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El Reino de Rutenia: el pasado de Ucrania

15/03/2022 14:54 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los orígenes de la actual república de Ucrania se enlazan con los de Rusia. Con el nombre de Rutenia, llegó a constituir un importante reino en el este de Europa en el siglo XIII. Su historia también es la de Lituania y la de Polonia

Entre las brumas del pasado se destaca el esplendor del antiguo reino de Rutenia, que tuvo su desarrollo entre finales del siglo XII y mediados del XIV. Tiene origen en el principado de Galitzia-Volinia, que las fuentes latinas, fundamentalmente eclesiásticas, denominan Galiciae et Lodomeriae, y cuyas ciudades principales fueron, respectivamente, Volodímir y Hálich. Este principado surge dentro de la unidad política que constituyó la Tierra de Rus en torno a Kiev. Cuando llega a gobernarse de modo independiente es cuando se forma el reino de Rutenia, cuyo nombre perduró a través de los siglos relacionado con parte de aquellos pueblos y su comunidad religiosa.

 

Las tierras del principado se comprendían entre las cuencas de los ríos San, Dniéster y Bug Occidental. Sus fronteras lindaban, al norte, con Lituania; al este, con los principados de Túrov y de Kiev; al sur, con la tierra de Berlad y con la Horda de Oro; al suroeste, con el reino de Hungría, con el que la cordillera de los Cárpatos hacía de límite natural (aunque por un tiempo, al final, en la década de 1320, se situó más al sur); y, en fin, al oeste, con Polonia. El reino de Rutenia se extendía, pues, por tierras de lo que hoy es el sudeste de Polonia, Bielorrusia y Ucrania. Parte de sus territorios constituían las denominadas Rutenia Roja y Rutenia Negra. Incluso por un corto espacio de tiempo llegó a alcanzar a Besarabia y Moldavia.

 

La Rus de Kiev fue una unión de pueblos que tuvo lugar en el extremo oriental de Europa en la Edad Media, pero en el siglo XIII sucumbió, por la invasión de los mongoles, llegados de las estepas centroasiáticas, que constituyeron la denominada Horda de Oro. De los restos de Rus se constituyeron muchas otras unidades políticas eslavas, como la república de Nóvgorod, el principado de Vladímir-Súzdal (en torno a Rostov) y el propio principado de Galitzia-Volinia, que aparece unificado desde 1199.

 

Del siglo XII es la primera mención a los rutheni en las crónicas imperiales, y en un relato geográfico francés. Aunque el nombre en estos textos tiene un carácter genérico para todos los relacionados con la Rus, la diplomática pontificia desde el siglo XIII incorporó esta denominación a las tierras en torno a Kiev.

 

Este principado se formó con dos territorios (Galitzia y Volinia) que antes habían sido gobernados por miembros de las dinastías gobernantes en Kiev. Durante un siglo, el XIII, se expandió y floreció económica y culturalmente. Román Mstislavich el Grande fue el primer príncipe de esta unidad política, acrecentando su dominio sobre Volodímir-Volinia con el gobierno sobre Hálich (sede del principado de Galitzia), comenzando tras la muerte del príncipe Volodímir Yaroslavich. Entre 1202 y 1204 llegó a capturar Kiev. Aunque internamente siempre tuvo que enfrentarse a los rebeldes boyardos (nobleza) de Galitzia, su política internacional le granjeó gran influencia sobre el oriente europeo: se alió con el reino de Polonia, firmó un tratado de paz con Hungría y se mantuvo en buenas relaciones con el Imperio Bizantino, llegando a considerarse el más poderoso de los príncipes del Rus.

 

Pero, como se repetirá a lo largo de la Historia, el fallecimiento del líder, conllevará la explosión de rivalidades e intereses dispares, internos y exteriores. En efecto, el esplendor del reinado de Román el Grande desapareció a su muerte, que tuvo lugar en la batalla de Zawichost, contra el príncipe Leszek de Cracovia. Sobrevino entonces una época de desórdenes, que duró varios años. Durante estos momentos, Polonia y Hungría intervinieron y se disputaron las tierras, hasta que en 1214 llegaron a un compromiso entre ambos reinos, para conceder el poder al hijo del rey húngaro, llamado Caloman.

