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24/09/2015

imageA falta de cinco páginas del final sucedió el desastre. Aquello que yo me temí desde el primer día en que llegó a casa. Nuestra pequeña y afable perra Flecha, una pointer rescatada de una perrera, se comió mi ejemplar de Lobo en la camioneta blanca. En apenas cinco minutos, el tiempo de dejar al pequeño en el colegio y volver. El ejemplar blanco y azul, comprado apenas una semana antes, ejerció esa fuerza imposible de controlar, ese deseo que inunda la mente y te hace cometer imprudencias a veces terribles. En el caso de la pequeña Flecha los cantos de sirena no fueron más allá de jorobar a su dueño y ganarse un castigo al balcón, pero...

¿Y en el caso de Sean?

Frustración, es lo primero que me invadió al abrir la puerta y ver mi ejemplar de la novela hecho trizas y desparramado por el suelo, frustración por no haber logrado hacerme entender, por no haber logrado educar a mi pequeño can. Luego rabia, luego más frustración, luego aceptación, después un buen paseo, más rabia, confusión y de nuevo aceptación. Las cosas suceden.

Así que no me quiero imaginar cómo se pueden sentir los padres de Sean Phillips. Y eso que tengo dos hijos.

Pero empecemos por el principio.

Esta es un de esas novelas que me animé a leer por un montón de razones que no tienen nada que ver ni con el autor, ni con la trama ni con una corazonada. Es más, la trama me daba tan mal rollo que nunca la hubiera leído. Por aquello de la zona de confort y de no sufrir leyendo y blablablabla. Pero personas a las que admiro mucho me la recomendaron encarecidamente. Y les suelo hacer caso. A veces.

Darnielle ha escrito una novela difícil de catalogar, una novela extraña, construida a retazos, a imágenes, como un diario, momentos de una vida destruida, anclada a un hecho del pasado que te arrastra durante el resto de tu vida. Toda la novela gira en torno al aspecto físico de Sean Phillips, toda, en todo momento, en todas las situaciones, la novela pivota en la circunstancia de que Sean tiene la cara destrozada. Su cara es ¨como una huella de neumático¨ les dice a un par de adolescentes, no tiene nariz, escupe al hablar, hace ruido al respirar. Nadie le mira, la gente se siente incómoda con la presencia de Sean.

Y todo es por culpa del accidente. El gran pilar de la novela, la imagen que Darnielle nos inocula en las primeras páginas de la novela y que nosotros, incautos lectores, iremos construyendo(nos) durante toda la trama, el accidente, el accidente, una hecho, una idea, una imagen tan potente como brutal (conocemos las consecuencias) que nos ira devorando, que nos hará imaginar decenas de posibilidades, de situaciones, el accidente, el accidente, un mantra que se repite y se repite y del que Darnielle nos va dando unas pocas pistas, unas migajas para que nos alimentemos, esa desgracia que hace que Sean reciba curas durante gran parte de su vida, que hace que Sean oiga un zumbido constante en sus oídos, una imagen que nos come y nos asusta. El accidente.

Y en torno al accidente la vida que Sean se construye. Cintas de grupos desconocidos, que basan su música en las historias de Conan, y que le ayudan a hacer que ese horrible zumbido desaparezca, interminables horas de mirar al techo, terapia. Y Ciudadela Italiana. La otra gran presencia en su vida. El accidente, su deformidad, Ciudadela Italiana.

Ciudadela Italiana es un juego que Sean crea para no enloquecer, un juego en el que se refugia tras sufrir el accidente, un mundo privado, un lugar secreto. Un juego que empieza a esbozar de adolescente y que luego tras el accidente toma un camino definitivo.

