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¡Perro mundo!

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04/04/2018 11:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Crónica 3: En las mañanas radiofónicas, se escucha lo que se quiere oír

Por Lope, el mejor amigo del hombre

Lo mejor de la mañana, sin duda, es el desayuno.  Nunca había visto tantas cosas ricas sobre una mesa. A decir verdad, tampoco sabía lo que era una mesa. ¡Cuántos olores estimulantes! Me sentía inquieto y salivaba sin querer. La madre de mi amo también parecía nerviosa. No me quitaba ojo de encima. Si yo cogía algo de la mesa —advirtió a su hijo en tono firme—, me mandaba al jardín de una patada en el culo.

Para evitar problemas, él me llenó un cuenco con pienso y me lo puso en un rincón del office, junto a mi colega que estaba mordisqueando el suyo con desgana, a la vez que giraba la cabeza hacia la mesa y lloriqueaba por no comer lo mismo que la familia. Cuando vio que yo me lanzaba sobre el contenido de mi comedero y engullía sin parar, cambió de opinión y empezó a zamparse lo suyo deprisa, no fuera que… ¡se me ocurriese echarle una mano!

Terminé en seguida y me senté junto a mi amo por si me caía algo más. Mi nueva familia estaba a lo suyo. Comiendo juntos y absortos en las voces que salían de sus auriculares conectados a los móviles, el timeline de su Twitter o la portada de Público, el medio digital más crítico con el gobierno de España y con la izquierda de toda la vida, según decía la hermana de mi amo.

La familia desayunaba junta pero en mundos paralelos, en realidades relativamente independientes, como se dice en física cuántica. Ese era otro de los temas favoritos de mi antiguo amo. “Vida después de la muerte, después de esta ¡mieeeerda de vida!”, reflexionaba él, empalmando un tetrabrik de Donsimón con otro.

Pero volviendo a mi nueva familia, más que universos paralelos, lo suyo es más bien un multiverso de enfoques de la misma noticia. Cada uno en su medio afín escucha la información que quiere oír, evitando en lo posible que el desayuno se le atragante con la perspectiva del otro.

Aunque eso no siempre se consigue. La madre de mi amo empezó a contestarle al locutor de la cadena que estaba escuchando. Una forma de participar a distancia en la tertulia. La noticia iba sobre los CDRs —comités en defensa de la República o algo así— y la extradición de Puigdemont. La madre comentó en voz alta que la justicia alemana tenía que entregarlo rápidito, en la línea de lo que estaba escuchando en su emisora. Y a los golpistas de los CDRs había que meterlos a todos en la cárcel ¡ya!, y disolver los Mozos de Escuadra. Nada menos que la directora de la escuela, donde se formaban, ¡transportaba en su coche urnas del referéndum ilegal!

A partir de esos comentarios, todos entraron al trapo. El padre consideraba que había que dejar actuar a la justicia y buscar una solución dialogada políticamente al conflicto. Su mujer le afeó que no se mojara ni en eso, ni en nada. Lo normal en su partido  –ironizó—, que los días pares estaba a favor de que actuara la justicia y los impares, de que indultaran a los golpistas. ¡Esquizofrenia socialista! —concluyó mientras él seguía tomando café compulsivamente para no ir más allá en la discusión.

La hermana de mi amo no estaba de acuerdo con judicializar la política. Los problemas en Catalunya había que resolverlos con diálogo y no echándoles encima a la Guardia Civil y al Supremo. De seguir así, habría que meter en la cárcel a los dos millones de catalanes que votaron independencia —dijo ante la irritación creciente de su madre y su hermano.

Para él se trataba de un golpe de estado en diferido que había que cortar con decisión, y no con la política de inacción del gobierno, que tenía todos los efectivos para proteger a jueces, fiscales y, en general, a los catalanes honrados y decentes de esos comandos separatistas violentos que campaban a sus anchas en Catalunya.

Aprovechando que la madre había dejado los auriculares en la mesa, su hija los cogió para confirmar su sospecha sobre qué emisora escuchaba su progenitora. ¡Lo sabía! —exclamó—, y le recriminó a su madre que oyera al impresentable de Federico. ¡¿Cómo puedes seguir a un tío que llama chusma y gentuza a tu hija?! —exclamó ante la impasibilidad de la madre.

Le recriminó a su madre que oyera al impresentable de Federico. ¡¿Cómo puedes seguir a un tío que llama chusma y gentuza a tu hija?!

