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Reflexión de Ternura-LA MUERTE DE UNA MASCOTA

20/11/2012 11:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Cuando hablamos de mascotas, solemos referirnos a su tipo, raza, color, carácter, belleza e infinidad de otras características. No obstante, la verdad es que una mascota querida es más que una compañía, es un miembro valioso de la familia y una parte de su vida diaria. Su afecto incondicional, su hacer y sus enseñanzas hacen que se gane su espacio en nuestra familia y en nuestros corazones. Su compañía nos permite expresar emociones y aliviar el estrés.

Las mascotas viven vidas relativamente cortas. Y para muchos de los que las amamos, su muerte puede afectarnos tanto o más que la de ciertos familiares o amigos. Sin duda, son muy pocos los que no son tocados por la muerte de un animal doméstico. Los animalitos simbolizan diferentes cosas en cada uno de nosotros: pueden ser el niño que todavía no hemos concebido, o quizás el que todos llevamos dentro; puede reflejar al compañero o al padre ideal, siempre fiel, paciente, que nos da la bienvenida al llegar a casa y nos ama incondicionalmente. Es como un amigo y un hermano al mismo tiempo. Nos refleja a nosotros mismos, al incorporar nuestras actitudes negativas y positivas. Un mismo animal puede ser todo esto al mismo tiempo, dependiendo del día y de la persona con que trate.

Su pérdida puede dejar un enorme vacío, el cual puede ser tan grande como el que se siente con la muerte de un amigo humano o de un familiar; es una cosa para la que la mayoría de la gente no está preparada o no quiere estarlo. Se dice que San Francisco de Asís (conocido como el patrono y protector de los animales), respetaba y quería a los animales por el solo hecho de ser hijos de Dios.

La pérdida del compañero de andanzas es un dolor único e irrepetible, una experiencia que hay que vivir para poder entender; echamos de menos su olor, sus ladridos, sus juegos. Pocas pérdidas duelen tanto como la de la mascota: son años de complicidad, de entrega mutua y de compañerismo. Buscamos en todos los rincones de la casa, y, al no encontrarla, nos invade un vacío profundo. El dolor se agolpa en el pecho y, aunque intentamos controlarlo, las lágrimas comienzan a rodar por nuestra cara.

Es una experiencia que jamás se olvida, no solo porque a menudo desarrollamos relaciones particularmente cercanas con las mascotas, sino porque los animales pueden jugar un papel importante en nuestro desarrollo emocional, además de proveer una fuente de compañía, de afecto sin prejuicios, de seguridad y estabilidad en nuestras vidas. Así, no es extraño ver caminar por las calles a dos viejos amigos, una está con correa y el otro camina a paso lento y posiblemente ayudado por un bastón.

La pérdida de una mascota puede ser devastadora para una persona. Muchas, particularmente aquellas que viven solas, establecen profundos lazos emocionales con sus mascotas y pueden experimentar un sentimiento de pérdida significativo cuando éstas mueren; para algunas parejas sin hijos, el animal puede incluso asumir el rol de un hijo.

El duelo por la pérdida

Después de la muerte de una mascota, es probable que se experimente un amplio espectro de emociones, desde incredulidad, dolor, rabia, culpa y ansiedad hasta, finalmente, aceptación. Es normal sentirse deprimido y hasta físicamente indispuesto los días posteriores al fallecimiento de su mascota. Los síntomas de depresión que probablemente lleguen a sentirse incluyen llanto, falta de interés en la vida, trastornos del sueño, pérdida del apetito, sentimientos de desesperación y sensación de abandono, dolores de cabeza y fatiga. Estas reacciones son normales y naturales; sólo permitiéndose a sí mismo el sentir dolor, podrá aceptar eventualmente la pérdida y, con tiempo, la tristeza desaparecerá.

En este difícil momento, se necesita la ayuda y el apoyo de amigos, familiares y compañeros de trabajo. Sin embargo, muy a menudo esto no se consigue tan fácilmente como pareciera, ya que muchas personas no entienden cuánto puede significar la muerte de un animal para otras personas, difícilmente pueden sentir la profunda tristeza que abarca nuestro ser o sencillamente pueden sentirse avergonzadas y no saber cómo reaccionar. Lo cierto es que el proceso de duelo por su muerte, no es diferente al que se realiza por el fallecimiento de un ser humano.

Vivir el dolor de la pérdida es el principio de la curación. Si uno no lo vive y evita por todos los medios el duelo, comienza un duelo enfermizo que genera en la persona una rigidez emocional que podría llevarla a no querer tener más una mascota para no volver a sentir esa tristeza.