 

Años después, en 1221, Mstislav Mstislávich el Valiente de Novgórod expulsó a los húngaros y mantuvo una precaria autoridad sobre Hálich.

 

Pero fue el hijo de Román el Grande, Danilo de Galitzia, quien reunificó todos los territorios, culminando en la batalla de Yaroslav su victoria sobre polacos y húngaros y sus aliados, los hijos de Miguel de Chernígov, que también aspiraban a hacerse con el dominio del reino. En el interior, sometió a los boyardos.

 

Desde 1238, Danilo Románovich es denominado como rey de Rutenia y en 1245 fue sancionada su autoridad cuando el papa Inocencio IV le otorgó el título real, de modo que llegó a ser el único miembro de los ruríkidas (príncipes de Rus) que fue coronado como Rex Russiae.

 

Sin embargo, no tuvo tanto éxito con la invasión mongola y en 1246 hubo de someterse al jefe mongol de la Horda de Oro, Batu Kan, y jurarle lealtad, aunque todos sus esfuerzos se encaminaron a liberarse de esta dominación. Su reinado continuó los momentos de esplendor de su padre; Galitzia-Volinia fue una de las más poderosas entidades políticas del centro-este europeo e incluso destacó en las letras, cuando se redactó la denominada Crónica de Galitzia y Volinia. Se fortalecieron las rutas comerciales entre el mar Negro con Polonia, Alemania y el mar Báltico y su prosperidad facilitó la inmigración del oeste y del sur, desde alemanes hasta armenios.

 

León I de Galitzia heredó el trono a la muerte de su padre, el rey Danilo, en 1264. Al cabo de unos años, instaló la corte en la ciudad de Leópolis (Lvov) en 1272, y por un tiempo mantuvo la fortaleza del principado. Pero el declive llegó tras su fallecimiento en 1301, aunque le heredó su hijo Yuri I, que sólo pudo reinar por siete años, ante la amenaza de polacos y húngaros. Los primeros tomaron Lublin en 1302, y los otros se hicieron con Transcarpatia, incluyendo Mukachevo. Además, el territorio continuaba siendo tributario de los mongoles.

 

Entre 1308 y 1323 Andrés y León II, hijos de Yuri, gobernaron de modo conjunto y, aunque procuraron impulsar el comercio y el asentamiento de mercaderes extranjeros, sobre todo alemanes, se vieron afectados por las expediciones mongolas, frente a las cuales solicitaron ayuda a los príncipes polacos, pero pereciendo ambos hermanos en batalla en 1323, y sin descendencia. Aún un nieto de Yuri Leonovich, Yuri II Boleslav mantuvo la corona entre 1323 y 1340, tomando partido por continuar la política de asentamiento de comerciantes extranjeros, lo que acrecentó la oposición de los boyardos. Fue envenenado y los boyardos ofrecieron el trono al príncipe lituano Liubartas. Al tiempo, el rey polaco Casimiro III el Grande atacó Leópolis y se anexionó Galitzia.

Desde el siglo XIV Lituania y Polonia incorporaron las tierras rutenas a sus terrritorios, manteniendo inicialmente su influencia y autonomía

 

En pocos años, primero Volinia pasó ser dominada por el príncipe de Lituania y los boyardos tomaron el control de Galizia, hasta que en 1349, el rey Casimiro III de Polonia se anexionó este territorio, finalizando su independencia.

 

Una nueva realidad política se desarrolló en la tierras de lo que se había conocido como reino de Rutenia y principado de Galitzia-Volinia: entre los siglos XIII y XVI quedarán unidas sus tierras al Gran Ducado de Lituania. El estado lituano-ruteno se extendió por territorios que hoy conforman Lituania, Bielorrusia y Ucrania.

 

La comunidad lituano-rutena alcanzó su esplendor durante el siglo XIX: en ella adquirieron gran importancia las costumbres, la experiencia y organización militar, el sistema de fortificaciones y la cultura de la Tierra de Rus y de Galitzia y Volinia. Asimismo, la lengua oficial adoptada fue una variante de la usada en Rus y la costumbre de tradición de Rus constituyó la fuente jurídica principal del Estado. Bajo la hegemonía de la Iglesia ortodoxa, los príncipes rutenos formaron parte de la administración y el consejo del Gran Duque. Al tiempo, se fueron desarrollando la manufactura y el comercio en el seno de los conglomerados urbanos.

