Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que www.criterioliberal.com escriba una noticia?

¡Qué bueno que viniste, Mario!

16/12/2010 00:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Allá por el año 1970, empecé a conocer lo que luego se llamó el boom de la literatura Latinoamericana. Hasta este momento de mi vida había leído lo que todo joven hispanoamericano-español teníamos por bueno; en lo que se refiere a la literatura en lengua española básicamente, por ser lecturas ineludibles en nuestra etapa de bachillerato; a los clásicos españoles y a algunos destacados escritores hispanoamericanos. Entre los primeros recuerdo bien a Miguel de Cervantes, Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Pérez Galdos, Antonio Machado, García Lorca, Jacinto Benavente, Ortega y Gasset, la triada de José María Gironella y de los antiguos fundamentalmente a Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Quevedo y Villegas, los místicos, con Santa Teresa de Jesús a la cabeza y a algunos otros más que formaban parte del acerbo cultural de los jóvenes más o menos inquietos de aquella época, que en la parte de la América española tenía sus correspondientes en Pablo Neruda, Ciro Alegría, José Hernández y su ‘ Martín Fierro’ , Rómulo Gallegos, Miguel Angel Asturias, Rubén Darío, Alfonso Reyes, José Martí, Alejo Carpentier y los Dominicanos Manuel de Jesús Galván, Pedro Henriquez Ureña, y otros libros, de otros autores considerados menores, que en nuestra época de adolescentes circulaban de mano en mano; así recuerdo al colombiano Vargas Vila, a José Ingenieros y una pequeña colección escrita por un sacerdote español llamado Martín Vigíl y su "Diario de Daniel y el Diario de Ana María". Con todos ellos disfruté y todos ellos me marcaron en mayor o menor medida, básicamente me transmitían un profundo sentimiento de contradicción entre lo que se supone que amaban y lo que racionalmente hacían. Se quedó en mí la impresión de que la expresión literaria de nuestra alma común, reflejaba sentimientos muy complejos y con frecuencia excesivamente apasionados.

Conocí el boom de la literatura latinoamericana en esa primera edición, del también genial Gabriel García Márquez: Cien Años de Soledad. Fue un auténtico fogonazo. Escasamente un año después leí la Ciudad y los Perros, y dos años después un libro bastante gordo, también de Mario Vargas Llosa, titulado Conversación en la Catedral y me identifiqué plenamente con el contexto y los personajes, me resultaban tremendamente cercanos por haber formado parte de las experiencias que colmaron mi vida hasta completar los 16 años que suman los que viví en mi Santiago natal. No he parado de leer prácticamente todo lo que a escrito Mario Vargas Llosa, incluido artículos de prensa y algún ensayo. No tengo ninguna duda de que estamos ante uno de los grandes escritores en lengua española, pero lo que me resulta más atractivo es el personaje en sí mismo, con quien me siento intima y vitalmente identificado.

Vargas Llosa es como tantos otros jóvenes hispanoamericanos procedente de la clase media urbana, que en común hemos tenido sueños, aspiraciones e ideales; entre estos últimos un gran amor por la libertad y una búsqueda constante, casi febril, de la verdad. A pesar de las dictaduras que todos hemos vivido en diferentes épocas de nuestras vidas, nadie consiguió que nos apartáramos de ese pensamiento y de esa manera de vivir. La burguesía urbana de Hispanoamérica de aquellos años, tuvo siempre sus referentes más que en la tradición cultural norteamericana – que también, pero menos- en la gran corriente de Pensamiento Europeo de los siglos XVIII-XIX-y XX. En primer lugar, España, algo para nosotros muy próximo en la historia y en la realidad cotidiana, donde los españoles y lo español formaban parte indiferenciada de nuestras vidas; nada de España nos era ajeno, ni su historia antigua ni su época imperial, ni su historia moderna y sus avatares contemporáneos, siempre teníamos la mirada y el oído puestos en España. Francia significaba el sueño de liberación, la esperanza de la libertad y el gozoso hedonismo con los ecos que nos llegaban de la vida en París, de la "bohemia", etc. De sus grandes escritores, básicamente novelistas, aparte de Voltaire y los enciclopedistas, Sartre; lo de Raymond Aron, vino después, por lo menos para mí. En resumen Francia conjuntamente con España y la pintura y la escultura Italianas del Renacimiento, constituían al menos el sesenta por ciento de nuestra simiente cultural. La revolución Castrista Cubana despertó en nosotros un sentimiento reivindicativo y hasta cierto punto libertario con el que prácticamente todos nos sentimos identificados; en algún momento constituyó para nosotros un símbolo; pero he de confesar, al menos en mi caso, que ya para el año 1968 mis compañeros me tildaron de revisionista, porque me resultaba difícil hacer compatibles una dictadura con mis sueños de libertad, sobre todo la libertad en la que creo, que es la del individuo: la libertad de opinar en conciencia y la libertad de elegir.

Hoy más que al escritor que ha sido galardonado con el Nóbel de Literatura y que méritos ha hecho para haberlo recibido muchos años antes, quiero en su persona rendir un homenaje y un reconocimiento universales a todos esos jóvenes, hombres y mujeres, que a pesar de haber nacido y vivido en dictaduras y tiranías sangrientas y ridículas hasta llegar a lo cómico, no nos hemos apartado de ese propósito de libertad; de querer vivir, pensar y disentir en una sociedad libre y abierta, que respete a las minorías, tolerante con los distintos y que por encima de todo garantice la vida, la libertad del individuo y la igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley.

Mario Vargas Llosa ha cubierto una trayectoria vital dejando una huella indeleble en pos precisamente de esa libertad. En sus escritos nos ha legado – esperemos que aún nos premie con muchos otros buenos libros- una manera nítida y comprometida de defensa de la democracia, de las sociedades abiertas y de la libertad del individuo. Desde lo más profundo y recóndito del alma humana, por turbia que sea, subyace siempre un claro sentimiento de liberación. En lo personal nada en él es impostado; es auténtico, libre y sin complejos. Fueron sus primeras palabras para afirmar que ese galardón se le daba a la lengua Española, y dijo bien, pues todos los que hablamos y tenemos este gran patrimonio, todos los que nos sentimos formar parte de esa casa común, tal como nos dijo Julián Marías, ("solo son habitaciones de una misma casa, donde quiera que usted esté, entenderá y será entendido"), esa es la grandeza del ESPAÑOL. Mario Vargas Llosa como tantos otros que nos sentimos españoles, no ha tenido ni tiene ningún complejo en proclamarlo con orgullo a los cuatro vientos. En su espíritu, su defensa de lo auténtico no tiene paliativos, ni objeciones, ni peros de ningún tipo.

Por si quedaba alguna duda, su discurso de aceptación fue diáfano y contundente; nadie que haya estado atento a los Nóbel de este año, por lejano y distante que fuese su país y por diversa y diferente que sea su cultura, le ha podido quedar ninguna duda al respecto: pensamos, escribimos y vivimos en una de las más importantes lenguas vivas del mundo, EL ESPAÑOL. !Gracias Mario!

Dr. Adolfo Herrera Wehbe

Presidente pCUA (Ciudadanos de Aragón)


Sobre esta noticia

Autor:
www.criterioliberal.com (1594 noticias)
Visitas:
617
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.