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Piñera, debe ir a un tribunal internacional como motivador de asesinatos, ha violentado la ley

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23/11/2019 00:11 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Chile se estremece bajo el fuego incandescente de los carabineros y Piñera, un fascista que debe ir a tribunales por violencia y daño humano

Aventis

Como un vaticinio que le dan las videntes a sus clientes, fue el hecho de que subiera el gobierno actual al poder desde el percance con el líder continental Carlos Andrés Pérez que fungía como presidente de la República de Venezuela, toda la polarización partidista y la violencia verbal que desató la campaña electoral presidencial de ese entonces condujo a la instalación del fallecido mandatario y militar Hugo Chávez Frías, en una obra bien estructurada con un final conocido por todos. Un grupo de hombres que planteaba tomar el poder bajo el juramento del Samán de Guere, desdibujando un proceso de paz que aunque imperfecto, era una manera de apaciguar tanto terror que se traía a espaldas durante años por las cárceles de La Pica e Isla de Burro, Guasina, no podía traer otra cosa que muerte e impunidad en la evolución del tiempo.

La violencia solo genera más violencia y los que viven de la guerra lo saben bien. Así que celebren todos los que disfrutan ver la sangre a diario en los noticieros cuando encienden el televisor, porque esta masacre contra el pueblo latino no se acabará por ahora, el gobierno de cada país, seguirá en la desidia que mantienen desde que llegaron y son muchos los que miran hacia otro lado para no ver la realidad actual, pero eso no los exime de la responsabilidad, así que como suramericanos hagamos la diferencia y aportemos en algo. ¿Usted qué propone? 

Un continente ignorante y revolcándose en su propia miseria es el camino que nos puso a trasegar este gobierno y la revolución con su falso socialismo y, donde la derecha fascista estaba infiltrada e intrusa, un campo de tiro en donde los blancos son hijos de extranjeros y evangélicos como protestantes que por pensar diferente o, por ser minorías luchando por un ideal en su comunidad, compran la bala que les quitaran la vida, como es el caso de Colombia.

Números en mano la lógica impera y el panorama que tenemos actualmente en el mundo  hispano es producto de una polarización de la opinión pública, que por descontento decidió darle algunos ‘golpes duros’ a sus partidos de siempre, por lo que está en ellos recapacitar y entender que las luchas deben darse adaptándose a los distintos escenarios que se presenten, o por el contrario abandonar por no observar la humildad de asumir cuando algunas cosas no se dan como se proyectaron.

Los dirigentes progresistas que ocupan cargos en alcaldías y cámaras legislativas se encuentran desacreditados y las plazas históricas de la izquierda latina se encuentran tomadas por estos personajes, quienes no observan los niveles de aceptación de sus actividades y, ante sus reveses carecen de estrategias para potencializarse con miras al año 2022

El voto castigo triunfa por el cansancio popular y las malas estrategias que es un resultado de los procesos comiciales, cada uno, debe asumir su responsabilidad para mejorar el aspecto colectivo, cada representante tiene que asumir su responsabilidad de lo que acontece.

Muy pocos saldrán a generar violencia y la mayoría saldrá a protestar por unos dirigentes corruptos e ineptos, aferrados al poder y los beneficios que se les otorga. Nos volvimos idiotas útiles apoyando unos la derecha y otros la izquierda, estamos siendo utilizados por estos mal llamados políticos que nos están polarizando, generando una sociedad llena de odio, insultos y falsedad.

Somos una sociedad enferma, alimentada por los intereses políticos de uno y otro lado, que manipulan las personas a través del miedo si hay un cambio de poder. Cuando hablamos de que los jóvenes de ahora son de izquierda es falso, es una nueva generación con un nivel de conciencia mayor, que protesta frente a tanta desigualdad, corrupción y falta de ética y valores

Bienvenidas las marchas en paz, cacerolas que busquen una justicia que castigue ejemplarmente a los corruptos y tantos tipos de abusos que hoy son juzgados levemente. Hagamos que nuestro paso por la tierra hispánica sea una vida útil a los demás, sin discriminaciones de raza o ideológicas. Solo así podremos ayudar a que las futuras generaciones vivan en paz.

Las movilizaciones convocadas pueden ser una oportunidad para escuchar las peticiones y preocupaciones de varios sectores de la sociedad. ese debería ser espíritu de la protesta social y de la movilización ciudadana. muchas de las voces que se han sumado a las de hoy han expresado inquietud y descontento por el estado actual de las cosas en el país, y quieren hacer oír sus reivindicaciones y reclamos.

