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¡Qué noche!

08/12/2010 14:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una noche fantástica. Análisis de un cabreado

Me encuentro pletórico fumando este cigarrillo en la terraza porque mi parienta no me deja fumar en casa y esta noche he comprobado que es verdad que el humo sube hacia el cielo, que el cielo tiene estrellas y la luna está velada cuando va a llover. Impresionante, estoy asombrado, nervioso y exaltado, tanto qué, si ahora encontrara a Vulcano por las escaleras de mi adosado, yo un simple mortal mirándole a los ojos le diría: qué pasa brasas... Qué eres un brasas.

¡Qué noche! ¡Qué silencio! El vecino de mi adosado tiene la radio encendida, desde aquí se escucha el ruido ronco de los coches y por una vez, después de tres años de matrimonio descubro que mi mujer ronca ¡Por fin se realizó el milagro! He puesto tantas velas a San Antonio para que esta noche llegara, he gastado tanto dinero en súplicas y farmacia que, había pensado dedicarme a la avicultura porque me hubiera salido más barato; entre velas, velones y tapones para los oídos podría yo ser ahora... capitán general, qué digo... el dueño de Rumasa.

Qué placer cuando a las nueve y veintitrés de la tarde mi mujer dijo envuelta en ese silencio capaz de reproducir el sonido de su bata contra la encimera: Javier la sopa. Y aquella palabra retumbó contra los muros del pasillo, avanzó pegada a cada pared, golpeó en cada baldosa y yo pensé que era una psicofonia de ultratumba: sopaaaaaaaaa. Hoy descubro lo que es para el ser terrenal el eco, el ruido de los vecinos, la descarga de una cisterna y ese curioso gruñidito producido por mi mujer intentando cortar el filete tierno de 69€ con el tenedor y unos cuchillos regalados por mi suegra el día de nuestra boda, que antes de cortarte con ellos la garganta te morirías de aburrimiento. Para mi asombro tengo un pulso magnifico; después de tres años en esta casa he comprobado, que mi mano no temblaba sosteniendo la cuchara de carga con el caldo del cocido, y me he dado cuenta que sería capaz con un florete, —sólo con su punta—, capaz de desnudar a mi mujer un sábado por la noche quitando los cuatro botones de su camisa, cortando el cinturón a seis milímetros exactos detrás de la hebilla y despacio, deleitándome con la ligera caída de la prenda, ir bajando sin prisa y mirando a mi mujer a los ojos la cremallera de su falda. ¡Qué noche! Qué felicidad escuchando de nuevo las risas cómplices de los amantes, el crujir de las láminas de somier cuando iniciamos los juegos amorosos y hasta vergüenza tuve escuchando el golpe rítmico y vivo del cabecero contra la pared... Hay qué ver lo que es la deformación personal. Una vez realizado el amor, siempre intentando saber si había sido de su agrado, pregunté a mi mujer: ¿Qué tal cariño... tienes sueño? —Y ella me ha contestado—: Uhm... muy bien; tu aproximación sobrevolando las sábanas y al ras de mis muslos ha sido perfecta; la maniobra con viento de cola, doce grados de inclinación, a medio gas y entrando por la pista central de aterrizaje ha sido para ser recordada durante dos semanas... pero cariño, hoy me he dado cuenta que tienes razón: ¿Por qué no vendemos de una puta vez este adosado al lado de la T4?


Sobre esta noticia

Autor:
J. J.danwcer (28 noticias)
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