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Política, Economía y Conflictos armados

17/09/2014 01:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La guerra es un proceso de destrución. La guerra es una explosión de violencia colectiva organizada. La guerra es un proceso jurídico. La guerra es un elemento central del sistema económico .Sin embargo, el proceso de Paz, es siempre un proceso eminentemente político

Política, Economía y Conflictos armados

Por Teresa Da Cunha Lopes

La guerra es un proceso de destrución. La guerra es una explosión de violencia colectiva organizada. La guerra es un proceso jurídico.  La guerra es un elemento central del sistema económico .Sin embargo, el proceso de Paz, es siempre un proceso eminentemente político.

No niego la existencia de una componente económica de la guerra. No solo es un proceso que ha estado integradol a nuestro “sistema económico”, si no  también que lo ha sido  de todos los sistemas económicos del “laboratorio de la Historia” de la  Humanidad en los últimos milénios.

La expedición ateniense en Sicilia del 415 a.C.liderada por Alcibíades., fue una tentativa de control de las rutas comerciales mediterránicas en una economía de guerra. La Guerra del Opio, el control del enorme mercado de Chima por los ingleses. La ofensiva de Japón en el frente del Pacífico nace de la necesidad de materias primas para la industria nipónica. La ruptura del pacto germano- soviético en el 1941 y la ruta que toma la invasión nazi están definidas por el control de los depósitos de petróleo de Baku . Cuando el general Norman Schwarzkopf anunció la operación Tormenta del Desierto contra Saddam Hussein en enero de 1991, el excéntrico comentarista bursátil estadounidense Joe Granville aseguró que “las guerras cotizan al alza”.

Actualmente, , el petróleo de Arabia Saudita es utilizado para difundir la ideología supremacista y virulentamente antioccidental de los saudíe y los grupos fundamentalistas suníes.  Los iranís, desde Khomeini, pasando por Mahmud Ahmadineyad y ahora Alí Jamenei, financian Hizbolá, Hamás y Siria. El “Estado Islámico” se ha convertido en un gigante financiero autoabastecido, ganando más de 3 millones de dólares al dí­a del contrabando de petróleo, tráfico de personas, robo y extorsión. Y, no hay que olvidar la íntima connexión entre carteles del narco y movimientos armados en América Latina. O, entre el constante estado de guerra en grande parte de la África subsahariana y la explotación y distribución comercial de los recursos naturales del continente negro.

O sea, el  concepto de que la guerra es un proceso económico y que las economías son formateadas por la guerra, no es nuevo. Pero ha asumido un nuevo peso teórico en el mundo contemporáneo, en particular a partir de la caída del Muro de Berlín, en la interpretación de las causas de los conflictos y en el diseño de las políticas internacionales y regionales para soluccionar  el estado de guerra y gerir los contextos del post-guerra.

Ahora bien, si bien no niego la importancia de la variable  económica en el emergir y desarrollo de la guerra, personalmente tengo diversas reservas  sobre su centralidad y sobre la eficiencia del nuevo paradigma ( o modelo explicativo) que reduce  el proceso de guerra a un mero  fenómeno  , o manifestación de la economía.

Es evidente que las representaciones conceptuales de los conflictos armados han variado a lo largo del tiempo, pero son, hoy por hoy, dominadas por un nuevo discurso académico surgido en la década de 1990 que creó paradigma, un “modelo”explicativo que propone colocar a la economía de guerra en el centro de la dinámica de los conflictos armados.

Este movimiento teórico, parte de la suposición de que la guerra ha mutado de una Guerra Fría, entendida como una “guerra santa” impulsada en gran parte por motivos ideológicos, en diversas “guerras civiles” regionalizadas en el que las agendas económicas son la principal fuerza motriz. En otras palabras, para utilizar la frase de David Keen, la guerra se ha convertido en “la búsqueda de la economía por otros medios”.

Pienso que puedo cuestionar (muchos lo han hecho) esta representación conceptual de los conflicto armados, desde dos vertientes.

En primer lugar, el carácter reduccionista del nuevo modelo explicativo, cuya  tendencia a “internalizar” el conflicto nos lleva peligrosamente hacia la idea de que los conflictos armados, de alguna manera pueden ser tratados como  objetos aislados en un laboratorio experimental .