 

Las movilizaciones convocadas pueden ser una oportunidad para escuchar las peticiones y preocupaciones de varios sectores de la sociedad. Ese debería ser espíritu de la protesta social y de la movilización ciudadana. Muchas de las voces que se han sumado a las de hoy han expresado inquietud y descontento por el estado actual de las cosas en el país, y quieren hacer oír sus reivindicaciones y reclamos.

 

Lo paradójico es que varios de los que animan a marchar han tenido ya responsabilidades de gobierno, sea en la administración nacional, sea en las regionales o locales. Así como en Chile le toca al actual gobierno enfrentar protestas por las frustraciones acumuladas en años de democracia a la Administración de Duque, Piñera, Lula y Maduro, se le pedirán cuentas de una acumulación de fallas estatales desde épocas muy anteriores.

 

Las protestas ciudadanas ya consiguieron una inmensa victoria en el pacto por la Constitución. Será la primera vez en la historia de Chile que los ciudadanos podrán definir, en democracia, su carta política.

La rabia de los chilenos en las calles es una muestra inocultable de la necesidad de adoptar profundas reformas tanto políticas como sociales y económicas. Reformas, por ejemplo, que mejoren el sistema de pensiones, disminuyan los tiempos de atención del sistema de salud, fortalezcan las condiciones de los trabajadores y reduzcan los costos de la educación. Dicho esto, es clave diferenciar estos necesarios ajustes a la prestación de servicios públicos de un cambio drástico de modelo económico. No sobra recordar que en los pasados 30 años, Chile consolidó una transición pacífica a la democracia, multiplicó por cinco su ingreso per cápita y sacó a casi la mitad de su población de la pobreza. Es justo reconocer que, tras un torpe abordaje inicial, el presidente chileno Sebastián Piñera ha rectificado su manejo a la crisis. Reconoció la legitimidad del malestar de sus gobernados, pidió perdón, anunció varias medidas y ahora se dará este proceso constituyente durante su administración. Si bien su margen de gobernabilidad es escaso y su popularidad bajísima- en 14 por ciento-, Piñera gana con el pacto por la Constitución un aire y un espacio que debe aprovechar para acelerar las medidas sociales.

Colombia también tiene reclamos políticos y demandas sociales. Es hora de escuchar al presidente Piñera: “No supimos entender que había un clamor subterráneo de la ciudadanía por lograr una sociedad más justa, con más igualdad de oportunidades”. Al observar el destino desigual del esfuerzo por conocer lo concerniente a la vida social y lo propiamente humano desde los puntos de vista de la escala, la perspectiva o los índices debemos aceptar el regreso y casi que la omnipresencia de la incertidumbre. En momentos en los cuales todos en todas partes empezamos a sentir los rigores de la crisis financiera nos damos cuenta de que no sólo hemos perdido las razones, en el sentido hobbesiano, sino que también ya no hay un lugar tan claro para la pretensión de lograr la razón, las certidumbres huyen y la capacidad de predecir se encuentra en otro callejón sin salida. La diversidad y pluralidad de sentidos hace muy difícil la obtención de explicaciones y mucho más las predicciones sobre acontecimientos futuros o en proceso.

Ha llegado a su final una cierta concepción de la investigación social y su capacidad de ofrecer explicaciones aceptables y suficientes. Enfrentamos la era de la incertidumbre dura en el centro de los conocimientos sobre lo humano y lo social. En dominios como la naturaleza es obvio que avanzamos, pero aún esos conocimientos deberán pasar por una discusión participativa y por la toma de decisiones más democráticas y abiertas a los reconocimientos de los múltiples intereses. Ya no contamos con certezas que nos permitieran poner el saber en el centro y darle seguridad a nuestro progreso y al desarrollo social.

Una vez más la inestabilidad, la poca predictibilidad y la incertidumbre en materia económica nos llevarán aún más a un talante escéptico. Hemos entrado en un terreno en el cual ya es el cálculo del riesgo, el cual no se ajusta a grandes teorías ni modelos, sino que entraña un estudio de las condiciones reales de nuestras acciones. Ya no es tan posible la utópica sociedad del conocimiento pues la idea de ciencia social y del saber se han transformado y debemos ahora aprender a convivir con la inseguridad, los bajos niveles de verosimilitud, el aumento creciente del riesgo y una incertidumbre generalizada.