Querrás decir chusma podemita —respondió ella.

¿Te parece que eso es normal, mamá? —interpeló escandalizada la hija.

La madre le dio la razón al periodista. Federico sabía bien de lo que hablaba. Y le recomendó a su hija que se leyera el libro sobre el comunismo que él acababa de publicar. ¡A ver si de una vez se enteraba de quiénes eran los de Podemos! A continuación le pidió que, por su bien y el de la familia, reconsiderase dejar ese partido. ¡Nada bueno podía venir de una gente con mentalidad de checa!

Aunque a menudo mi amo y su madre escuchaban la misma emisora, él filtraba lo que le convenía y su madre, lo mismo. Mi amo intervino intentando mediar en el conflicto familiar que se había desatado. Con poca fortuna, claro. Su madre le espetó que él era el menos indicado para hablar del tema. Añadió que si en algo tenía que darle la razón a su hermana y al… ¡chucho que había traído a casa! era en lo de muleta naranja de su partido. Unos oportunistas con un discurso en Madrid y otro en Sevilla. Nada menos que socio de gobierno de los EREs de Andalucía. ¡Eso sí que era corrupción!

Mi amo no pudo evitar reírse de lo que consideraba despropósitos de su madre y le recordó que, en unas horas, la presidenta de la Comunidad de Madrid tendría que explicar en el Pleno “especial máster” cómo había conseguido el título en la Rey Juan Carlos sin ir a clase, ni presentar el trabajo. ¡Aquello olía muy mal! Tenía la impresión de que Cifuentes no decía la verdad.

La madre respondió que si alguien había delinquido era la universidad por dar títulos falsos. Lo de Cifuentes era una cacería interna del PP, del “traidor” de Rajoy y su “mini-yo” vicepresidenta, según decía Federico. Una teoría con la que ella estaba de acuerdo.

Léete el Confidencial de esta mañana —le espetó su hijo—. El acta que exhibió Cifuentes dicen que tiene dos firmas falsas. Y aunque se presentara esta tarde en el Pleno con el TFM, que le haya hecho algún negro literario, ya no va a colar. Eso sí que es corrupción ininterrumpida de tu PP. ¡¿Te hago una lista de casos, madre?!

El padre intervino para poner un poco de sensatez en la deriva que estaba tomando la conversación. Pero con los dimes y diretes de su mujer, acabó diciendo que el PSOE le pondría una moción de censura a la presidenta, si al final resultaba que el asunto del máster era lo que parecía. ¡El tema atufaba! En eso coincidía con su hijo, pero seguro que Ciudadanos  seguría apoyándola en la Asamblea, o bien serviría de muleta a otro candidato del PP, antes que apoyar a los socialistas —sentenció.

Su hijo le contestó que los socialistas madrileños eran unos oportunistas. Solo querían quitar a Cifuentes para poner a Gabilondo. Ciudadanos no la condenaba a priori, pero según las explicaciones y pruebas que presentara hoy, decidirían si le retiraban su apoyo y le ponían una moción de censura.

La hermana de mi amo que había terminado de tomarse los cereales con colacao, manteniéndose al margen de la discusión durante unos minutos, entró finalmente a matar asegurando que había que echar del gobierno al corrupto PP con M. Rajoy a la cabeza. E ironizó con que en eso también estaba de acuerdo el periodista favorito de su madre. Si alguien quería echar a Mariano, casi con más ganas que Podemos, ese era Federico. ¡Él sabría por qué! En cuanto a Cifuentes, lo que tenía que hacer Ciudadanos era apoyar una moción de censura. Podemos ya presentó una y ni la muleta ni los socialistas la respaldaron. Aun así, ellos si estaban dispuestos a estudiar una moción de Gabilondo. ¡Lo que hiciera falta con tal de echar al PP! No como los socialistas y los naranjas, que eran parte del bloque monárquico del 155.

La situación estaba tan fuera de control, que mi colega mimado y yo vimos la oportunidad de hacernos con algunos manjares desaprovechados en la mesa familiar. Él cogió con disimulo un croissant de chocolate que estaba próximo al borde de la mesa redonda y yo, un donut de azúcar. ¡Por fin conseguía comerme uno entero!

Amigos o no, éramos perros y… había que buscarse la vida, ¿no?


Sobre esta noticia

Autor:
Lope Lopez (7 noticias)
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Opinión
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