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No profanar el sueño de los muertos

11/09/2010 20:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La película de Jorge Grau pasó de ser la obsesión de un carnicero a una cinta de culto con ecos en el cine actual de terror

Año 1974, un joven realizador recibe un proyecto en forma de guion con muertos que resucitan ávidos de sangre y vísceras frescas. Niños que en sus primeras horas de vida tratan de hacer daño a sus cuidadores y hormigas que se comen unas a otras. Edmondo Amati, un carnicero de profesión venido a productor de cine, trata de llevar a cabo un proyecto con pretensiones de premisa utópica: "Hacer una revisión de 'La noche de los muertos vivientes' pero en color".

Año 2010, en la sección de novedades en DVD de una gran superficie encuentro una película española con título pseudo-biblico. Se trata de un éxito de los muchos que se cosecharon durante el periodo de los 60 a los 80, época dorada del terror "made in Spain". No profanar el sueño de los muertos. Amati lo había logrado, su obsesión se hubo plasmado en material celuloide. El realizador Jorge Grau, buscaba un tratamiento de película comercial y acabó dirigiendo una obra llamada a ser de culto. Bajo la tutela inspiradora de su tocayo neoyorquino George A. Romero, el catalán consigue crear una cinta de muertos vivientes con trasfondo reivindicativo a lo ecologista sesentero.

Primeros planos; una chica se pasea desnuda por el centro de Londres a modo de protesta, ante la mirada nada perpleja y más anodina de los viandantes. Minutos después, ya en la campiña inglesa, una aparentemente inocua maquina agrícola consigue acabar con los insectos a través de ultrasonidos, haciendo que se devoren unos a otros. Nadie ha reparado en el efecto secundario resucitador del invento hasta que ya es demasiado tarde y los no-vivos despiertan de su letargo con hambruna hemolítica contagiosa. No falta en la columna vertebral del argumento los puntos de apoyo frecuentes, véase chica guapa, Cristina Galbó, chico apuesto con dotes de rebelde, Ray Lovelock, sargento de policía con pocos amigos, Arthur Kennedy, además de un cementerio, un hospital ( sanatorio por aquel entonces ), y todo un elenco de secundarios, cuya suerte final nunca es deseable en películas del género.

Sin duda, su rocambolesco punto de partida, secundado por un guion bien llevado a imágenes, da como resultado una obra bizarra, cuyo eclecticismo logro coronar la VII edición del Festival de Sitges, así como pasar de obra de producción menor a proyectarse en media Europa, Norteamérica y parte del mercado asiático. Quizás "No profanar el sueño de los muertos" nació como secuela sucedánea, que no sucesora, de la cinta de George A Romero, o puede que como un trabajo más de serie B parido de la mente misma de un carnicero italiano, pero su cuidada estética, su tempo, sus conseguidos efectos más artesanales que especiales, su justa dosis de casquería, la llevaron a configurar ( peso al hombro de Jorge Grau ), como un antipulvígeno referente del cine de terror, que permite visionados a más de treinta años vista. Este es, per se, el signo irrefutable de su calidad, aptitudes que convierten una pequeña coproducción Hispano-Italiana en cinta de zombis que merece pleitesía de culto.

Por: Rober Barea


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Autor:
Rober Barea (7 noticias)
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Opinión
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