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Propósito de adelgazar

12/01/2012 14:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Monólogo sobre uno de los grandes propósitos que hacemos todos los años

Amigos, por favor, prestadme atención. Os quiero contar una cosa: he tomado una decisión importante. Cuidado, que nadie se asuste. Sólo me he propuesto adelgazar. Mi mujer me ha recomendado que pierda varias arrobas. No quiere emplear tres cuartos de hora y dos botellas de agua destilada en plancharme unos calzoncillos. Ya no me vale contar el rollo de que soy un hombre de complexión fuerte, recio de tórax y ancho de espaldas. El otro día se lo dije a un dependiente joven de unos grandes almacenes y éste me respondió: "caballero, lo siento, con ese pedazo de barriga no le va a caber ninguna prenda de esta sección. ¿Por qué no pregunta aquí al lado, en las tallas especiales?". No me enfadé con ese comentario porque es verdad que estoy gordísimo. La cifra de mi tonelaje tiene tres dígitos. Estoy a puntico de no poderme pesar en las básculas convencionales. El año pasado Papá Noel me regaló una. Hay que joderse, a un escandinavo rechoncho, barbudo y vestido de rojo le gusta lanzar indirectas. Eh, Santa Claus, ¿te acuerdas de ella?. Yo también. La echo en falta desde hace tiempo. Supongo que se acojonó cuando la estrené y se fugó de casa por miedo a que le partiera el espinazo. Bah, no me importa, que se vaya a pesar escuálidas. Lo que sí me preocupa es que casi no me veo la cuca. Me aterra pensar que se convierta en un miembro fantasma.

Me pregunto cuál será la forma más rápida, llevadera y saludable de perder peso. ¿Bastará con que la cinturilla del pantalón me tape y oprima el ombligo?. Eso me produce angustia desde que era pequeño y quizá me reduzca el apetito. No obstante, creo que la puesta en práctica de mi plan de adelgazamiento requiere otro tipo de métodos no menos gravosos pero sí más efectivos, a saber: hacer ejercicio y seguir alguno de los cuatrocientos quince mil regímenes que circulan por ahí. Está la dieta del pescado en escabeche y el yogur caducado, la de las verduras crudas y los boniatos sin pelar, la de la carne a la plancha y las acelgas rehogadas en aceite de soja, la de... ¡Qué asco, Dios mío!, alguna podría matarme. Desde luego, de esa forma adelgazaría mucho. No me jodas, me quedaría en los puros huesos.

Ya he dicho antes que tengo que hacer ejercicio. Podría correr o acudir regularmente a un gimnasio. Lo primero queda descartado de antemano. Me niego a trotar patéticamente por las calles dejando atrás una estela de gargajos y algún cuesco. Siempre he pensado que correr es de cobardes y de pamplonicas en los Sanfermines. Además, produce cansancio de piernas, recargamiento de rodillas, molestos rozamientos muslares, dolor de espalda, agitación de corazón, picor de almorranas y descolgamiento de huevos. Si el tabaco mata lentamente, el footing lo hace corriendo. ¿Iré entonces al gimnasio?. Lo más seguro. Ayer me acerqué a una tienda de deportes porque no tenía ni bambos. Como soy bastante exagerado, me compré cinco pares de zapatillas, seis chandals, diez camisetas con y sin mangas, catorce pantalones cortos, ocho culottes de esos que marcan las mollas y el paquete, diez pares de calcetines, tres toallas y una bolsa enorme en la que cabe un muerto y que me puede servir de envoltorio por si los del gimnasio me tienen que llevar al depósito de cadáveres. Dejé pasmados a los vendedores. El encargado salió a despedirme a la puerta y me ofreció adquirir la mitad del negocio.

Estoy visitando casi todos los gimnasios de mi ciudad. En la mayoría, los monitores me miran con cara de lástima y, después, me enseñan una tabla de ejercicios que parece copiada del manual de entrenamiento de los boinas verdes. La semana próxima iré al que hay al lado de mi casa. Así, mi mujer lo tendrá fácil para venir a recogerme con el carretón. Veremos cómo me va allí. Ya os contaré.


Sobre esta noticia

Autor:
Alfonso Martínez Pretel (199 noticias)
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421
Tipo:
Opinión
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Distribución gratuita
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