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Ricard Monforte i Vidal

26/10/2010 00:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hace ya un año que sólo se siente la huella de su presencia. Allá donde quiera que esté, quizás con un cuaderno en la mano, el bolígrafo en el bolsillo de la camisa, la mirada atenta y el semblante concentrado en el mínimo atisbo de inspiración, está Ricard Monforte i Vidal

Por donde sus letras transitaron, se le recuerda, en forma de poesía, de música, de amistad, amor o entrega. Estudiaba a la persona, leía sus escritos, la dejaba hacer y la corregía con cariño o exponía sus opiniones sin dañar, con cuidado y con creatividad. En los sitios donde Ricard dejaba su presencia había paz y crecimiento espiritual. Ello le pudo acarrear algunos problemas porque a veces, la gente no sabe conciliar y se niega a sí misma el crecimiento interior, cayendo en las garras de la manipulación, el acoso y la necedad. Pero Ricard era caballero ducho en estas lides y salía airoso sin herir. Quizás él sí llevara algún rasguño, sobre todo en su corazón pero no se lo dejaba conocer a su adversario quien, asombrado, le daba la mano y se enorgullecía de tener contacto con una persona de gran calidad.

(c) Wella. Metáforas.com.es

No forzaba, no obligaba. La persona iba puliendo sus letras sabiéndose aceptada y encarrilada por un espíritu positivo. Al final, el premio era triple: uno por el trabajo bien hecho, dos por el bagage aprendido y tres por el contacto con el maestro, que se retiraba con dulzura mientras los compañeros celebraban el final de las dificultades.

Ricard no sólo fue poeta, padre, amante, amigo, persona o maestro. Fue inspiración, texto, ideas, creación, certidumbre, respuestas, esperanza y, sobre todo, sonrisas

(c) Metáforas.com.es

El día 7 de agosto de 2010 fue una jornada especial. Pocos días atrás se detectó una tormenta solar y sus rayos llegaban hacia nuestro planeta. En contra de lo que pudiera parecer - el tremendismo, en ocasiones, parece inherente al ser humano - el sol se desquitó de parte de su energía y envió a la Tierra bellísimos regalos en forma de auroras boreales. Pero lo fantástico fue que en nuestro planeta, había nubes cubriendo los lugares donde los efectos de la tormenta se notarían más. La naturaleza es protectora y amiga constante, y siempre intenta encontrar una conciliación entre el ser humano, las cosas que lo rodean y lo que desconoce. Quizás, entonces, alguien que en aquellos momentos podía volar y sentirse parte de la magnificencia que rodea a nuestro pequeño planeta, insignificante, como declaraba Carl Sagan, para el resto del universo, recibió junto con las auroras boreales que iban despidiendo al azul desprendido de la atmósfera, dos leves caricias en su rostro: una rojiza y una verdosa. Ricard estaba ahí con su mirada cálida y entrañable y su sonrisa.


Sobre esta noticia

Autor:
María Teresa Aláez García (5 noticias)
Visitas:
593
Tipo:
Opinión
Licencia:
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