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Ramón Iglesia Parga por Francisco Arias Solís

15/02/2010 14:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La voz de un sagaz historiador

RAMÓN IGLESIA

(1905-1948)

Oye, Aurora, vida, si me matan, ¿te pondrás luto por mí? En

Valencia ya habrá tela negra, ¿no? Es un antojo, ¿sabes?

Aunque no lo lleves siempre, te haces un traje negro, y te lo

pones cuando te acuerdes de mí, y te lo vas poniendo cada día

menos tiempo, alternándolo con otros de colores, hasta que mi

recuerdo se pierda a lo lejos.”

Ramón Iglesia. (Gijón 12-X-37. Diario para Aurora). Hora de España.

LA VOZ DE UN SAGAZ HISTORIADOR

El insigne historiógrafo gallego nos dejó una pequeña historia de su vida en su “Diario para Aurora”, escrito en el frente asturiano durante la guerra provocada por la rebelión militar del General Franco, y en el que ya nos confesaba sus graves problemas psíquicos que le llevarían a un trágico final. En uno de sus párrafos nos dice: “De lo que no me encuentro mejor es de los nervios. Vida, mi vida, esto es una gaita. Te tendré que escribir como salga, dejando ir la onda. Estoy muy agresivo. Es una lata. Es la enfermedad. Hoy, por ejemplo, había conseguido ir pasando todo el día muy tranquilo. Y de repente la menor cosa me desequilibra y me pone rabioso. Caracteriza el estado mío la inestabilidad psíquica, el pasar del mal humor a la carcajada o a la agresión. Parezco un drama de gran guiñol. ¡Qué le vamos a hacer! Soy la caricatura de mí mismo.” Y pocos días después nos contaba: “He encontrado un sitio magnífico para suicidarme si vienen mal dadas. Es un saliente, como una atalaya, sobre un acantilado en que rompen las olas”. Diez años más tarde encontró en un lejano y extraño lugar de su angustioso exilio, Madison, Wisconsin, el último sitio para poner fin a su vida. Y Aurora, se puso luto por él.

Ramón Iglesia Parga nació en Santiago de Compostela el 3 de julio de 1905 y puso fin a su vida en Madison, Wisconsin, el 5 de mayo de 1948. Cursó los primeros estudios en La Coruña y el bachillerato en el Instituto de dicha ciudad. Se traslada con su familia a Madrid, donde, a la edad de quince años, ingresa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, concluyendo los estudios en 1926. Dos años más tarde marchó a Suecia como lector de español en la Universidad de Gotemburgo. Y al curso siguiente en la Universidad de Berlín. Por esos años impartió conferencias en diversas ciudades europeas. En 1931 ingresa por oposición en el cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, Trabajó en la Sección de Libros Extranjeros de la Biblioteca Nacional, a la que fue destinado por sus conocimientos de idiomas, ya que hablaba inglés, francés, alemán, italiano y sueco. Fue miembro del Centro de Estudios Históricos de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, encargándose de la Sección Hispanoamericana, de cuya revista Tierra Firme, fue redactor jefe. También colaboró en las principales revistas literarias del momento Cruz y Raya, Revista de Occidente y La Gaceta Literaria. Durante la guerra española combate en el ejército leal al legítimo Gobierno de la República en el que alcanzó el grado de capitán, siendo también comandante de las Brigadas Internacionales. Colaboró en Hora de España, revista en la que escribieron los escritores más prestigiosos del momento. Al finalizar la guerra se exilia en Francia, para embarcar en el Sinaia. “De Sète a Veracruz-nos cuenta Manuel Andújar-, el Sinaia, un viejo barco matalón transportó -avanzado mayo, al 13 de junio de 1939- a más de 1.600 republicanos españoles. Procedentes en su gran mayoría, de los campos de concentración franceses. Entre ellos, nutrido y lucido haz de intelectuales, escritores y artistas. Y en aquella travesía se publicó el primer periódico -peregrino, en puridad del exilio”. Entre los que hicieron el Sinaia, que así se denominó aquel diario de propósito recreativo e instructivo, destacaba, según Andújar, “el ilustre historiador”. Estuvo en México hasta 1942. Allí fue miembro del Colegio de México, catedrático del Centro de Estudios Históricos y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Colabora en diversas revistas mexicanas y en las del exilio español: Romance, Letras de México, Cuadernos Americanos, Tiempo, Revista de Historia de América, La España peregrina, entre otras. Pasó a Estados Unidos, donde fue profesor de las universidades de California, de Illinois y de Wisconsin.

Diez años antes de dar una patada a su propia historia, a su vida, en Madison, el sagaz historiador gallego ya lo había presentido

Ramón Iglesia, uno de los hombres de mayor sensibilidad y de gusto por la historia y uno de los más reconocidos estudiosos de la vida y obra de Bernal Díaz del Castillo, en sus pocos años de vida publicó Trailer de cuatro crónicas (1936); Cronistas e historiadores de la conquista de México, el ciclo de Hernán Cortés(1942); El hombre Colón y otros ensayos (1944); Estudios de Historiografía de la Nueva España, en colaboración con sus discípulos (1945). Como editor publicó: Baraja de crónicas castellanas del siglo XIV (1940); El Victorial; crónica de don Pero Niño, por Gutiérrez Díez de Games (1940) y la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, por Bernal Díaz del Castillo (1943), edición en la que trabajó en colaboración con su esposa Raquel Lesteiro. Vertió al español, entre otras, la obra de James Thomson Shotwel, Historia de la historia en el mundo antiguo (1940); en colaboración con la escritora y poetisa Ernestina Champourcín, Historia e historiadores del siglo XIX (1942), de G. P. Gooch; Historia política de Inglaterra (1943), de George Macaulay, y El duque de Wellington (1945), de Richard Aldington.

Diez años antes de dar una patada a su propia historia, a su vida, en Madison, el sagaz historiador gallego ya lo había presentido: “En fin -escríbia en su “Diario para Aurora”-, también es en “El Circo” de Charlot donde termina dándole una patada al destino, al amor, a todo. Eso tendré yo que hacer con mi vida, con mi amor hacia ti, con mi trabajo”.

Francisco Arias Solís

Con el valor que representan las mansiones de los poderosos habría para que ninguno careciera de albergue. (Frase de Fermín Salvochea glosada en el libro: 102 razones para recordar a Salvochea)

Portal de Internautas por la Paz y la Libertad y de Foro Libre.

URL: Http://www.internautasporlapaz.org


Sobre esta noticia

Autor:
Francisco Arias Solis (324 noticias)
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Tipo:
Opinión
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