 

Pero el acceso del gran duque Jagellón al trono de Polonia cambiaría radicalmente la situación. En efecto Jagellón en 1385 acordó la Unión de Krevo con Polonia y un giro político hacia el reino católico, enfrentándose a la resistencia de las clases dominantes lituanas y rutenas contra la latinización cultural y la influencia polaca.

 

Hubo revueltas e intentos de secesionar los territorios rutenos, que se incrementaron después de que en 1413 se firmara la Unión de Horodlo, que equiparaba a la nobleza católica lituana y rutena con la polaca, pero mantenía al margen del gobierno a los señores de confesión ortodoxa.

  

La situación no cambió con el nuevo gran duque, Casimiro IV Jagellón, proclamado en 1440, aunque hizo alguna concesión a los príncipes rutenos, posteriormente reforzó el poder de los polacos, por los que hubo de enfrentarse a una conspiración en 1481, que acabó con una multitud de condenas a muerte entre los rebeldes. En este contexto, no es de extrañar que la nobleza ortodoxa dirigiera su mirada a Moscovia (Moscú). Allí, Iván III se había proclamado defensor de la ortodoxia y heredero de la Rus de Kiev. En el ámbito militar, se había impuesto a la amenaza de los tártaros y organizaba su principado en lo político y administrativo. Así, fue surgiendo una hostilidad creciente entre Lituania y Moscovia. Ésta, a principios del siglo XVI había incorporado gran parte del antiguo principado de Chernígov y el de Siversk.

 

En 1434, Rutenia se organizó como voivodato de Rus, una división territorial administrativa que comprendía al antiguo principado de Galitzia-Volinia, y así permaneció mientras el territorio quedó incorporado a Polonia (hasta el siglo XVIII). El voivodato estaba gobernado por un palatino, designado por el rey de Polonia, que extendía su autoridad sobre los cinco territorios, algunos de los cuales se subdividían en condados: Lvov (Leópolis), Sianik, Peremyshl, Hálich y Kholm (también denominada Belz). Además del voivoda, se reunía una pequeña dieta de la nobleza territorial.

 

En Lituania, aún en 1508 hubo una sublevación de príncipes para separar los territorios orientales (actualmente Ucrania y Bielorrusia) y restaurar la vieja Rus, pero fracasaron. La Unión de Krevo, que configuraba una comunidad de dos naciones unidas en la persona del gran duque, tendía paulatinamente a una fusión completa con preponderancia polaca. Los grandes magnates lituanos se oponían a esta integración, que finalmente tuvo efecto a partir de 1569. En ese momento se constituyó la Unión de Lublin por la que se establecía una Mancomunidad polaca-lituana, aunque cada una conservaba su autonomía. Sin embargo, las tierras rutenas quedaron separadas entre la dependencia de Lituania y la de Polonia: lo que hoy son tierras ucranianas quedaron bajo administración polaca y casi todas las que hoy son bielorrusas permanecieron bajo Lituania.

 

Esa fue la situación jurídico-institucional de Rutenia y de Lituania hasta el desmembramiento de Polonia en el siglo XVIII, con las sucesivas divisiones de 1772, 1793 y 1795.

 

Tras el reparto de Polonia en el siglo XVIII, el Imperio de Austria incorporó la Galitzia como provincia y se dio a sus habitantes el nombre de rutenos, Ruthenen en alemán, lo que así aparece en los documentos administrativos hasta el final del Imperio, tras la Primera Guerra Mundial. De esta forma, Rutenia, desde el siglo XIX, dejó de usarse para comprender a toda Ucrania, ya que este nombre es el que comenzó a extenderse, al tiempo que caía en desuso en las tierras bajo el Imperio Ruso, restringiendo el término a los mencionados habitantes del territorio bajo los austrohúngaros.

 

Paralelamente, al margen de la terminología oficial, la denominación de Rutenia se fue aplicando sobre todo a la Transcarpatia húngara, en torno a Mukachevo, Uzhorod y Presov. Después de la Primera Guerra Mundial pasó a formar parte de Checoslovaquia, y, con motivo de la Segunda Guerra Mundial proclamó una efímera independencia como Rutenia Carpática en 1939.


Sobre esta noticia

Autor:
Jesús María Navalpotro (1 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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Alberto Celia (15/03/2022)

muy buena explicación histórica