Podemos afirmar que ahora nuestra ignorancia es mayor, pues el dinamismo social y cultural crea formas nuevas de manera vertiginosa y las categorías y los conceptos se deslizan. Ya no es verdad la regla que afirma que nuestros conocimientos de lo social pueden equiparar la ciencia normal en los dominios de la naturaleza, cada vez vemos más dominios sobre los cuales no parece factible decir cosas coherentes. Esto no quiere decir otra cosa que ahora es imprescindible invertir mucho más dinero en la investigación social y que el impulso a buscar conocimientos confiables se hace más urgente. El orden de los problemas ha cambiado y solo ver nuestra sociedad hispánica nos pone frente al tamaño del reto: Ahora ni siquiera el reto es encontrar acuerdos de paz, ahora el reto es esa multiplicación de la violencia y la informalidad. Retos mundiales están detrás de la necesidad de regular los mercados o mitigar el cambio climático. En las cuestiones más palpitantes nos enfrentamos a riesgos en relación con los cuales la investigación de ningún tipo proporciona ninguna fórmula de solución segura.

Ni la ciencia política, ni la historia están en condiciones de liberar a la actividad política de la responsabilidad de tener que tomar decisiones bajo condiciones de riesgo e inseguridad crecientes. Ya no es muy útil la idea de un saber acumulativo y por ello se alejan las posibilidades de predecir o visualizar consecuencias pues la ignorancia aumenta y no podrá ser eliminada como soñaba la modernidad y ahora hablamos de aceptar su irreductibilidad y sólo se piensa en entenderla un poco, incluso tolerarla. Las sociedades del conocimiento están pues aprendiendo a gestionar y aceptar ese desconocimiento creciente.

El comunismo comete solasyeces y debilidades

En la madrugada de un viernes  las fuerzas políticas chilenas anunciaron el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución tras un mes de violentas protestas en el país austral. El documento de dos hojas oficializa el logro de uno de los reclamos más sentidos de los chilenos que hoy reclaman en las calles: la adopción de una nueva Constitución. El histórico pacto incluye la convocatoria para un plebiscito en abril de 2020 que pregunte a los ciudadanos la sustitución de la carta política vigente, adoptada bajo la dictadura de Augusto Pinochet. Una segunda consulta definirá el órgano que discutirá el articulado. Esta es indudablemente una buena noticia para los chilenos y un giro positivo en la crisis social que tiene al gobierno de Sebastián Piñera contra las cuerdas. Más de 25 personas han fallecido en medio de los disturbios mientras que el Instituto chileno de Derechos Humanos calcula en más de dos mil los heridos. Los destrozos tras un mes de manifestaciones superan los 4.500 millones de dólares y las proyecciones del crecimiento de la economía chilena están hoy a la baja.

En el mes que ha estado Chile bajo el estallido social más grave, desde el retorno a la democracia, han sido muchas las hipóstesis que se han ventilado sobre las razones del descontento. Asimismo, el modelo económico detrás del llamado “milagro” chileno está hoy en el banquillo de los acusados por ser responsable de los índices de equidad.

A pocos días de la convocatoria a un paro nacional en Colombia, la tentación de extraer similitudes entre Chile y nuestro país es alta. Aunque el mes de protestas violentas en el país austral está generando cambios históricos, siempre será preferible que las sociedades adopten las reformas por vías institucionales y menos cruentas y desestabilizadoras. Los manifestantes y el malestar social en Chile y Bolivia, seguramente continuarán, pero el plebiscito por la nueva Constitución tiene el potencial de canalizar la protesta de la calle a la urna. El desafío no sólo es de Piñera y Añez, sino de toda la sociedad chilena como boliviana para lograr esa transición.

Observo que, según los medios y varios gobiernos de América Latina, robarse las elecciones en Bolivia no fue golpe de Estado, porque este consiste en lo contrario: frustrar los efectos del fraude y organizar elecciones libres.

En días recientes se han sumado artistas, intelectuales y formadores de opinión, unos a nombre propio, otros asumiendo motu propio representaciones colectivas para manifestarse por causas diversas como los asesinatos de indígenas y líderes sociales, contra los bombardeos militares a las disidencias de las Farc, y aupados también en lo que se está observando en el resto del continente, que está alimentando la sensación de que es posible alcanzar grandes cambios políticos a partir de la movilización ciudadana.

 

De ahí que en las movilizaciones estén presentes muchas inquietudes y puntos de vista. Algunos motivos pueden ser válidos, otros no resisten una comprobación de veracidad fáctica. En algunas peticiones también es indispensable que los involucrados entiendan que pueden contribuir a la solución, si piensan en el bien común y no exclusivamente en su beneficio personal o sectorial, y son sinceros en sus motivaciones. Los sindicatos pueden tener papel protagónico si se abren al diálogo. Igual los estudiantes, que pueden contribuir como pocos a mantener las universidades abiertas y a generar el conocimiento que esta sociedad tanto necesita, sobre todo dejando atrás a los violentos que tanto daño han hecho a la educación pública.

