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El Psoe, el Neoliberalismo y el proceso de Bolonia

03/07/2009 18:16 3 Comentarios Lectura: ( palabras)

Aunque el discurso del partido ha empezado a albergar críticas hacia el neoliberalismo, no sigue libre de su influencia; el caso de Bolonia es un ejemplo

Siempre he sido un tanto escéptico con las ideas del partido, en general con su concepción sobre lo que supone una “economía de izquierdas”, que generalmente se desvía en la dirección contraria. Pero poco antes de las elecciones Europeas asistí a un mitin de las Juventudes Socialistas de mi localidad, Torrevieja, y tuve el gusto de escuchar declaraciones como “¡No se confundan, los liberales no son los buenos!”, en boca del secretario general de nuestra localidad, Ángel Saez; o al secretario general de JSE de nuestra comarca, Gabriel Estañ, predicando la vuelta a las ideas keynesianas como solución ante una crisis económica provocada por la tendencia desreguladora del neoliberalismo; como también una breve aunque, a mi ver, acertada acepción sobre la atroz influencia del economista emblemático de dicha ideología: Milton Friedman. Hasta aquí bien.

Mis objeciones comienzan con el último exponente, Guillermo Bernabeu, diputado introducido como experto en el proceso de Bolonia y defensor del mismo. La finalidad de este artículo será exponer un peligro a considerar del mismo, peligro no reconocido por el partido, pero que paradójicamente está justo en cuánto confluye con la recientemente criticada ideología de Friedman: la identificación de lo que es bueno para las corporaciones comerciales como algo bueno para nosotros. Trataré de esbozar en unos breves brochazos el impacto global que ha tenido esta tendencia durante las últimas décadas, entendiendo el proceso de Bolonia como una expansión de la misma.

El peligro del neoliberalismo no sólo se esconde en su tendencia desreguladora de los mercados financieros, sino también en su incesante búsqueda por la expansión del mercado corporativo, y ya no sólo en detrimento de las competencias del estado, sino en todas sus facetas. Por citar un ejemplo, en Bolivia no sólo se privatizó a cambio de cacahuetes industrias públicas como la del petróleo, las líneas aéreas, los ferrocarriles, la electricidad y las líneas telefónicas; sino también y en concreto la del agua a un nivel ridículo. Hace una década, en la tercera ciudad de importancia económica del país, Cochabamba, se prohibió acumular el agua que caía del cielo, dado que había pasado a ser propiedad de la trasnacional Bechtel. La mayoría de los ciudadanos que ya vivían en absoluta miseria, ahora se veían en muchos casos forzados a elegir entre mandar sus hijos a la escuela o pagar por la lluvia. Hizo falta una lucha sangrienta para echar a la multinacional.

El resultado que produce el neoliberalismo es más que visible en la mayor parte del tercer mundo, donde las instituciones evangelizadoras de dicha doctrina, el Banco Mundial y el FMI, han llevado el timón de la política económica. En un reciente artículo(1) el ex-director del Banco Mundial y premio Nobel Joseph Stiglitz admitió que estas políticas en el tercer mundo “no trajeron los resultados prometidos. Los ingresos se estancaron. Allí donde hubo crecimiento, la riqueza fue a parar a los estratos más altos. Las crisis económicas en países concretos se volvieron cada vez más frecuentes. Sólo en los últimos 30 años, de hecho, se produjeron más de cien de considerable gravedad.”.

Cabe preguntarse cómo es posible que una ideología con resultados tan bochornosos siga contando con tanto apoyo. La respuesta es fácil si consideremos al benefactor de la misma: poderosas corporaciones comerciales.

La máxima expresión del poder es el poder invisible, en tanto que se ejerce libre de resistencia, y este es en buena medida el caso de las corporaciones. Vivimos en un mundo donde se multiplica la pobreza al ritmo que se llenan los bolsillos de los accionistas (en silencio); donde compramos zapatos por sesenta euros elaborados por mano de obra de catorce años que ganan menos de dos dólares diarios (en silencio); la globalización globaliza y aumenta tanto las ganancias de las trasnacionales como la gravedad y la frecuencia de las crisis, de modo que una cerilla en cualquier sitio de pronto es capaz de encender el mundo entero (en silencio); donde el norte de Congo alberga el conflicto más sangriento del planeta(2), en el que ejércitos de empresas luchan por el coltan con más de cinco millones de muertos desde 1998 (en silencio); en el delta de Níger hay un ejército asesinando(3) (en beneficio de corporaciones petroleras) a civiles reaccionarios por vivir en el espacio más contaminado del planeta, y cómo no, ante el más absoluto silencio de los medios de comunicación.

