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Requetemóviles

16/01/2012 23:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuando Graham Bell patentó el teléfono, no podía imaginar las inmensas posibilidades del aparato ni que la apariencia y funcionalidad del mismo iban a cambiar de manera tan radical. Menos aún Antonio Meucci, el verdadero inventor, quien, a pesar de ser italiano, no juntó la "pasta" suficiente para registrarlo a su nombre. Así que, fue la primera persona en el mundo que se quedó sin cobertura. Casi 150 años después, hemos pasado de los postes que portaban el cable telefónico, de darle tres vueltas a una especie de manubrio para empezar a hablar, de la operadora que a veces se liaba con los conectores de la centralita y nos ponía una conferencia con un señor de Zaragoza al que no conocíamos de nada, de impacientarnos hasta que nos instalaban una línea en casa, de todas las demás vicisitudes de la historia de la telefonía, a la era de los móviles y la parafernalia que llevan adosada, la cual está en constante evolución y nos supera y acogota en ocasiones. Sin ir más lejos, me he sentado a escribir unos comentarios sobre el asunto y no consigo concentrarme: hay un grillo metálico a mi lado que vibra, zumba y zurre sin descanso. Además, sus "cri-cri" son distintos según se trate de una llamada, un mensaje, un correo electrónico y otros avisos. El problema es que me lo cargo si le atizo un zapatazo y no me atrevo a silenciarlo y tampoco a apagarlo. A mis zagalicos les pego una colleja cuando me tocan mucho los güitos y fíjate tú que un cacharrillo tan pequeño me domina, el muy jodío. ¿Qué es lo que tendrá?

Los primeros móviles eran grandes y pesados. Recuerdo haber visto a un tío mío con un modelo antediluviano que parecía un maletín con antena y auricular enormes. Le pregunté a mi primo si su padre se dedicaba al espionaje. Qué pedazo de armatoste. Ni de coña cabía en un bolsillo. Para colmo, sólo servía para una cosa, cada llamada te costaba un ojo de la cara y existían muchas zonas de sombra adonde no llegaba la onda ni trepando a lo alto de un pino. Luego, los aparatos fueron reduciendo bastante su tamaño, aumentando su fiabilidad e incluyendo otras funciones. Sin embargo, durante algunos años se tendía a pensar que quien los usaba por la calle era un tonto el pijo por no meterse en una cabina a hablar sin molestar a la gente. Ahora el cuento tiene más personajes, porque el número de usuarios se ha multiplicado por la enésima potencia, aunque seguimos siendo unos cenutrios por depender demasiado del celular, al que los freudianos consideran algo de naturaleza casi fálica y de hecho, algunos preferirían que los capasen a perderlo; se relatan otras aventuras más divertidas e interesantes, pues su fin primordial, que era el de la comunicación, ha pasado a un segundo plano; y en lo relativo al desenlace, no es preciso ser adivino para predecir que si no nos relajamos un poco y nos curamos de la adicción electromagnética, nuestra libertad se verá amenazada y nos dejaremos controlar por un artilugio orweliano.

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Ya lo he mencionado antes: los móviles son cada vez más pequeños, ligeros y complejos. Me cuentan que el otro día, en una sauna de Finlandia, había un americano, un finés y un gaditano estudiante Erasmus. Los tres estaban desnudos y en completo silencio. De repente sonó un bip-bip y el primero se tocó el brazo derecho y dijo que llevaba un localizador GPS bajo la piel. Luego se oyó el zumbido de un celular y el segundo levantó la mano izquierda y se puso a escuchar con la oreja en el pulgar y a hablar por el meñique extendido. Cuando colgó, explicó que los de Nokia le habían instalado un chip. Mientras tanto, el de Cádiz estaba alucinado perdido y para no quedar como un antiguo, levantó una pierna, se tiró tres pedos y anunció que le iban a mandar un fax. Este es sólo un ejemplo más de la avanzada tecnología que hoy está presente en estos teléfonos, los cuales hasta han perdido su nombre genérico. Ahora se llaman Smartphones y PDAS. Me acaban de entregar uno de esos y estoy perplejo de todas las aplicaciones que tiene y de las ampliaciones que se pueden descargar. Hace de todo: fotos, vídeos, envía mensajes y e-mails, reproduce música, enseña idiomas, traduce palabras, te permite orientarte con mapas y localiza tu posición con un reducido margen de error, mide distancias, te despierta por la mañana...Vamos, que sólo le falta hacer café y tostadas, mandarle ultrasonidos a mis zagales para que no sean tan salvajes, confesarme online de mis pecados, calcular la probabilidad de los números de la primitiva y, sobre todo, conseguir que sonría y sea tan feliz como cuando estoy en compañía de mi familia y amigos. Porque ni el mejor móvil puede emular el beso de la mujer amada ni la carcajada que viene detrás del chiste. Porque si tú me llamas y me dices ven, lo dejo todo.


Sobre esta noticia

Autor:
Alfonso Martínez Pretel (202 noticias)
Fuente:
miralfondo.blogspot.com
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