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Reales barbas y alrededores

01/09/2009 09:38 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ha bastado que don Juan Carlos se haya dejado barba, un “cambio de look” según un comunicador estreñido, para que haya ido a La Zarzuela el comunista Cayo César, digo Lara, a explicarle al Rey sus planes de mandar la monarquía al paro. ¡Con un par!

Ha bastado que don Juan Carlos se haya dejado barba, un “cambio de look” según un comunicador estreñido, para que haya ido a La Zarzuela el comunista Cayo César, digo Lara, a explicarle al Rey sus planes de mandar la monarquía al paro. ¡Con un par! De fuentes oficiales, concretamente de un oficial del ejército austrohúngaro que pasaba por allí disfrazado de lagarterana, nos hemos enterado que la conversación entre don Juan Carlos y el Callo, digo el Cayo, fue la siguiente:

–Buenos días, camarada. Pues nada, que como te has dejado la barba, pues que he pensado que te vas a hacer de Izquierda Hundida, digo Desunida, digo Unida, y que por tanto no te importará que te enviemos al paro. Mejor hoy que mañana, eso sí.

–Muy bueno el chiste Lara. No me he reído ni nada, pero como soy muy diplomático, pues eso, que te celebro la gracia y todo. ¿Te sabes tú el chiste del comunista que, con cuatro gatos en su partido, pretendía fundar la Tercera República…?

–Pues no, camarada.

–Pues no te lo voy a contar. Hala, para que seas tortolín y no sepas captar ironías.

–¡Huy lo que me ha llamado el Borbón este! Pues usted dirá lo que quiera, pero el trabajo de IU en favor de un Estado “federal, solidario y republicano”, es algo indubitable.

–Vale, pues me alegro. Pero considera Cayo que los españoles, gracias a Dios, mayoritariamente se pronuncian por un servidor.

–Pero eso es porque a nosotros los comunistas nos “cuesta entre siete y ocho veces más que al PSOE y al PP lograr un escaño”.

–Pues te aguantas hijo. ¿Tú qué quieres que haga…? Sólo faltaba que me pusiera yo a reformar el sistema electoral para que a ti te parezca bien, y hacerte el gusto de que me mandes al paro. ¡En otra cosa no estaba yo pensando! ¡Ay Cayo, qué cosas tienes! Mira, ¿y qué te parece la crisis, Cayo?

–Camarada Borbón, usted debe saber que el “objetivo prioritario” de Izquierda Unida es elaborar “propuestas reales” para luchar contra la crisis económica.

–¡Y dale! Cayo, que no te enteras. ¿Cómo voy yo a hacer propuestas mías, o sea reales, para solventar la crisis…? ¿Tú no te percatas, criatura, que la Constitución no me permite sino hacer el discurso de Navidad y alguna bobería más? Ya me estas cansando Cayo, la verdad. ¿”Por qué no te callas”, Cayo…?

Y aquí se acaba la retransmisión del encuentro Real con el Cayo, porque al oficial austrohúngaro lo trancó Froilán, el nieto futbolista del Rey, y le propinó una patada en la espinilla de la que tuvo que ser atendido en el taller de maestro Pepe el gaitero. (¿Y por qué lo atendió un gaitero? Pues porque el oficial austrohúngaro, no es porque yo lo diga, pero es bastante inflagaitas. Ah.)

Y ya que don Juan Carlos se ha dejado la barba, pues un servidor aprovecha para relatarles a ustedes la historia de mi barba… (¡No, por favor, no sea cruel! Usted se calla, caramba) Verán ustedes, corría el año…, no me acuerdo, cuando al que esto escribe le dio por hacer gimnasia. Una bobería como otra cualquiera. Y entonces me compré unos extensores. O sea unos elásticos con asas, que se extienden dificultosamente para hacer bíceps, tríceps y yo qué sé.

Una buena mañana se me soltó el asa de la izquierda, y fue a parar al aparador acristalado, produciendo unos destrozos calculados en 12.000 maravedíes. Pero como soy de natural bruto, insistí. Otra buena mañana, el asa de la derecha fue la díscola, y me hizo una ligera contusión en la barbilla. Y volví a insistir. (Porque es de natural bruto. Efectivamente.) Pero a la tercera fue la vencida, y me destrocé bastante mi apuesta jeta, alias cara o rostro. Oh, en la Casa de Socorro no se creían lo de los extensores, sino que había sido objeto de un atentado con apisonadora.

Total, que me dieron 3.000 puntos de sutura, y 5 boletos para el sorteo de un jamón serrano… (¡Mentiroso! De acuerdo.) Y luego me tuve que dejar la barba, claro, porque con tantos puntos y comas no había forma de afeitarse. Otro día, si ustedes lo tienen a bien, les contaré mis aventuras como cortador de jamón serrano. Pero no es apto para todos los públicos. Por lo sangriento más que nada.


Sobre esta noticia

Autor:
Juan Padron Sabina (56 noticias)
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Tipo:
Opinión
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La Prisión De Mi Mente (03/09/2009)

Muy bueno.