¨Fue más adelante, durante la época que me pasé tumbado boca arriba y ciego, obligado a elegir entre inventarme mundos interiores o no tener ningún mundo que habitar, cuando empecé a añadir los detalles.¨

Más sobre

Al principio era solo suyo, un lugar donde combatir el extremo dolor, las curas, la soledad, los zumbidos. Pero luego decide compartirlo y crea un juego por carta. Sean coloca anuncios en diversas revistas de género fantástico, de relatos, revistas de comics, y el jugador tiene que ir mandando sobres sellados con sus movimientos, a los que Sean contesta con el siguiente movimiento. El jugador paga una suscripción que puede cancelar cuando ya no desee seguir jugando.

Y así vive. Con su imagen monstruosa, sin apenas pisar la calle y contestando cartas y más cartas llenas de movimientos que llevan a sus jugadores por el mundo de Ciudadela Italiana, proporcionando aventuras a desconocidos, quizás igual de solitarios que él.

Como os he dicho, la novela está construida a retazos, no es una historia lineal, parece un diario, pero no es un diario. Darnielle vaga por la vida de Sean, va hacia delante y hacia atrás, con hechos aparentemente inconexos pero que son parte de un todo, la vida de Sean. Un gran rompecabezas del que Darnielle nos da algunas piezas, hacia delante al presente, hacia atrás antes el accidente, de nuevo hacia delante justo después del accidente, de nuevo hacia el presente, es como una rueda, un trama que da vueltas y no hay principio ni fin porque no importa, porque es lo de menos.

Narrado en primera persona por Sean, a una edad que no se nos desvela, la novela está lejos de ser melodramática, cruda o incluso triste. Ese era uno de mis grandes miedos, sumergirme en una novela lacrimógena, dura, dramática y un montón de cosas que no me apetecían en absoluto. Pero no, Darnielle ha escrito una historia bastante neutra, Sean es un tipo bastante resignado, vive su vida sin dramatismos, con resolución y el pesar de lidiar con las decisiones que se toman en la adolescencia, con aceptación. Y creo que es un acierto absoluto, la historia funciona perfectamente sin la pátina de asfixia del drama, sin la autocompasión fácil, sin manipular al lector tocándole la fibra sensible. Darnielle opta por una novela de capas, de diferentes lecturas y texturas, por unos ambientes oscuros, reflexivos, por lugares comunes teñidos de una desgracia asumida, sobrellevada.

Y lo hace con un estilo claro, un poco onírico, de rasgos poéticos, que sin llamar al dramatismo, cubre la historia de una pesadumbre palpable, de una infancia robada e irrecuperable, con una cadencia lenta e hipnótica que nos lleva a través del tiempo y de la vida de Sean como un amigo que sabe el final de tu vida y te mira con pesadumbre, sonriendo y maldiciendo el futuro.

Y es en el final, en las últimas páginas, donde la frustración cae fulminante sobre todos, sobre el lector, sobre los padres de Sean, sobre la humanidad entera. Aunque en realidad la frustración está presente desde la primera página, en la que el padre de Sean lo lleva en brazos por un largo pasillo hacia su habitación, está presente cuando la madre de Sean deja las frases a medias mirando lo que queda de su hijo, está presente en nosotros mismos, intentando descubrir que ha pasado en la vida de Sean Phillps.

image

Lobo en la camioneta blanca nos habla de frustraciones sí, y también de educación, de tomar decisiones estúpidas, de juventud, de adolescencia, de soledad, de sentirse confundido. Incluso un buen amigo, de hecho uno de los que me recomendó leer ésta novela, cree que Lobo en la camioneta blanca es uno de los alegatos anti armas más bestias y mejores del mundo. Me gusta esa idea.

Darnielle ha escrito una novela con decenas de lecturas, capas y capas de matices que harán que muchos conecten inmediatamente con la historia, que se la hagan suya, que se refugien en ella. También habrá quien no vea más que una triste historia sobre un muchacho primero confundido y luego resignado. Yo soy más de los primeros. Además, a mí también me gustaba mucho Conan. Y sumergir la cabeza entre dos altavoces y ahogar el mundo exterior con música demasiado alta y extremadamente ruidosa.

Lobo en la camioneta blanca

John Darnielle

Contra Editorial 2015

238 páginas.

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