Rusia: Vladimir Putin enfrenta los nuevos retos de la democrácia guiada
Ya en el año 2001, a poco de llegar Vladimir Putin a la jefatura del gobierno en Rusia, algunos medios de prensa y académicos occidentales comenzaban a hablar del proceso político existente en ese país, salido de una larga era comunista, como una "Democracia guiada".
Aquella Rusia, humillada por la derrota en la Guerra Fría, los excesos anarco-liberales de desregulacion y privatizaciones sin control en los 90 y una insólita derrota frente a las guerrillas chechenas a mediados de esa misma década, comenzaba a recuperar un poder central fuerte y decidido.
Putin y sus hombres, en su mayoría provenientes de las agencias de inteligencia y de seguridad del Estado, transmitían un nuevo mensaje a la elite de jóvenes megamillonarios y funcionarios corruptos que podría sintetizarse asi: se acabó, un paso más y se desintegra la misma Rusia. A partir de ese momento, el anarco-liberalismo daría lugar a una acumulación de poder central y un disciplinamiento de las nuevas elites. No se les sacarían las fortunas, pero deberían aceptar las nuevas reglas de juego.
La Aplastante victoria en Chechenia en 1999 comenzaría a revertir parte de las humillaciones. Para el año 2003-2004, el boom de las materias primas haría que las masivas exportaciones de petróleo, gas y minerales engrosaran más y más las arcas del repotenciado Estado ruso.
Asimismo, la desmesura neonconservadora en los EEUU post ataques del 11-9 colocaría a Washington en dilemas estratégicos y guerras traumáticas en Irak y Afganistán que Rusia podía comenzar a aprovechar. Basta recordar que una de las dos principales cadenas logísticas que usan los EEUU y la OTAN para la guerra en tierra afgana, pasa por Rusia y depende del buen humor de Moscú para su permanencia. A su vez, las turbulencias en el mundo árabe potenciaron el interés de los países europeos en reforzar acuerdos y contratos gasíferos y petroleros con los rusos.
Con estas espaldas más fuertes, ese yudoca que es Putin, se tomaría también el tiempo de recomenzar a jugar algunas cartas en el hemisferio americano. Básicamente retomando los lazos con Cuba, con la bolivariana Venezuela y con la potencia emergente -y sutilmente desafiante del poder americano- que es Brasil.
El enroque que estableció en su momento Putin con su mano derecha Dmitri Medvédev, hombre no ligado a los aparatos de seguridad del Estado a diferencia de muchos otros del entorno del actual poder, para que éste asumiese el cargo de presidente y Putin pasase a ser primer ministro, tenía una fecha previsible de vencimiento y fue en noviembre pasado. En dicha oportunidad, Medvédev anunció que no buscaría la reelección y que el candidato sería Putin. Si bien en los últimos años algunos en Occidente y en la misma Rusia vieron o quisieron ver tensiones entre ambos, supuestamente por un Medvédev más liberal y modernizador y un Premier más conservador y autoritario, se demostró que el nexo entre ambos fue y es sólido y cada uno sabe el rol que cumple.
Las elecciones del domingo pasado, le dieron al partido oficialista un amplio triunfo, aunque con porcentajes inferiores a años anteriores y sin llegar a la mayoría calificada de dos tercios con que gozaban en la Duma o Parlamento.
Un protagonista menos visible en Occidente en la constelación de poder de la renaciente Rusia, es Vladislav Surkov. Este hombre de menos de 50 años es uno de los principales asesores de Putin y a su vez creador del partido oficialista Rusia Unida. Asimismo, se caracteriza por un magistral manejo de temas como la propaganda y la imagen. Siempre clave, en esta era del "homo videns", en términos de Giovanni Sartori. Surkov es uno de los mentores de términos como "democracia manejada o dirigida". Una forma paternalista de mostrar la necesidad de adaptar los principios de la democracia a la historia y las realidades concretas rusas y no a lo que dicen los manuales occidentales. Demás está decir que las crisis y turbulencias que presentan los países desarrollados desde el 2008 hacen que este término o análisis diste de tener algún respaldo en la opinión pública.
Los Desafíos que afrontará Putin en esta nueva etapa presidencial, seguramente con reelecciones incluidas, serán los de afrontar los problemas de caída demográfica y envejecimiento promedio de la sociedad rusa, el depender menos de las exportaciones de materias primas, el impacto de la "primavera árabe" en zonas de interés estratégico ruso en Medio Oriente, la ex URSS y Asia Central y el creciente poder ideológico y cultural que viene ejerciendo Turquía, un antiguo y tradicional rival del poder ruso. Desafío no menor será también la adaptación a una sociedad rusa en la cual el crecimiento de sus capas medias comienza a generar un moderado pero creciente malestar con la idea de democracia guiada.
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Autor: El Mundo (4210 noticias)
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