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Programas de intervención con agresores en violencia machista

21/07/2018 09:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El desarrollo de estos programas ha generado controversia, surgiendo voces críticas en webs, blogs, medios de comunicación, asociaciones, e incluso profesionales. Sin embargo diversos estudios muestran su eficacia

En el Centro he tenido que atender en varias ocasiones a agresores con condena judicial por violencia de género. Me he encontrado ante hombres que acudían con una sonrisa arrogante en el rostro, acompañados de una mujer encogida y anulada. La atención a los agresores siempre me ha resultado particularmente complicada como profesional. Por ello, me he preguntado sobre los programas de intervención con los maltratadores, si son eficaces, y si es realmente posible prevenir futuros episodios violentos.

Cristina Filardo Llamas(2013), trabajadora social en Instituciones Penitenciarias, señala en su obra “Intervención desde el trabajo social con hombres maltratadores en los centros penitenciarios españoles” que la intervención con el agresor es imprescindible, con el fin de prevenir la reincidencia. Asimismo también destaca que al menos un tercio de las víctimas continúan conviviendo con el agresor, por lo que estos programas contribuyen a mejorar su seguridad, y a reducir la transmisión intergeneracional del maltrato.

El primer programa de intervención se inició en el año 2001 en ocho prisiones españolas. En 2004 se diseña el actual Programa de Intervención para Agresores en el Ámbito Familiar (PRIA). Con el transcurso del tiempo, estos programas han ido incorporando la perspectiva de género y otros aspectos terapéuticos y educativos. Sebastián (2016) señala que existen programas que introducen la perspectiva de género y perspectivas construccionistas que entienden la violencia de género como una expresión de la desigualdad, el control y el dominio de los hombres sobre las mujeres. Por ello, abordan cuestiones como el patriarcado, el androcentrismo y los sexismos en la sociedad y en la educación actuales.

El programa PRIA trabaja cuestiones como la motivación para el cambio, la expresión de emociones, las distorsiones cognitivas, la asunción de responsabilidad, la empatía, la violencia física, psicológica y sexual y el control de la ira. Los programas suelen ser interdisciplinares, con participación de psicólogos, educadores y trabajadores sociales. Autores como Echeburúa y Fernández Montalvo (2009) afirman que estos programas ha demostrado su utilidad entre los internos que cumplen condena por violencia de género.

Diversos autores (Pedrero, 2016, Sebastián, 2016, Expósito et al, 2010) destacan la eficacia de estos programas, demostrada en numerosas investigaciones. Otros autores (Filardo, 2013, Expósito et al, 2010) señalan algunas limitaciones, como la escasez de recursos, su corta duración y la escasa motivación de algunos participantes, siendo frecuentes comentarios como: “yo no he hecho nada”, “me acusan de algo que no ha ocurrido”, “ella tiene la culpa”, “solo la insulté, nunca le he puesto la mano encima”, “nos peleamos como cualquier pareja” o similares.

La Guía del Programa PRIA subraya que existe una elevada tendencia al rechazo y el abandono del tratamiento, pero por otro lado, estos programas muestran una elevada eficacia en aquellos maltratadores que los realizan hasta el final. Asimismo, se ha comprobado un cambio en los sesgos cognitivos tanto sobre la inferioridad de la mujer como sobre la violencia como forma válida de afrontar la frustración. Los sujetos tratados experimentaron una reducción de los síntomas psicopatológicos, de la impulsividad y de la ira. Otro estudio longitudinal de 4 años de duración con una muestra de 840 hombres, encontró una clara reducción del uso de la violencia y de otras formas de abuso entre los maltratadores asistentes a programas de intervención (Gondolf, 2004). Sebastián coincide en que los resultados de estas intervenciones son positivos cuando los hombres siguen el programa hasta el final, aunque hay número elevado de agresores que abandona el programa.

El desarrollo de estos programas ha generado controversia, surgiendo voces críticas en webs, blogs, medios de comunicación, asociaciones, e incluso profesionales del ramo, criticando la inversión de tiempo y recursos en los agresores. En este sentido, Pedrero (2016) señala que el debate no puede seguir centrado en la necesidad de realizar o no estos programas, ya que las investigaciones han demostrado su eficacia. El debate debería centrarse en qué métodos de intervención resultan más efectivos. Por su parte, Lila y García (2013), señalan que “si una parte de los esfuerzos en la lucha contra la violencia de género no van orientados al cambio de actitudes y comportamientos de los agresores, el abuso continuará”.

