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El polígrafo de Sálvame… Pseudociencia para hacer telebasura

29/08/2014 12:10 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Actualmente hay una serie de sistemas que utilizan la voz humana, el movimiento del cuerpo y la fisonomía del rostro que pretenden superar el polígrafo. Pero no se ha conseguido un instrumento que distinga la verdad de la mentira

Es difícil comprender siquiera de hasta que punto se ha deteriorado y distorsionado este género televisivo que divierte a una zona  de la población que goza con el mal gusto, comiendo la basura en que pululan las ratas. Ha logrado, eso sí convertirse en un espacio que ha enriquecido a Tele5 y adláteres. Pero ha arrastrado como pieza clave del entretenimiento, al sufrido Polígrafo, inexacto y como los de Telecinco, bastante   desprestigiado como herramienta científica. Pero tomándolo como pseudociencia de ficción, les es útil.

Desde que los genios decidieron integrar este instrumento en el programa, han insistido en presentar la prueba del polígrafo como la evidencia definitiva de la verdad -o mentira- de las acusaciones al famosillo o vivo de turno que se presta a esta práctica pseudocientífica, haya o no calumnias flagrantes y la víctima salga maltrecho.

El  sistema y la interpretación de las gráficas del fabricante de orgasmos, están a la altura. Bien diseñados y obedientes. La orquestación del público rubrica el espectáculo televisivo-circense.

El polígrafo o “detector de mentiras” es un complicado dispositivo compuesto por una serie de sensores que miden el ritmo cardiaco, la presión sanguínea y la sudoración, y refleja sus variaciones en una serie de gráficas que luego son interpretadas por un “experto” en la materia.

Según afirman sus defensores, este dispositivo permite medir las reacciones corporales de las emociones: una mentira se reflejaría indudablemente en un aumento en la sudoración, el ritmo cardíaco y la presión arterial. Emociones, nervios, cobaya del "divertimento" se porta.

El método más habitual en el mis in scene, la manipulación pública consiste en un interrogatorio en el que se hacen preguntas muy obvias e inocuas como ¿es usted fulano de tal? para luego, alternarlas con preguntas mucho más comprometedoras como ¿le fuiste infiel a tu pareja con aquel chico que nadie conocía pero que decidimos convertirlo en famoso porque no tenemos nada mejor o nadie que presentar en el programa?.

 

Lo primero que habría que saber es si el artefacto en cuestión es suficientemente preciso. El problema empieza en la interpretación que pueda dar el “experto” a esos datos: no existe ninguna referencia que lo mida o que sirva para rechazar el tinglado de plano. De por sí no existe un standard para calibrar el polígrafo. Un aumento en la presión arterial o en el volumen de la aspiración durante la respiración, no significa que el examinado en cuestión esté mintiendo. Un “perito” demasiado riguroso puede obtener demasiados falsos positivos, mientras que uno muy relajado y permisivo obtendrá demasiados falsos negativos. El margen de error es tan grande que su validez apenas está por encima de la grafología (y con frecuencia por debajo), en la vida y decisiones de la judicatura o de la criminología... o de otras esferas industriales en que se utiliza.

El físico y profesor universitario Robert Lee Park comentó irónicamente una vez : "El polígrafo descubre incrementos abruptos en el ritmo cardiaco, la presión sanguínea y la sudoración, por lo tanto, esta máquina es un detector muy fiable de orgasmos. Pero no da más. A la pregunta de si detecta mentiras, es sí... pero sólo si uno está fingiendo un orgasmo". Pero no si está mintiendo como un bellaco, ni tampoco si dice la verdad.

Recientemente, Marcelino Sexmero, portavoz de la asociación de jueces Francisco de Vitoria se mostró tajante sobre este instrumento: “La prueba del polígrafo es nula, inexistente, inválida y  no es prueba en sí misma porque no tiene ninguna garantía científica fehaciente. Estamos hablando de un 20-30% de fiabilidad cuando lo que exigimos de cualquier prueba técnica es que supere el 90%”.

Como espectáculo, someter o que se someta al famoso de turno en Sálvame a esta prueba es bastante triste y lamentable. Tendría el mismo valor científico y a lo mejor más impacto en la audiencia someterle a un interrogatorio al estilo Hollywood, en una habitación oscura y con un foco directo a los ojos.

Existen diversos sistemas equivalente al polígrafo que incluyen la voz humana, la fisonomía del rostro, los movimientos corporales, etc. Pero ninguno ha logrado superar la prueba de la eficacia. Cualquier emoción puede ocultar una verdad o una mentira.

En EE.UU. se cometieron en los años 30 abusos con el polígrafo, pero hoy ya no se usa en la judicatura

Más de 75.000 personas tienen instalado en su ordenador un detector de mentiras. Diseñado como complemento de Skype, un programa para hablar gratis por teléfono con cualquier parte del mundo a través de Internet, KishKish Lie Detector promete descubrir, mediante el análisis de la voz, a quien no diga la verdad al otro lado de la línea. Puede descargarse en la Red y se basa en la idea de que mentir provoca variaciones involuntarias en nuestra voz, un principio pseudocientifico parecido al del polígrafo, de la Telebasura.

 

El detector de mentiras fue inventado en 1921 por John A. Larson, un estudiante de Medicina de la Universidad de California. Mide los cambios en la respiración, el ritmo cardiaco, la presión sanguínea y la capacidad de la piel para conducir electricidad, indicadores a partir de los cuales Larson postuló que se puede descubrir a un mentiroso. “La teoría que subyace es que estamos socializados para decir la verdad y, si mentimos, se produce un cierto conflicto interno que provoca una activación fisiológica”, según explica José Cáceres, profesor de Psicofisiología en la Universidad de Deusto.

