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24/09/2012 14:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Los partidos sin goles suelen dejar un mal sabor de boca, un poso de decepción en los aficionados que no han podido paladear en 90 minutos la dulce salsa del fútbol. Ayer Athletic y Málaga ofrecieron un mal partido, de eso no hay ninguna duda. Un pobre espectáculo quizás condicionado por el cansancio de ambos, que vivieron días atrás jornadas europeas intensas, pero al fin y al cabo un choque carente de frescura y alejado de la mejor versión que han mostrado.

El «resultado gafas» parecía evocar tiempos pasados, cuando el Málaga miraba más para su portería que para la contraria. Eran tiempos difíciles en los que la supervivencia era la única meta. Ayer había muchas esperanzas puestas en el nuevo Málaga que hace sólo unos días había encandilado a media Europa. Pero desde luego no hubo acto de presencia del tiki-taka, del juego bonito o del fútbol total. Incomprensiblemente, el conjunto de Pellegrini sufrió un ataque de amnesia y no recordó cómo poner en práctica casi ninguna de las virtudes que le han catapultado a ser líder de su grupo en Champions y a ocupar puestos de Liga de Campeones en España. La exigencia es mayor, pero este Málaga había mostrado mucha calidad hace sólo días.

Era curioso a la vez que decepcionante comprobar cómo Isco se trababa con el balón, cómo Saviola manejaba la pelota como si realmente fuera un conejo o la falta de fortuna en cada una de las acciones de Joaquín. ¡Hasta Toulalan parecía cansado a los cinco minutos de juego...! Pero ante los evidentes defectos que cometieron unos y otros y que dejaron un partido que no será recordado, el Málaga volvió a poner de manifiesto su buen hacer defensivo, algo a lo que agarrarse en días en los que «no sale nada».

No hace mucho que el conjunto blanquiazul se jugaba este tipo de encuentros a la ruleta rusa. La bala podía salir para uno u otro lado en los minutos finales. Ayer, no. El equipo de Pellegrini mantuvo la cabeza fría y ante la clara negación de los acontecimientos, prefirió guardar su portería para mostrar más regularidad en su caminar. No hubo chispa, ni duende ni ingenio, pero ayer quedó de manifiesto que es el equipo malaguista más seguro que se recuerda con sólo dos goles encajados en ocho partidos oficiales.

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Además, mantiene intacto su casillero de derrotas. La solidez, más allá de los momentos de brillantez que ha ofrecido en este arranque, está siendo su mejor arma. Caballero se agranda a cada partido. Buena parte de culpa de que el marcador no sufriera cambios ayer fue del meta argentino. Gámez volvió a cuajar un partido soberbio, al igual que Monreal, que quiso mostrar sus mejores galas. Y la pareja Demichelis-Weligton volvió a ser inapelable por arriba y por abajo. Con esa línea ayudada por un imperial Camacho y por Toulalan, el Málaga puede dormir tranquilo y salir por los campos de España con la seguridad de que tiene guardadas las espaldas.

La lástima es que ayer parecía una buena oportunidad para «rascar» una victoria en San Mamés. El Athletic, en horas bajas, también llegaba a la cita tocado. Llorente no entró hasta la segunda mitad y Gorka Iraizoz no fue de la partida por una inoportuna lesión.

El Málaga podría haber encontrado el camino del gol a poco que hubiera estado fino en los últimos metros. Lo intentó primero Gámez pero paró bien Raúl. Y poco después el meta del Athletic a punto estuvo de liarse con el balón.

Mucho tenía que cambiar el partido en la segunda mitad. Bielsa se dio cuenta que no faltaba calidad en el césped, sino frescura. Introdujo desde vestuarios a Llorente e Ibai. Pellegrini, que no había realizado rotaciones, aguardó. Pero cuando movió el banquillo fueron los mejores minutos del Málaga. Con Portillo ya en el campo, el malagueño demostró que sí tiene cabida en este equipo que juega cada tres o cuatro días. Él sí puede ser una rotación fiable. Luego apretó el Athletic y salvó Willy. Pero para entonces estaba escrito el empate. Fuente: La Opinión de Málaga


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malagadechampions.blogspot.com
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