Sin embargo, cuando se realiza un  análisis de las causas de los conflictos armados y de la implementación de las ” economías de guerra” destaca sus dimensiones globales y regionales. Si bien, conceptualizar la “economía de guerra” como puramente   un fenómeno interno puede ser políticamente conveniente – ya que la atención  de la opinión pública se desvía  del papel de los actores internacionales y regionales en causar o alimentando esta economía –  en la realidad, es un ejercicio  inútil en cuanto al desarrollo de políticas sólidas e inteligentes que puedan acabar con la guerra ( o con las guerras)..

En segundo lugar, la opinión de que la guerra es causada principalmente por la “codicia” y no por la  “injusticia” es simplista y engañosa.

Es bien verdad que el petroleo, los diamanttes, el marfil, el hierro, el opio y las economías de contrabando transfronterizas permiten a  diferentes grupos  obtener ingresos para hacer la guerra,  para sobrevivir en la clandestinidad, para controlar poblaciones .

Sin embargo,  la suposición de que todos los actores  están involucrados en la guerra a causa de un cálculo económico racional,  no tiene en cuenta ni a las condicionantes históricas, ni a las rupturas civilizacionales, ni a la conformación ideológica, ni a las componentes psicológicas del enfrentamiento religioso. O sea, excluen a  la economía política y, principalmente a la “economía emocional” del conflicto. Tal puede llevar al diseño de estrategias políticas que asumen que la economía de guerra se puede transformar en “economía de paz” simplemente aplicando la ”  política del palo y la zanahoria”. Esta simplificación, también tiende a fomentar la creencia de que la economía “ilícita” puede y debe ser de alguna manera delimitada y tratada en forma aislada de la economía “lícita”.

Hemos hecho la prueba, infelizmente de forma empiríca como el “reduccionismo” y la simplificación del paradigma “economía de guerra” ha llevado a constantes desastres en Congo, en Afganistán, en Irak, en Oriente Medio, y en nuestras narcoguerras en América Latina.

Argumento que el reto de “ganar la paz” tiene inevitablemente un carácter político, lo   que implica la creación de instituciones que transforman los sistemas de incentivos. Y que lejos de criminalizar a los actores, algo tendrá que ser hecho para alentarlos a invertir sus ganancias acumuladas en las actividades ilícitas en la economía lícita .

Del mismo modo se requiere un análisis más matizado de los “señores de la guerra”, sus capacidades y sus sistemas de incentivos, para crear, por un lado las políticas   internacionales y regionales que les quiten el “atractivo” de reclutamiento de ciertos sectores poblacionales y que por otro lado, los obliguen a tomar  las vías que los encaucen a participar en  los procesos  del cese al fuego y a la integración en el post guerra.

Algunos (no todos), por ejemplo, pueden tener ambiciones políticas y  podrín ser “ayudados” a  hacer la transición de “señor de la guerra”  a ” hombre de Estado”. Oportunidades que se perderán si se consideran sólo como  “empresarios del crimen”  o como ” agentes económicos de la guerra”. Otros tendrán que ser aislados por las propias poblaciones y sectores que conformaban su base  de apoyo.

El problema de los “estados fallidos”, la geografía de las “zonas de conflicto” están intimamente conectados con la pobreza crónica, con la exclusión social, con los fenómenos regionales de dependencia y alejamiento del centro. Cuando definimos la barbarie, el terror y la violencia de determinado conflicto armado como “medievales”, efectivamente estamos describiendo una realidad : son mediavales. Pero lo que olvidamos es que hemos participado en la manutención de las estructuras políticas, hemos sido cúmplices del fortalecimiento de las  ideologías  que mantienen a diversos grupos poblacionales en la “Edad Media”.

Hemos sido negligentes  al no tomar acciones  concretas e inmediatas  para implementar la cooperación regional e internacional en materia de protección de las mujeres, de las minorías, de seguridad, de comercio, de educación y desarrollo científico.  Esta negligencia creó grandes espacios lagunares que fueron ocupados por toda la “codicia” del mundo y por todos los fundamentalismos.  Es una negligencia que se paga con sangre. Es una negligencia que tiene que acabar si queremos sobrevivir como civilización.


Sobre esta noticia

Autor:
Teresa Da Cunha Lopes (281 noticias)
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Tipo:
Opinión
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