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La sangre llueve en mis ojos

05/01/2010 23:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Vuelan camellos por el desierto y los peces gordos se acomodan en el lado socialista y los rápidos me queman la piel

Llueve en mis ojos, escúchame. La sangre llueve en mis ojos y mis lágrimas no limpian mis rodillas sucias. Escúchame. Vuelan camellos por el desierto y los peces gordos se acomodan en el lado socialista y los rápidos me queman la piel. Mi piel es débil, como mis escrúpulos y supura como un torrente un fuego incombustible y atroz. Nos llaman a la guerra y la guerra es una serpiente sin cabeza que colea por la arena sin testigos. Volverás en una camilla, volverás con los pies por delante, sin tus manos, sin tus piernas, te habrán inoculado la gloria, pero la sangre no es escarcha, como las artes de la muerte no te brindarán nada bueno. Traerás odio, te odiarás, porque habrás perdido una parte de tu alma cada vez que apretaste el gatillo.

No pidas perdón. Yo tampoco lo hago por ti. Siquiera le entrego una bolsa de reciclado a un pobre vagabundo rumano, que lo era. Sin entonar palabras me pidió la bolsa de nylon. La bolsa es mía. Y huyes del contenedor al que peregrinan. Como tú huyes de la guerra, porque la guerra es aquel rastro de serpiente embadurnado en sangre.

El barro no es igual si llueven lágrimas o sangre. Las olas han dejado de ser saladas. Ahora son dulces y no hacen espuma. La mar parece una balsa de aceite que rompe las rocas a llamaradas. No hemos de cambiar nada, todo está bien. Tu mutilación será asimilada y la libertad continuará como una cuenta pendiente.

Ni he matado a Dios ni he matado a ningún hombre. ¿Dónde estáis? Aquí hay sitio para todos los que sepáis distinguir entre el bien y el mal

Hay muchas madres que entierran hijos. En los desiertos ondean las banderas. Hay más orgullo que humanidad en este mundo. Los socialistas matan a Dios y los hombres matan a los hombres. Algunos dicen que nos matamos los unos a los otros, porque hay quienes no distinguen entre la víctima y el verdugo. Sin embargo, a nadie le importa ya la inocencia o la culpabilidad de los cadáveres que yacen olvidados en las cunetas. La sociedad se ha endeudado demasiado. Su mayor lacra es sin duda el relativismo.

Llueve en mis ojos. Y la niebla me oculta en mi soledad. La humedad cubre mis dedos y mi garganta. Estás irritado, piensas, quieres respirar con fuerza y tus pulmones te traicionan. Dime, ¿qué piensas? Los caídos en la contienda no recibirán gratitud alguna, pero sus familias necesitan compasión. Los lunáticos se salen con la suya, aquí, allá. Si no es un dictador quien les da coba, será un sistema bipartidista, será un enloquecido nacionalista, pobres de espíritu, malditos miserables del siglo veintiuno; todo se vende, todo se compra, hasta la dignidad de la que nunca se gozó.

Llega mi noche y recapacito. No somos culpables, somos víctimas. Los que cruzamos las calles, los que vivimos en paz, los que decimos la verdad y nuestra verdad siempre coincide con lo que pensamos o sentimos. Somos víctimas de los verdugos que venden sus vidas al mejor postor y ponen coto a la libertad y a la razón no consumadas. Pasan los siglos entre guerras y cambios y parafernalias varias. La humanidad se desvanece en los ataúdes dorados. A mí me ruegan esperanza mientras me piden que soporte los gritos, los temblores y el frío. En estos tiempos tan cálidos hay demasiado corazón helado. Somos sólo un pergamino en manos del destino que dicen nos pertenece. Y la sociedad vomita sus propias desgracias en decenas de populistas canales de televisión. Necios y cobardes se refugian en la joya de la miseria ajena. Sus cúpulas se caen aún sin haber sido azotadas por el viento. Cúbranse, cúbranse y a mí déjenme vivir en paz. Ni he matado a Dios ni he matado a ningún hombre. ¿Dónde estáis? Aquí hay sitio para todos los que sepáis distinguir entre el bien y el mal. Unos asesinan, otros mueren por la libertad y siempre son los mismos quienes se aprovechan.

Paco Bono

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Autor:
Paco Bono (52 noticias)
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Opinión
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