Es muy importante recobrar su cariño a través de las innumerables anécdotas que se vivieron con él. Debemos aceptar este sentimiento de tristeza, no negarlo, y, por ende, darse espacio para llorar. También es esencial rodearse de un buen círculo afectivo, pues, como sabemos, una pena compartida y expresada es media pena. Hablar del tema alivia el corazón y nos permite integrar la muerte a la vida.

La despedida

Al igual que con la muerte de un ser humano, el duelo por una mascota implica aceptar que alguien significativo se ha ido para no volver más. Se trata de un proceso que hay vivirlo como tal. Para ello, es fundamental celebrar un rito de despedida para nuestro querido amigo, ya sea enterrándolo en el jardín de la casa, rezando una oración o llevándolo a algún cementerio. Recuerde que la despedida es un acto de agradecimiento que usted hace hacia su mascota.

Si fuera necesario practicar la eutanasia, a algunas personas les gusta acompañar a sus mascotas mientras se lleva a cabo el procedimiento. Esto es usualmente posible, pero incluso si usted no puede estar allí, se le permitirá ver o quizá pasar un rato con su mascota una vez realizado el procedimiento. Esto le dará la oportunidad de decirle adiós y de confirmar en sus propios términos que su mascota en realidad ha fallecido. Para algunos el llevar a cabo un simple funeral para su mascota puede ser de gran ayuda.

Razones para la eutanasia

Nunca estamos preparados para la muerte de una mascota, tanto si llega de una forma rápida e inesperada, como si viene luego de un doloroso y largo proceso. Nuestra actitud y compromiso en el resultado final puede incluso ser muy pasiva. Tal vez deseemos no darle a nuestra vieja mascota un tratamiento médico que solo alargue su agonía; aunque, si su enfermedad no tiene cura, también podríamos evitarle que viva el resto de sus días con sufrimiento.

Todos esperan y desean que el último día del animal sea en absoluta calma, sin muchos quejidos, encontrarlo ya muerto en su cama como si estuviera dormido, al día siguiente. No obstante, cuando hay que tomar la decisión y debemos recurrir a la eutanasia, el impacto por su muerte es doblemente mayor.

La eutanasia se puede definir como la introducción a la muerte sin necesidad de sufrir dolor. En la práctica, suele administrarse mediante una inyección intravenosa con una dosis concentrada de anestesia. El animal solo sentirá un leve malestar cuando la aguja le atraviesa la piel, pero esta dolencia no será mayor que la de cualquier inyección que haya recibido. La inyección toma solo unos segundos para provocar la pérdida de sentido, a la que inmediatamente le seguirá una depresión respiratoria, un paro cardíaco y la muerte.

Como todo médico, los veterinarios no suelen inclinarse por esta opción tan fácilmente. Primero agotan todas las posibilidades de diagnósticos y tratamiento para encontrar alguna forma de mantener al animal con vida y sin sufrimiento. Conocen muy bien la diferencia entre alargar la vida y prolongar el sufrimiento. La eutanasia es el último recurso con que se cuentan para acabar con el dolor de un animal que sufre.

Solicitar la eutanasia para nuestras mascotas es probablemente una de las decisiones más duras que tenemos que tomar durante nuestras vidas. Se vendrán encima todas las etapas del duelo y se sentirá un gran enojo con el animal, con nuestra familia, con el veterinario y con la vida por obligarnos a tomar esta decisión. Estaremos tentados a posponer la decisión, esperando que en algún momento ya no sea necesario tomarla. Por muy difícil y dolorosa que sea, el sufrimiento del animal debe primar sobre los sentimientos de culpa que tomar esta decisión pueda generar.

Para decidir si tomar o no la decisión de la eutanasia, tómese su tiempo; hable y aclare dudas con su veterinario. Considere las siguientes preguntas como orientación, respecto a la mascota:

¿Cuál es su calidad de vida?

¿Sufre de dolores constantes?

¿Come bien y sin dificultad?

¿Continúa siendo juguetón y cariñoso?

¿Se interesa o tiene ánimos por seguir haciendo las cosas que le gustaba hacer antes?

¿Se lo nota agotado y triste la mayor parte del tiempo?

¿Tiene alguna otra alternativa para aliviarle su sufrimiento?

Sobreviviendo el vacío el día después de que la mascota ha muerto

Reconozca que tiene un duelo con todas sus características y que puede tener algunas dificultades emocionales.

Permítase afligirse sin temor o vergüenza de otros.

Comparta sus sentimientos con otras personas de su confianza.

Aprecie y valore sus recuerdos, tanto fotográficos como de video, y utilícelos en momentos de nostalgia.

Resista la tentación de conseguir una nueva mascota prematuramente para llenar el vacío dejado por la previa. Recuerde que ninguna relación puede ser duplicada. El tiempo para conseguir una nueva mascota depende de muchas variables, si bien será cada persona quien así o considerará._

MRF

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Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
merianmi.wordpress.com
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Reportaje
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