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Rineke Dijkstra, potente y sugestiva en Berlín

27/02/2010 23:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una muestra de los últimos trabajos de Rineke Dijkstra (Holanda, 1959), agrupada bajo el título Liverpool, ha quedado estrenada hace tan sólo unos días en la galería alemana Max Hetzler, ubicada en el barrio de Wedding -al norte de Berlín-, un espacio que ha ido ganando relevancia en los últimos años como punto de encuentro de artistas (talleres-estudios) y galeristas.

Nunca viene mal recordar la importancia de esta artista holandesa, de creciente presencia en los circuitos artísticos internacionales. Sin ir más lejos podíamos disfrutar de parte de su trabajo (Park Portraits) en la galería madrileña La Fábrica hace tan solo unos meses. Además, se proyecta para el 2012 una gran retrospectiva de su trabajo en el Solomon R. Guggenheim Museum y en el San Francisco Museum of Modern Art (SFMOMA).

Búsqueda y personalización

Destacada retratista que se fue ganando una reputación internacional a partir de los 90 con sus sugestivos y potentes retratos de personajes en etapas intermedias (adolescentes, madres recién paridas, toreros antes de salir al ruedo, soldados antes y después de ser llamados a filas), en un juego constante de búsqueda y personalización de identidades, construidas, universales, cambiantes. Se podría consideran un interesante trabajo de campo a través del formato fotográfico (estatismo) y videográfico (movimiento) que lleva a la artista en muchas ocasiones a realizar un seguimiento en el tiempo de personas concretas. Su representación de ese evidenciar los cambios físicos de crecimiento y huellas de vivencias además de aquellos elementos que permanecen inmutables y parecen remitir a esa esencia o identidad perseguida. Trabajo que alterna y complementa con el de fotografiar a chicos y chicas de diferentes lugares del mundo bajo un anonimato seleccionado no de un modo caprichoso.

Retratos en color caracterizados por sobria vacuidad en adornos y efectos secundarios embellecedores, y una composición austera sobre un fondo variado pero casi siempre neutral (artificial e interior de estudio aislador ó bien natural: parques, playas) y que se erigen con monumentalidad, potencia y expresividad interior mostrando una identidad descrita a través de signos tales como la vestimenta, maquillaje, tatuajes, y complementos que describen y señalan una edad, una moda y momento histórico, una posición social o una pertenencia a un grupo. Retratos claros y honestos donde se busca a partir de unos tópicos asumidos, desmontarlos en pro de una universalidad individual. Siguiendo la estela de grandes maestros del retrato fotográfico como pudieron y siguen siendo Diane Arbus, August Sander o Sally Mann, y compañera de otros más coetáneos como son Hellen Van Meene o Michal Chelbin, Rineke explora con ahínco y eficacia formal lo que hay detrás de un disfraz y mirada con la selección que sigue por inercia una visión determinada abierta a la indagación lúcida de verdades absolutas.

Videos en instalación

Centrándonos en la muestra que nos ocupa, la serie titulada Liverpool, es el resultado de una colaboración entre la artista y la Tate Liverpool para la exhibición The Fitfh floor: Ideas taking Space. El conjunto de obras se podría dividir en dos partes. La primera la compone una serie de cuatro retratos de adolescentes femeninas, más que dispuestas para la noche. Siguen la línea de la artista (serie de soldados y toreros sobretodo) y de fotógrafos nórdicos como Thomas Ruff: sobrios, descontextualizadores sobre fondo neutro interior, de tres cuartos y tamaño medio (96, 4x75 cm). Esta primera parte la completan cinco videos en instalación (The Krazihouse, Liverpool, UK. Megan, Simon, Nicky, Phillip, Dee. Aprix. 32 min.) sobre varios escolares seleccionados por la artista en una discoteca de la cuidad, llevados al espacio expositivo, donde se habilitó un estudio en el que realizar y grabar las investigaciones. Cada video muestra a un púber bailando su tema musical preferido, pinchado por un dj.

Desde la timidez, vulnerabilidad y tensión más absoluta a la exhibición y el coqueteo, todos reflejan a flaschazos esos intentos de construcción de una identidad, ese querer ser diferente bajo la seguridad de pertenecer a un grupo, de seguir esas reglas, rituales y modas, a la vez que un sentirse perdidos, ridículos o inseguros. Bailes seguramente resultantes de ensayos en soledad frente al espejo de sus habitaciones. Ahora descontextualizados, aislados e iluminados por una luz que deja poco a la imaginación y al disimulo, desaparecida la magia de la ebriedad, la música ensordecedora, y los efectos de una iluminación de neón y confusión, resulta mucho más rotundo poder hacer visible lo invisible.

Parcelas de identidad

En cuanto a la otra parte, Rineke reúne a otro grupo de alumnos, esta vez, menores y uniformados. Dato relevante, y correlacionado, pues ahora, no importan tanto las particularidades externas que focalizan sobre las identidades construidas de los chavales, como lo que se revela a través de los movimientos gestuales incontrolables y espontáneos cuando la artista les requiere describir lo que ven, frente al lienzo Mujer que llora, último de la serie el Guernica de Picasso. Este lote se compone de dos video-instalaciones. Uno de ellos desplegado en horizontal en tres pantallas, que muestra fragmentado un friso de atentos colegiales. Los comienzos tímidos, parcos, acompañados de rictus de atención, escrutinio y cejas fruncidas de concentración pasan a apresurados solapamientos en el tiempo, de opiniones y comentarios, que van derivando en un análisis formal y temático significativo y curioso, alternado con preguntas esenciales, pertinentes, sencillas, pero no por ello triviales. Experimento honesto y nada pretencioso.

El segundo video Ruth drawing a Picasso, muestra como bien describe el título, a una niña copiando el lienzo de Mujer que llora. En este caso, vemos esa concentración, inseguridad (espía, chequea como van sus compañeros fuera de cámara), que nos recuerda a esas figuras de la absorción de Chardin, pero con la diferencia de que en este caso, no está aprendiendo a estar físicamente en el mundo (castillo de naipes, peonza, pompas de jabón...), sino que está aprendiendo a copiar. Choque entre lo natural y lo artificial.

En su conjunto, Rineke Dijkstra despliega un estudio sobre parcelas de la identidad durante esos años en la actualidad, muy curiosa, reveladora y nada crítica. Sin caer en los tópicos ya trillados de las tribus urbanas (Miguel Trillo), la lolita (exposiciones como Viva lolita, Puber, Girls on the verge) ó marginales (Larry clark. Tulsa, Kids).

Berlín. Rineke Dijkstra. Liverpool. Galería Max Hetzler.

Hasta el 27 de marzo de 2010.


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hoyesarte.com
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Tipo:
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