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El santón de Paracuellos de Jarama

20/04/2010 14:04 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Autor: José Luis Valladares

El pasado día 6 de abril apareció publicado en El País el interesante chat que sostuvo Santiago Carrillo con lectores del citado periódico. En dicho chat, Carrillo trata de dulcificar su controvertida personalidad y hacernos creer que lo que de él se cuenta, en buena medida, no es más que propaganda interesada y falaz. Pero a través de sus respuestas aparece la verdadera dimensión del antiguo consejero de Orden Público de la Junta de Defensa madrileña. Es evidente que el marxismo, a lo largo de su torva historia, ha generado verdaderos monstruos y Carrillo es uno de ellos.

El ex dirigente comunista es la imagen viva del camaleón, ya que es pintoresco como dicho saurio, y cambia de color de acuerdo con las circunstancias. Parecía haberse moderado, pero desde que el PSOE comenzó a homenajearle, volvió por sus fueros y apareciendo en él, con toda crudeza, el totalitarismo de siempre. No se ha enterado que está siendo utilizado sibilinamente por Zapatero en beneficio propio. Por decirlo de una manera gráfica, se ha convertido en el "tonto útil" del PSOE.

Respondiendo a una pregunta de uno de los internautas, dice que su mejor recuerdo es el de la fundación de las Juventudes Socialistas Unificadas, acto que tuvo lugar en marzo de 1936. Aquel fue, dice Carrillo, "un acontecimiento importante, porque era el primer paso de unidad de socialistas y comunistas en una situación en que esa unidad era muy importante para la defensa de la República". También señala que el peor recuerdo que le viene a la memoria es el del día en que perdieron la guerra. Cuando otro internauta se interesa sobre si IU debiera haber condenado la muerte de Orlando Zapata y los atropellos del castrismo contra los disidentes, prefirió no mojarse y contestó escuetamente: "En cuanto a lo de Cuba, hoy no toca hablar de eso".

A preguntas sobre la situación actual de España y sobre el sumario del caso Gürtel, Santiago Carrillo se despachó a gusto. Con la verborrea vacua y malintencionada a que nos tiene acostumbrados, apostillo que se trata de "una situación muy confusa, muy compleja, por la crisis económica, y por los procesos de corrupción de miembros del Partido Popular" y que trae como consecuencia el desprestigio de la clase política. La corrupción, dice, es un cáncer en la democracia y es debida, ante todo, al sistema político-social que impone el capitalismo. "Lo grave de esta lacra es que hace perder la confianza en la política y en todos los políticos y crea siempre un terreno favorable a la aparición de un salvador que dictatorialmente nos saque de esa situación. Y ahí nos encontramos sin libertades y con más corrupción. Yo creo que en este país hay un partido, el Partido Popular, que o realiza seria renovación, o debería dejar de ser una alternativa de gobierno, porque un partido que ha llegado al extremo al que ha llegado éste, puede convertirse en un peligro para la democracia".

La corrupción, según Carrillo, es consustancial al Partido Popular. El PSOE actual, en cambio, está libre de esa lacra. Ante todo hay que ser agradecidos al trato que le están dispensando las huestes de Zapatero. Por eso dice que, en el pasado, hubo casos de corrupción en el PSOE, pero fueron debidamente juzgados. Incluso, agrega, "el Gobierno del PSOE, en un momento dado, fue capaz de capturar, nada menos que en Laos, a uno de los miembros corruptos de ese partido". Seguro que, con la ayuda de Santiago Carrillo, la cúpula de Interior de entonces localizó por fin al famoso capitán Khan que, supuestamente, entregó a Luis Roldan.

El comportamiento del Partido Popular, según el antiguo dirigente del Partido Comunista, es muy distinto al del PSOE. Es cierto, dice, que Rajoy ha condenado a Matas. Pero hay indicios claros de que personalidades del PP, comprometidas con la trama Gürtel, están en cierto modo protegidas por el partido. A esto hay que agregar, faltaría más, que Carrillo "duda de la independencia real de los jueces". El PSOE, en cambio, sería un partido inmaculado en cuanto a corrupción se refiere. Dejando a un lado la financiación del partido socialista con Filesa, Malesa y Time Sport, habría que borrar de un plumazo lo de Merca-Sevilla, el caso Pretoria, Caja Castilla La Mancha, la empresa MATSA donde trabaja la hija de Chaves y otros muchos casos por el estilo. El mismo José Bono aún no ha explicado fehacientemente el origen de su patrimonio. Y ¿qué pasa con las deudas millonarias de los socialistas, perdonadas por los Bancos, deudas que ascendían a unos 40 millones aproximadamente? ¿Acaso son actos de beneficencia por parte de las entidades bancarias?