Los psicólogos clínicos utilizan el polígrafo como una herramienta de diagnóstico más. Les sirve, por ejemplo, para averiguar cuándo un paciente está relajado o en qué situaciones sufre de ansiedad. “Es lógico. Las variables que mide la máquina son reveladoras de la relajación e implicadas en un estado de ansiedad”, según Carlos J. Álvarez, profesor de Psicología Cognitiva de la Universidad de La Laguna y escéptico respecto a la utilidad del polígrafo como máquina de la verdad. Desde hace treinta años, Cáceres adiestra a sus alumnos en el uso clínico del aparato y, a veces, lo emplea en clase como detector de mentiras, ya que así resulta más atractivo para los estudiantes, pero no porque sea el veredicto verdadero o una mentira.

“El polígrafo no detecta ni verdades ni mentiras, sino cambios fisiológicos en la medida en que nos emocionamos”, puntualiza el psicólogo de Deusto. Se ha basado en la presunción de que el mentiroso se pone nervioso por miedo a que le pillen, y eso se refleja en las variables controladas por la máquina. Los críticos le niegan valor. “Casi un siglo de investigación en psicología científica y fisiología proporciona pocas bases a la esperanza de que la prueba del polígrafo pueda tener un muy alto nivel de aciertos”, sentenciaba hace años un comité de expertos de la Academia Nacional de Ciencias (NAS) de Estados Unidos, que alertaba de que la respuesta fisiológica asociada al engaño se debe con frecuencia a la ansiedad del sujeto por el miedo de fracasar en la prueba. Sólo por conectarse a la máquina, un inocente puede ponerse nervioso ante el temor de fallar y ser acusado de un delito, y acabar condenado

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Aciertos y errores

En el cine una película sirvió de referencia útil. “¿Ha castigado alguna vez a un humano por error?”, pregunta Rachael Rosen (Sean Young) al policía Rick Deckard (Harrison Ford) en una escena de "Blade runner" . “No”, responde el cazador de androides. Un largo interrogatorio demuestra al agente que detectar a un replicante (androide) de última generación no es sencillo. Ni siquiera con el auxilio de la amenazadora máquina Voight-Kampff, un polígrafo avanzado que monitoriza la respiración, el ritmo cardiaco, el sonrojo del rostro y la pupila y el iris del sujeto.

Los optimistas calculan, que el nivel de aciertos del polígrafo ronda el 70%. En cualquier caso, muchos inocentes pasarán por mentirosos y muchos mentirosos, por sinceros. Elie Shneour, biofísico que ha investigado este aparato durante treinta años, recomienda que, “si eres inocente, nunca hagas la prueba del detector de mentiras. Pero, si eres culpable, hazla siempre: podrías ser exonerado”.

El detector de mentiras se ha empleado mucho en Estados Unidos en la persecución del crimen, aunque sobre todo ahora no se usa de un modo generalizado. En Euskadi, la Ertzaintza no lo utiliza por su falta de fiabilidad científica y por no admitirse como prueba judicial. Su uso más corriente hoy en EE UU es en la selección y el control de personal del FBI, la CIA, la DEA y otras agencias involucradas en la seguridad nacional. Un porcentaje reducido de empresas e instituciones españolas lo utilizan para elegir a los candidatos a puestos de gran responsabilidad.

 

Tras los ataques del 11-S, el informe de la NAS de 2002 reveló lo erróneo que fue confiar a esta máquina la caza de posibles traidores, espías y terroristas. Según el grupo de sabios, en un colectivo de 10.000 empleados gubernamentales que incluyera 10 espías de los que se quisiera atrapar a ocho, 1.606 personas fallarían en la prueba del polígrafo. Después, habría que investigar más para separar a los 8 espías -se escaparían 2- de los 1.598 trabajadores leales falsamente acusados por el aparato. Si el test se diseñara para reducir el alto número de falsas alarmas a sólo 40 de los 9.990 empleados honrados, se clasificaría correctamente al 99, 5% de los examinados, pero ocho de los 10 espías pasarían la prueba. Hace cuatro años, los expertos de la NAS concluían que la precisión del polígrafo “para distinguir entre potenciales o reales amenazas a la seguridad e inocentes es insuficiente para justificar la confianza en su uso en investigaciones de empleados de agencias gubernamentales”. En octubre, el Departamento de Energía de EE UU -del que dependen los tres grandes laboratorios nacionales de armamento: Los Álamos, Lawrence Livermore y Sandia- anunció que, con excepciones, sus trabajadores no volverán a someterse al detector de mentiras.

El profesor Cáceres admite que existe ese alto porcentaje de errores y que resultaría inquietante si el polígrafo fuera utilizado como la única herramienta y no “como un complemento. Sería como si quisiéramos hacernos una idea de cómo es el interior de una casa mirando sólo por una ventana”. Álvarez cree que el principal problema del sistema es que “no existe ningún otro método de detección de mentiras independiente con el que podamos contrastar los resultados del polígrafo. Y no sirve la confesión, porque el sujeto puede mentir o confesar algo que no ha hecho, por encontrarse bajo coacción”. Para el psicólogo de la Universidad de La Laguna, la fiabilidad de la máquina de la verdad es equiparable a la de una persona adiestrada para detectar mentiras. En los sistemas basados en el análisis de la voz, como el incorporado a Skype, el índice de aciertos es todavía menor: no supera el esperado por el azar.

Un profesor de derecho de México promete que estaría preparado para entrenar a una persona de cierta cultura para pasar la prueba del polígrafo ante cualquier policía o experto en sólo tres horas. El entrenamiento incluiría una serie de preguntas y respuestas que él ha preparado concienzudamente

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Usuario anónimo (29/08/2014)

Jajajaja!!! Habría que llevarle a Rajoy al polígrafo de Sálvame!! jajaja