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31/12/2014

Creo que la colección Insomnia de Valdemar está hecha justo para mí. Aunque no he leído aún todos los títulos que han sacado, viendo la temática de los que me quedan por leer y de los que ya he leído, no me cabe duda de que cuando alguna mente perversa en la editorial tuvo la idea de esta colección, estaba pensando en lectores como el que aquí escribe; lectores cañeros y bastante gamberros a los que nos gustan las emociones fuertes.

John muere al final es seguramente la novela más bruta, gamberra y monstruosa que he leído en estos últimos años, de verdad, menuda locura.

El señor Jason Pargin A.K.A David Wong para los amigos, tuvo un sueño bastante macabro allá por el año 2000. Un sueño extraño y chungo que fue la raíz de lo que hoy en día es John muere al final. Para dar salida a ese sueño Wong decidió escribirlo en su blog, empezó en el año 2000 con una primera parte, y fue colgando las siguientes partes de la historia una vez al año coincidiendo con el día de Halloween. La cosa se fue alargando y a mediados del año 2006 Wong ya tenía una buena historia escrita. Hasta ese momento la cosa no había pasado de anécdota, pero ese mismo año una editorial se fijó en lo que contaba ese perturbado en su blog, y les gustó. Tanto, que lo corrigieron vehementemente y lo editaron.

Y fue un éxito. Incluso un tío aún más perturbado que Wong pensó que sería una buena película. Y la hizo.

David y John son dos amigos que viven o más bien sobreviven a los días entre trabajos insustanciales, fiestas y borracheras. Hasta que un día todo se vuelve más, digamos, sobrenatural, absurdo, loco y peligroso. La culpa la tiene una droga llamada salsa de soja, que viene a ser un líquido negro y espeso con poderes bastante excepcionales, entre ellos abrirte la puerta a otras dimensiones o hacerte ver cosas que nadie más ve, ese tipo de emociones. Así que, entre intentar salvar el culo que alguien se empeña en patearles, ayudar a gente que ha perdido el juicio viendo criaturas extrañas e intentar convencer al resto de la humanidad que no están locos, nuestros dos héroes de medio pelo van pasando los días y las noches como buenamente pueden.

Y viviendo aventuras, claro.

Con un tono de humor igualmente sinvergüenza, Wong ha escrito una novela que es el paradigma de novela para Freaks -llenándola no solo de aventuras disparatadas, acción, sangre, sudor y lágrimas- sino que también ha plagado la historia de referencias a la cultura pop de los ochenta; desde las películas de serie B, pasando por la música, los videojuegos o la literatura, toda la novela tiene ese aura un poco retro, un poco decadente, qué los que vivimos los años ochenta y noventa reconoceremos en menos de lo que canta un gallo.

Así que imaginad: dos tipos bastante pasados de vueltas, una droga bastante chunga y potente que, o te hace flipar bastante o te hace explotar, en serio, no bromeo, un montón de monstruos a cual más RARO, EXTRAÑO, IMPOSIBLE O directamente ATROZ, un perro que...yo que sé, un PERRO MUY RARO JODER, una chica pelirroja, tierna, un poco oscura y que solo tiene una mano, bichos, MUCHOS BICHOS y de muchos tipos, y... una sensación... constante de peligro en toda la novela, de susto, de acoso. De paranoia.

El coctel es brutal.

Y aunque la trama suene (y sea) una absoluta locura, Wong se las ingenia para darle al mismo tiempo mucha cordura a la historia, para hacerla serena y legible. En eso creo que ha ayudado haberla escrito durante tanto tiempo y con espacios tan largos, se nota que la novela respira, se abre, avanza a diferentes velocidades dependiendo de la acción, no es atropellada ni alocada, ni lenta o plomiza. Está perfectamente acompasada, tiene el ritmo justo en cada acción y en global es una novela ajustada al milímetro. No es, aunque pueda parecerlo, un speech atolondrado de casi seiscientas páginas sin demasiado sentido, no, es más bien un viaje en una montaña rusa, con sus momentos de adrenalina desaforada, sus pausadas subidas y sus serenas rectas. Porque la historia tiene momentos para todo; desde ser perseguidos por monstruos de muchas patas y peluca rubia, pasando porque alguien nos dispare al pecho, o que una marabunta de bichos nos corretee por la piel y por debajo de ella. O para algo tan trivial y tranquilo como esperar en un coche una gélida noche de invierno a que lleguen los malos para ser abducirnos. Como he dicho, una novela encajada y ajustada como un reloj.

El estilo de Wong también suma a la hora de darle cierta cordura a todo esto, huyendo de los histrionismos, lo recargado o lo trillado. Wong es un tío sencillo y directo, claro y conciso, la novela es fácil, llevadera, cercana y tiene un tono coloquial perfecto sin llegar a esa horrible cantinela de colegueo que muchos autores se empeñan en imprimir en sus historias para hacerlas más auténticas. Sus personajes son fuertes, muy bien construidos, con mucha personalidad y muy diferentes entre ellos, con sellos de identidad muy marcados, vivos, expresivos, no nos cuesta demasiado empezar a sentirnos como David, entre perdido, trastornado, a ratos eufórico, o simplemente un fracasado. Un compendio de personajes bastante extremos que son una delicia del primero al último. Monstruos incluidos.

Y como he dicho al principio, Wong llena la novela de un humor negro absolutamente genial y marca de la casa; chistes en los momentos más absurdos o peligrosos, situaciones surrealistas en cualquier momento, diálogos pasados de vueltas o directamente absurdos, monstruos que, más que invitarte a salir corriendo, hacen que te quedes mirando con los ojos entrecerrados para ver qué demonios es eso que hay ahí delante...y que tiene TODA la pinta de querer COMERME.

Así que, bueno, ¿Qué puede ser mejor? O sea, Wong ha metido aquí un montón de monstruos, gente que explota, tíos a los que se les caen partes del cuerpo, ciervos con cuernos que son pinzas de langosta y que cuando los acribillas a tiros aparece una cajita con munición, perros que hablan, salchichas teléfono, policías desquiciados, medusas que practican sexo con lámparas de pared...

¿Hace falta algo más?

Wong se ha marcado la novela que a todos nos gustaría escribir para impresionar a nuestras novias del instituto, una mezcla de testosterona, adrenalina, violencia y monstruos extraños, esa historia que todos llevamos dentro pero que es demasiado loca para contársela a nadie si sentirnos estúpidos. Wong es el portavoz de la generación que creció con el heavy metal, los salones de video juegos, las primeras consolas, los comics de superhéroes y esa sensación constante de que nuestras vidas tenían que ser mejor que las de nuestros padres.

Wong, Wong, Wong...la que has liado colega.

John muere al final

David Wong

Valdemas colección Insomnia 2014.

568 páginas.

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