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Ante la intervención de otro internauta, que se interesaba por su actitud ante el revisionismo de Garzón sobre los crímenes de la Guerra Civil y el Franquismo, dice que los crímenes del campo republicano fueron "mucho menores de los que hubo en el franquista". Además, agrega, los cometidos por los republicanos "fueron juzgados muy severamente al terminar la guerra por el régimen franquista. Miles de personas fueron ejecutadas como consecuencia de aquello. A las ejecuciones se unió el denigramiento de esas personas. Creo que si hubiera que juzgar hoy algún crimen, sería el de los franquistas que naturalmente no sólo no se juzgaron a sí mismos, sino que glorificaron y premiaron a los autores de sus crímenes".

Es evidente que Carrillo, en la actualidad, no tiene que dar cuenta de sus actuaciones durante la Guerra Civil. Fue amnistiado de todos sus delitos, exactamente lo mismo que los del otro bando contendiente. Precisamente por este motivo, el ex dirigente comunista debería guardar, cuando menos, un prudente silencio. Evitaría que parte de la sociedad entre a saco en su vida y le recuerde sus terribles crímenes, tan numerosos al menos como los de los franquistas, pero mucho más odiosos por el inexplicable sadismo con que se llevaron a cabo. Las declaraciones de Ramón Torrecilla Guijarro, colaborador directo de Carrillo en las macabras sacas de las checas madrileñas, dejan al descubierto la brutalidad macabra con que eran tratadas las víctimas.

Entre los crímenes de Santiago Carrillo, nos encontramos con el asesinato de jovencitos, prácticamente niños, por el delito terrible de asistir a misa los domingos. Entre los asesinados hay también cantidad de seminaristas imberbes y muchas monjitas que, al parecer, entrañaban un gran peligro para la República. A Carrillo, por hablar más de la cuenta, le está pasando lo que a Zapatero con su abuelo. Nadie se acordaba ya de que había existido un tal capitán Lozano, duro represor de los mineros en el año 1934, pero desleal posteriormente con sus compañeros por sus relaciones ocultas con los republicanos. Y en cualquiera de los dos bandos, es normal que personajes así fueran tratados como traidores.

Los incontables crímenes de Carrillo continuaron aún después de terminada la Guerra Civil. Más de un compañero de partido o camarada, como se decía entonces, fue asesinado por orden suya, cuando compartía responsabilidades de mando en el PCE con Dolores Ibárruri, La Pasionaria. Y su osadía era tal, que procuraba que los familiares de la víctima creyeran que había sido la Guardia Civil la culpable de su muerte. Es, por ejemplo, el caso de Víctor García García, alias el brasileño. Pero, eso sí, según confesó en El País, allá por el año 2005, nunca tuvo problemas de conciencia. Faltaría más.

Este es el auténtico Carrillo y no el que él esconde torpemente detrás de sus recomendaciones éticas y morales, que prodiga a través de los micrófonos de la cadena SER. Quien no sepa de qué va, creerá que se trata de un santo muy preocupado por la democracia y por hacer el bien a todos los ciudadanos. Un demócrata consumado. Pero todo el mundo sabe que Carrillo es el símbolo viviente del totalitarismo más abyecto e ignominioso que te puedas encontrar. Su verdadera medida ya la dio siendo aún muy joven, cuando dirigía el periódico Renovación, órgano oficial de la Federación de Juventudes Socialistas de España.

Fue en este periódico donde Santiago Carrillo hizo sus pinitos de estimulador de la violencia, escribiendo el "Decálogo del joven socialista", allá por 1934. Su manera de luchar por la libertad y la democracia queda muy bien reflejada en el punto sétimo y octavo de su decálogo. El punto sétimo reza así: "Ha de acostumbrarse (el joven socialista) a pensar que en los momentos revolucionarios la democracia interna en la organización en un estorbo. El jefe superior debe ser ciegamente obedecido, como asimismo el jefe de cada grupo". Y remacha en el octavo: "La única idea que hoy debe tener grabada el joven socialista en su cerebro es que el socialismo sólo puede imponerse por la violencia, y que aquel compañero que propugne lo contrario, que tenga todavía sueños democráticos, sea alto, sea bajo, no pasa de ser un traidor, consciente o inconscientemente". Todo esto, claro está, lo puso en práctica Santiago Carrillo una vez fue nombrado consejero de Orden Público en la Junta de Defensa de Madrid, sembrando de muertos el arroyo de San José, en Paracuellos de Jarama y el soto de Aldovea, en Torrejón de Ardoz. Este es el verdadero Santiago Carrillo Solares.

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Gilwellian (22/04/2010)

En todas partes cuecen habas...