Algunos autores han realizado investigaciones para determinar qué tipo de intervención puede resultar más eficaz con cada tipo de maltratador. Saunders (1996) comprobó que para el grupo de maltratadores violentos y antisociales la mejor intervención es la de terapia grupal bajo el modelo cognitivo-conductual y de género y para los maltratadores más dependientes, los grupos de terapia psicodinámica. Autores como Expósito y Ruiz (2010) señalan que los programas de intervención con agresores requieren ser desarrollados por dos profesionales, debido al importante esfuerzo intelectual y emocional requerido, y además, se recomienda que la composición sea la de un hombre y una mujer. Luisa Nieto, coordinadora del programa de intervención con maltratadores de la Fundación Aspacia coincide en este enfoque, y los programas de esta Fundación suelen contar con dos profesionales de ambos sexos.

“Esto no implica quitar recursos a las víctimas, es falso. Ellas siguen siendo la prioridad”

La Fundación Aspacia realiza programas para la intervención con maltratadores condenados con pena alternativa a la prisión. Luisa Nieto, coordinadora del programa de esta Fundación, al ser preguntada sobre el rechazo social hacia estos programas, responde lo siguiente:

“Sí, y no solo en la sociedad en general. También entre los propios profesionales de este campo. Sigue siendo impopular explicar que estamos dedicando tiempo y recursos a los verdugos. Es importante dejar claro que lo fundamental es la atención a las mujeres víctimas y los menores, lo que no excluye que abramos el foco para pensar que si no trabajamos con la otra cara de la moneda nunca vamos a erradicar el problema. Y eso no implica quitar recursos a las víctimas, es falso. Ellas siguen siendo la prioridad”. (Luisa Nieto para El Diario, 30.12.2015).

Al ser preguntada sobre su eficacia, comenta que todos los hombres experimentan cierta evolución, aunque subraya es difícil ya que la base del problema está en un sistema de creencias muy arraigado. Esta profesional defiende la utilidad de las terapias grupales, ya que se generan debates, se corrigen unos a otros, y aceptan mejor las críticas que vienen de un compañero. Expósito et al (2010) confirman este extremo, señalando que se producen cambios significativos en muchos participantes de los programas.

Tanto Luisa Nieto como Marta Monllor, ambas de la Fundación Aspacia, refieren la necesidad de realizar un seguimiento exhaustivo y un control a los agresores, con el fin de prevenir la reincidencia. Es decir, que no se debe limitar la intervención únicamente a lo terapéutico, sino también al control de los perpetradores de violencia, porque «un maltratador cambia de víctima». «El maltratador debe rendir cuentas a la Policía cuando acaba el programa sobre lo que está haciendo, a dónde va; que se sientan controlados», sostiene Marta Monllor. «Se intenta que los agresores sean conscientes de que el ejercicio de la violencia contra sus parejas es un delito y que es inasumible por la sociedad española. Estas personas cuando salgan del programa tendrán otras parejas y seguirán siendo padres de sus hijos».

Las áreas de intervención en las que trabaja la Fundación Aspacia son las siguientes: Partir de que la persona puede establecer relaciones no violentas, conseguir que las víctimas no vuelvan a ser agredidas, y desarrollar y fomentar la igualdad en las relaciones de pareja. Asimismo señala que la violencia no es justificable y que se debe hacer a los agresores responsables de su conducta. Cada uno de los grupos consta de 25 sesiones de dos horas cada una. Se llevan a cabo dos seguimientos individuales al mes y a los tres meses una vez finalizadas las sesiones grupales. Los grupos están formados por dos o tres profesionales. Es fundamental que el grupo esté compuesto de un hombre y una mujer, con el fin de que aprendan a respetar a las mujeres. Este programa sigue una orientación cognitivo-conductual, y se basa en lo establecido en el Programa PRIA.

Por su parteJosé Luis Graña, catedrático de psicología clínica y director de un programa de tratamiento de agresores de violencia de género de la Universidad Complutense de Madrid, señala que la reeducación de los maltratadores depende del nivel de agresividad de la persona condenada, en una entrevista a la Agencia EFE. El 60% de las personas que asisten a su programa tienen niveles de agresividad bajos, el 8 % son muy agresivos y el resto se sitúan en un nivel intermedio. Este experto asegura que el nivel de reincidencia de las personas que han asistido a su programa es del 10 %, por lo que insiste en que los agresores más leves son recuperables.

Una iniciativa de intervención con agresores la encontramos en el Centro de Atención a la Familia (CAF 3) de Usera. Una de las actuaciones que desarrollan es la intervención en casos de violencia de género u otros casos de violencia en la familia (ascendente o descendente). Se trata de programas de asistencia voluntaria, no vinculados a una condena judicial.

 

Publicado originalmente en Medium

Copyright Carmen Alemany Panadero

 

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Carmen Alemany Panadero (56 noticias)
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Opinión
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