con su garaje adosado y su amplio césped delantero, entonces, qué reducto de hábitat y ecosistemas naturales les iba a quedar al resto de la biota. (Portada del libro)

 

Nosotros triunfamos sobre nuestros primos hermanos, los conformistas Neandertales, porque fuimos más osados, nuestro arrojo nos llevó a atar unos troncos y echarse a la mar sin vislumbrar ninguna tierra enfrente y, así, colonizamos el planeta. Hoy continuamos con ese peculiar gen de la temeridad, la osadía y la supremacía, el de no querer reflexionar sobre nuestro futuro. Y lo que es peor, ni siquiera tomamos conciencia que habitamos un planeta que, con todas sus diversidades, es irrepetible.

A lo largo de la historia de la vida en la Tierra ha habido cinco grandes extinciones masivas, la más reciente hace 65 millones de años, cuando el impacto de un asteroide se llevó por delante al género sauro en un brevísimo lapso de tiempo, junto a otras especies, marcando, así, la conclusión del Cretácico. Ahora, la pregunta es si el Homo sapiens moderno liderará la Sexta Extinción sin la ayuda de cuerpos extraños venidos del espacio exterior. 

Epílogo: más que revertir el CC, sólo nos queda asimilarlo y cohabitar

El cielo ocre diurno mostrado en muchos fotogramas de la ficción cinéfila de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), de alguna manera, nos invita a tomar conciencia del futuro de nuestro propio planeta, donde la humanidad sobreviviente puede verse inmersa en esta tupida e hipercálida atmósfera venusiana, perpetuamente opaca, por exceso de vapor de agua, CO2/metano, además de una alta concentración de aerosoles y partículas polutivas contaminantes. Una atmósfera opaca bastante incompatible e inviable para ese "milagro" de la función clorofílica, esa prodigiosa eficiencia de los cloroplastos de las hojas, absorbiendo CO2 y emitiendo O2.

 

Notas:

1 Fuente de la gráfica: https://datos.bancomundial.org/indicador/IS.AIR.PSGR?end=2017&locations=CN&star

 

2  El sociólogo psicoanalista Erich Fromm (1900-1980), en 1965, fue el primero en acuñar el término de "Homo consumens" para referirse al hombre cuya única motivación y razón de ser es la compulsiva obsesión por consumir y degradar su entorno.

 

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