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Recuerdo de un ser fiel

15/10/2010 18:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Imposible olvidar la amarga experiencia. Sus ojos no se cerraron

Imposible olvidar la amarga experiencia. Sus ojos no se cerraron. Durante el breve instante que la separó entre la vida y la muerte, nuestras miradas se mantuvieron fijas, estáticas, penetrantes. No puedo saber lo que ella pensaba, si es que los perros piensan, pero si sé lo que yo pensaba y sentía. Tormentas de dolor. La pena me desbordaba. En la fugaz agonía eutanásica, sin evadir en ningún momento su mirada, no cesé de acariciarla con suavidad y mimo, mientras las mejillas se regaban de lágrimas incontroladas. Con lágrimas de despedida. Adoptar la decisión fue profundamente penoso. Especialmente difícil. Creo que no lo repetiría. Han sido dieciséis años y medio de convivencia, de cariño compartido. Cuando hace todo ese tiempo mi hijo se presentó en casa con aquella pequeña cosa, peluda y negra, le advertí, ¿no quiero perros en casa...? Pero Katy, que así se llamaba por aquello de sus patitas blancas a modo de Katiuskas, se quedó en casa bajo el firme compromiso de ser él, mi hijo, quien se cuidaría del animal. Así fue los dos primeros días. El resto de este largo periodo de tiempo los cuidados directos de Katy se han alternado entre las atenciones de mamá y de papá, aunque también ha contado con el cariño de los cuatro hijos y de los nietos. Siempre la han mimado. Su avanzada edad ha sido el motivo principal de la decisión sin retorno. Aquella pequeña cosa con patas, vivaracha, alegre, tierna y fiel, comenzó a padecer los achaques propios de la edad. Su estado vital se fue deteriorando de día en día. Los últimos fueron duros. Además de perder el apetito padecía trastornos. El caminar la resultaba difícil. El sentido de la orientación lo había perdido. Para evitar su sufrimiento, decidimos sufrir nosotros. Nos costó adoptar esta solución, pero era lo mejor. El veterinario se encargó del trámite. Fue un instante, pero un instante de profunda consternación. Katy se fue como llegó. Nada trajo ni nada se llevó. Lo que si nos ha dejado como recuerdo es una intensa tristeza de pena y de dolor por su ausencia. No se si los perros tienen alma, pero si sé que su corazón es inmenso. Gracias Katy por todo el bien que nos has proporcionado y por el regalo de tu compañía durante tantos años.

Para evitar su sufrimiento, decidimos sufrir nosotros. Nos costó adoptar esta solución, pero era lo mejor. El veterinario se encargó del trámite


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