 

“¿Por qué los presidentes de la República quieren eternizarse en el poder? ¿Por qué insiste Evo Morales y Sebastián Piñera en creer que no hay nadie más que ellos?”.

La historia de la salida del poder de Evo Morales es complicada. Sin duda hubo una rebelión popular ante el vergonzoso y torpe fraude electoral del pasado 20 de octubre. Pero también es cierto que la explícita presión de los militares obligó a Morales a dejar la presidencia.

Hubo fraude y hubo golpe. Las dos cosas.

Evo cayó, fundamentalmente, por su incontrolable deseo de permanecer en el poder. Estos son los datos. Gana legítimamente las elecciones del 2005 –convirtiéndose en el primer presidente indígena en la historia moderna de Bolivia– y después lidera un esfuerzo para cambiar la Constitución. Vuelve a ganar en el 2009. Pero ahí empiezan las trampas. Dice que su primer período presidencial no cuenta y eso le permite buscar (y ganar) una segunda reelección en el 2014.

No contento con quedarse en el poder hasta el 2020, organiza un plebiscito en el 2016 para buscar otra reelección y, en esa ocasión, lo pierde. Pero, mal perdedor, él asegura que ese resultado viola sus derechos. Va al Tribunal Constitucional, que él controla, y logra un dictamen que le permite reelegirse todas las veces que quiera. Otra trampa.

Eso nos lleva a las elecciones del 20 de octubre de 2019 donde Evo buscaba un cuarto período presidencial. Tras una extrañísima caída del sistema por varias horas, el Tribunal Supremo Electoral (también dominado por Evo) lo declara ganador en la primera vuelta. Pero el fraude es obvio.

Un equipo auditor de la Organización de Estados Americanos (OEA) determinó que hubo “manipulaciones al sistema informático”, “alteraciones y firmas falsificadas”, “inconsistencias con el número de ciudadanos que sufragaron” y, por lo tanto, “no puede validar los resultados de la presente elección”.

Ese fraude no pudo haber ocurrido, según la oposición, sin la complicidad del Tribunal Supremo Electoral –que organizó las votaciones– y Morales. Esto generó 21 días de protestas. Evo, arrinconado, ofrece diálogo con sus opositores y hasta la realización de otras elecciones. Pero ya es demasiado tarde. (La canciller alemana,  Angela Merkel, quien también llevaba 14 años en el poder, nunca cambió la Constitución a su gusto, ni hizo un burdo fraude para seguir al frente de su país; esa es la diferencia con Evo).

 

Si los militares, en cualquier parte del mundo, le sugieren a un presidente que renuncie, eso sería interpretado como un intento de golpe de Estado. Y en Bolivia también.

Esa “sugerencia” de los militares bolivianos rompió el orden constitucional reinante a pesar de que muchos opositores, como Mesa, ya consideraban a Evo Morales como un presidente ilegítimo. Es decir, se realiza un golpe de Estado en contra de un líder que, según la oposición, había violado la ley en varias ocasiones para buscar la reelección indefinida. Se los dije: es complicado. Hubo un golpe contra el realizador de un fraude.

Sobre México, aplaudo la generosa tradición de otorgar asilo político; ayudó igual a españoles durante la guerra civil que a argentinos y chilenos en la época de las dictaduras. Pero el gobierno de AMLO no puede pretender neutralidad. Se metió, y a fondo, en los asuntos internos de Bolivia. Primero, felicitó a Evo por su “victoria”, luego declaró un “golpe” en ese país y protegió a quien muchos consideran un caudillo antidemocrático. Si tanto le preocupa a México la democracia ¿cuándo va a denunciar las dictaduras en Cuba, Venezuela y Nicaragua?

 

Hablemos claro. México no tiene nada que aprender de la democracia de Evo Morales. Sus trampas para permanecer en el poder y el fraude que realizó en octubre recuerdan los peores momentos del PRI.

 

Evo puede ser muchas cosas, pero no un ejemplo de democracia. Aunque elevo el PIB de Bolivia y un presidente apreciado por los bolivianos al neutralizar las multinacionales

 

Por su parte, Sebastián Piñera es un violador de los Derechos Humanos y sus militares disparan perdigones a la cara de sus víctimas, un fascista neonazi completo.

 

 

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

 

 

 

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (1213 noticias)
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