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De Robin Hood a sheriff de Nottingham

11/07/2010 20:37 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Decía Margaret Thatcher que el socialismo tiene un complicado problema con el manejo de los dineros públicos, ya que sus responsables, sin darse cuenta, acaban siempre quedándose sin fondos. La desenfrenada política de gastos de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque de modo involuntario, da la razón a la Dama de Hierro. Son muy pocos los socialistas que, cuando llegan a la presidencia de un país, se encuentran con las arcas públicas tan llenas como Zapatero. Y ninguno de ellos, estoy seguro, fue capaz de vaciarlas tan rápido como él.

Desde su llegada a La Moncloa comenzó su carrera contra reloj a darle giro a la herencia que recibió del anterior presidente, José María Aznar, y lo hizo tan bien que, al poco tiempo, ya no quedaban en las arcas públicas ni telarañas. Con optimismo inusitado, digno de mejor causa, comenzó a dar giro a grandes cantidades de dinero, pensando que no se iba a terminar nunca. Zapatero jugaba encantado a ser el Robín Hood de la política y de lo social. Cubrió, como no, muchas necesidades sociales, exactamente igual a como lo hubiera hecho otro presidente cualquiera. Pero al lado de esos gastos necesarios, se le fue la mano en mamandurrias absurdas para cultivar en el extranjero amistades poco recomendables y, cómo no, para comprar apoyos y voluntades en el interior. Que se lo pregunten si no, a esa reata de sátrapas y dictadores hispanoamericanos, a los complacientes titiriteros y demás miembros oportunistas de la farándula y a los del contubernio sindical español.

Todo fue sobre ruedas mientras hubo dinero en caja. Agotado este, se acabó la fiesta. Todo se fue al garete, hasta el tan celebrado talante del presidente. Fue tan poco previsor Zapatero que, ni aún gastando más de lo que se ingresaba, pensó que se agotaría el dinero. Cuando, como era de esperar, la caja quedó vacía, se congeló la fácil sonrisa del presidente y comenzó a pedir sacrificios a los ciudadanos para poder seguir él con sus gastos suntuarios. Aquí es donde Zapatero sufre una transformación radical, deja de ser definitivamente el Robín Hood soñado para convertirse en el odiado sheriff de Nottingham.

A partir de entonces, ya inmerso en el lamentable papel del sheriff de la película, Zapatero se lanza a recaudar fondos entre quienes menos pueden y tienen menos poder de reacción. Ahí está, como muestra evidente del nuevo rumbo, la congelación de las pensiones, el recorte y congelación del sueldo de los trabajadores públicos. Y no termina aquí el atrevimiento de un Zapatero manirroto que carga aún más las tintas sobre los más débiles y los que menos pueden. Lo único que le importa ahora es conseguir dinero para seguir ejerciendo de Rey Mago. Es lo único que sabe hacer, despilfarrar el dinero que necesitan los parados, los indigentes y todos aquellos que viven en la más estricta austeridad y les cuesta llegar a final de mes.

Para acallar las protestas de los que, a pesar de sus obligadas estrecheces económicas, soportan la principal carga de las alegrías derrochadoras del Gobierno, Zapatero blande el anuncio de que va a crear un impuesto especial para esos hipotéticos ricos que después nunca aparecen. El mero anuncio de este pretendido impuesto ilusiona a los suyos, y ya no les duele lo que les sustrae el jefe de la secta.

Como todo este dinero es poco para lo que acostumbra a repartir Zapatero en prebendas, algunas sumamente peregrinas, no duda en acrecentar peligrosamente la deuda pública, hipotecando a toda la ciudadanía española. En los años 2008 y 2009, la deuda pública se incrementó un 47%, registrando el aumento más alto desde 1993. Del total de la deuda pública emitida en 2009, que asciende a la escalofriante cifra de 559.648 millones de euros, el 78% corresponde a la Administración central, el 15, 4% a las comunidades autónomas y el 6% a las corporaciones locales. La deuda pública por habitante en España, en el año 2009, alcanzaba la friolera de los 11.972 euros, 24.293 euros si solamente tenemos en cuenta a la población activa.

El agujero de las cuentas públicas, con su crecimiento desorbitado, es una muestra palpable de la facilidad con que se le va el dinero a Rodríguez Zapatero. Solamente en los primeros cinco meses de 2010, en términos de caja, el déficit público alcanzó la nada despreciable suma de 22.878 millones de euros, cifra notablemente superior a los 19.102 millones que se registraron en el mismo periodo del año 2009. Si seguimos así, llegará en breve el día en que los ingresos estatales no alcancen para pagar los intereses de nuestra deuda.

Desde hace unas fechas, la Unión Europea ha comenzado a tutelar nuestra economía para tratar de poner un poco de orden a todo este desastre económico a donde nos lleva este Gobierno de ineptos. Esperamos que con sus oportunas imposiciones nos aparte del camino seguido por Grecia. El presidente del Gobierno español, con este despilfarro desmedido y absurdo seguido hasta ahora, viene a dar la razón al utopista Claude Henry de Rouvroy, conde de Saint-Simón que, al considerar que el Gobierno es un mal, aboga por su sustitución por una administración de industriales.

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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