En cambio, vivimos en un mundo donde todo lo que escuchamos es que lo que es bueno para ellas, lo es para nosotros: donde reducir sus impuestos y nuestros derechos laborales nos beneficia, porque si no, nos abandonan por otros desgraciados a los que dirán lo mismo; y donde Obama recupera el prestigio perdido del Imperio matando una mosca(4), en beneficio de las corporaciones que financiaron su campaña.

Vivimos en un mundo donde todo lo que escuchamos es que lo que es bueno para ellas, lo es para nosotros: donde reducir sus impuestos y nuestros derechos laborales nos beneficia..

Quizá tenga algo que ver el hecho de que nuestra libertad de expresión es medida a través de la libre influencia que tienen las corporaciones para filtrar la información (bien como dueños de la misma, bien como anunciantes de la misma); y ahora también tenemos que entender que lo mejor para nuestro sistema académico (la institución que conforma y define nuestra cultura intelectual) es entregar parcialmente su control a las corporaciones.

Las consecuencias de abrir nuestras universidades a la financiación de las corporaciones son múltiples. El ámbito de la investigación, por poner un ejemplo, previsiblemente se dirigiría cada vez más hacia fines económicos particulares, lo cuál podría ir directamente en contra del interés público general. Imaginemos a una universidad ayudando a Nokia Siemens Networks a seguir desarrollando la tecnología destinada a interceptar toda la actividad de los usuarios en Internet (tecnología que se dedican a proporcionar al régimen Iraní(5) para que pueda espiar a la población). Por el contrario, previsiblemente dejarán de lado investigaciones con fines altruistas, como desarrollar vacunas a enfermedades que afectan mayoritariamente al tercer mundo.

Ante la deformación de nuestra cultura académica, uno no puede más que temblar ante los argumentos estandarizados esgrimidos en su defensa. Durante el mitin, Bernabeu evocó una vez más la posibilidad de poder viajar y estudiar en cualquier parte de Europa que nos proporciona la homologación de la enseñanza a nivel europeo, recordando las suculentas becas destinadas para el caso impulsados por su partido. Muy bonito viajar, sí señor, resulta difícil decir que no ¿pero a qué precio?

Por establecer un paralelismo, durante el auge de las medidas neoliberales en Argentina, el ministro de economía de 1976-1980, Martínez de Hoz, decidió financiar con dinero público viajes a Europa a sus ciudadanos, a todo ciudadano que así lo deseaba. Comentando la iniciativa, el economista e investigador Jorge Schvarzer argumentó: “36 millones de argentinos a un par de miles de dólares por argentino, son 70.000 millones de dólares para viajar Europa, que a Martínez le parece razonable para que la gente se vuelva culta… Con ese dinero podríamos haber construido un país desarrollado…”(6). Y es que los viajes por Europa lo justifican todo…

A todo esto, no hay que olvidar que los viajes se les financia a los estudiantes con mejores notas, es decir, a los candidatos a una mayor remuneración futura. Es decir, Bernabeu ensalzaba en el mitin una medida elitista que concede privilegios a los ricos incluso antes de que lo sean, para así defender la deformación de nuestra cultura académica a favor a unas instituciones autoritarias que resultan ya ser las más poderosas y ricas del mundo: las corporaciones comerciales. Se ve que el mundo cambia a pasos agigantados y el socialismo también.

(1) Los mensajes tóxicos de Wall Street; Joseph Stiglitz http://www.rebelion.org/noticia.php?id=87019

(2): “La guerra invisible” http://i1.democracynow.org/es/blog/2008/1/23/la_guerra_invisible

(3): “Chevron, Shell y el verdadero costo del petróleo” http://i1.democracynow.org/es/blog/2009/5/28/chevron_shell_y_el_verdadero_costo_del_petrleo

(4): Reproducción de TVE del hecho: http://www.youtube.com/watch?v=bL5te1kYehM& feature=fvw

(5): Reproducción de TVE del hecho: http://www.youtube.com/watch?v=bL5te1kYehM& feature=fvw

(6): “Argentina y el fondo” (Documental): http://video.google.es/videosearch?q=argentina+y+el+fondo& hl=es& emb=0& aq=f#

El peligro del neoliberalismo no sólo se esconde en su tendencia desreguladora de los mercados financieros, sino también en su incesante búsqueda por la expansión del mercado corporativo


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Autor:
Joakim Fridlund (3 noticias)
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Seta (03/07/2009)

Me parece muy interesante y acertada tu opinión y me alegro de que vayas a esos mitines y escuches lo que tengan que decir, seguro que si voy yo me quedo durmiendo, un saludo

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Anónimo (04/07/2009)

Sueco, sigue así

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Jorge (04/07/2009)

Buen artículo, aunque te hubiera agradecido que hablaras un poco más en profundidad sobre Bolonia, por ejemplo de lo que perdemos (los estudiantes) al estandarizar nuestras carreras a 4 años, lo que nos va a costar (?) obtener la misma educación que hasta ahora nos ha salido simbólicamente gratis...