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La creación de un Santuario de Ballenas es muy posible, a pesar de la oposición de varias estados

21/10/2016 10:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Atlántico Sur se convierte en un santuario para los cetáceos: 20 millones de km2 (como Rusia y la India juntos) que protegerían a 51 especies. Este mar ha sido el cazadero más grande de la historia

Los 88 países de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) deciden desde este 20 de octubre si el Atlántico Sur se convierte en un santuario para los cetáceos: 20 millones de km2 (como Rusia y la India juntos) que protegerían a 51 especies.

Esta parte del océano –entre el ecuador y el paralelo -40– ha sido el cazadero más grande de la historia. La pesca de ballenas ha supuesto probablemente la mayor cacería que ha ejecutado la humanidad: tres millones de presas en un siglo, hasta 1999, de las que el 70% se abatieron en esas latitudes, según los datos de la comisión.

Aunque la pesca comercial está mayoritariamente suspendida desde 1986, miles de ballenas y delfines mueren cada año por acción humana directa: caza denominada científica, capturas de los países que no respetan la moratoria comercial, choques con el tráfico marino, lesiones con las artes de pesca industrial… El documento de propuesta sometido a votación, presentado por Brasil, detalla cómo se "reducirían a cero las capturas deliberadas, y se reduciría la mortalidad debida a las artes de pesca y las colisiones".

Promoviendo Santuarios Ballenero. A pesar que la creación de santuarios de ballenas es una parte integral del trabajo de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), algunos países como Japón, Islandia y Noruega se oponen a la creación de estas áreas de protección marina. Incluso matan especies protegidas y en peligro en zonas designadas como santuarios por la misma CBI, como es el caso de Japón en el santuario de ballenas del Océano Austral y la matanza de ballenas de aleta.

Actualmente existen otros santuarios de ballenas creados por la CBI. Algunos están localizados en el Océano Indico y el Océano Austral. Uno de ellos fue promovido por el gobierno de las islas Seychelles, en 1979. El segundo, propuesto por el gobierno de Francia, fue establecido en 1994. Unidos, ambos santuarios abarcan una área de protección de varios millones de kilómetros cuadrados. Hay otro santuario en la Baja California.

Sin embargo han pasado casi veinte años desde la creación del último santuario de ballenas. Nuevas y crecientes amenazas ambientales y sanitarias, a las que se suma una agresiva política de las naciones balleneras para reanudar la caza comercial de ballenas a gran escala en aguas internacionales hacen más necesario que nunca el establecimiento de nuevas áreas de protección para los cetáceos en aguas internacionales.

Desde 2001, Brasil y Argentina han liderado una propuesta para establecer un Santuario de Ballenas en el Atlántico Sur y en el 2012, Uruguay tambien se ha sumado como co-patrocinante. Esta propuesta cuenta con el apoyo de todos los países latinoamericanos que son miembro de la CBI. Este grupo de países es conocido como Grupo Buenos Aires(GBA).

Al menos 54 especies de cetáceos quedarían protegidas en todo el Atlántico Sur de aprobarse esta propuesta. Siete de ellas corresponden a especies de grandes cetáceos que migran desde sus áreas de reproducción más al norte hacia la región antártica y subantártica para alimentarse durante los meses de verano.

Adicionalmente todos los avances alcanzados en materia de investigación no letal y turismo de avistaje de cetáceos en América Latina y el Caribe se ven amenazados constantemente por la creciente presión de Japón y otras naciones balleneras para reanudar la ballenería industrial en las aguas de esta región. Por lo tanto, la creación del santuario de ballenas del Atlántico Sur es clave para garantizar la sostenibilidad a largo plazo de actividades científicas y productivas relacionadas al uso no letal de cetáceos en la cuenca del Atlántico Sur.

A pesar que las naciones balleneras argumentan que la creación de santuarios de ballenas carece de fundamentos legales, la propuesta de santuario del Atlántico Sur es totalmente consistente con el derecho internacional. La Convención de las Naciones Unidas (Artículos 64, y 194 de CONVEMAR), la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES, Apéndices en subíndice), el Convenio sobre Especies Migratorias (CMS, apéndice I y creación de áreas de protección para especies altamente migratorias), el Convenio sobre Diversidad Biológica (CBD y Principios Addis Abeba), y hasta la misma CBI (resolucion 2007-3) contienen medidas de protección para los cetáceos y/o reconocen el uso no letal/no-extractivo de la biodiversidad.

A pesar de las sólidas justificaciones científicas, legales y económicas que justifican la creación del santuario de ballenas del Atlántico Sur, tras una década de presentación de la propuesta por parte de Argentina y Brasil, la oposición político ideológica de las naciones balleneras han impedido su creación. En particular, la implementación de una corrupta política de “compra de votos” de Japón en la CBI ha impedido alcanzar los tres cuartos de la votación requerida para la adopción de la propuesta. 

A pesar de los esfuerzos y dinero invertido por el gobierno de Japón para detener la adopción del Santuario de Ballenas del Atlántico Sur, el apoyo a la propuesta ha incrementado sistemáticamente durante los años que ha sido presentada a votación.

Tras un receso de tres años producto del fracasado proceso de negociación de la CBI - que intentó eliminar la moratoria sobre la caza comercial de ballenas y legitimar la matanza de ballenas en los santuarios de ballenas - Brasil y Argentina volvieron a presentarla en el 2011 en la 63 Asamblea Plenaria de la CBI (Isla de Jersey, Gran Bretaña). Lamentablemente, al llevarse la propuesta a votacion las naciones balleneras, bajo el liderazgo de Japón, sabotearon la reunión con el único propósito de evitar la votación del santuario de ballenas del Atlántico Sur. Como resultado, la votación quedó suspendida, acordándose que el primer punto de la agenda para la 64 va Reunion de la CBI del 2012 seria el Santuario de Ballenas del Atlántico Sur.

Gracias a la adopción de una resolución que dificulta los actos de corrupción en la CBI, como la "compra de votos" que implementa el gobierno de Japón, se esperaría que la propuesta pudiese alcanzar finalmente el 75% de los votos necesarios para ser establecido. Sin embargo, el reciente uso de fondos públicos japoneses que originalmente estaban destinados a la reconstrucción de las zonas devastadas por el triple desastre en Japón, con el objetivo de fortalecer su agresiva política ballenera, constituye un llamado de alerta al Grupo Buenos Aires y todas las naciones conservacionistas.

Por ello, es clave asegurar la participación con derecho a voto de todos los miembros del Grupo Buenos Aires durante la reunión de la CBI en Panamá con el fin de defender los intereses de América Latina y El Caribe, así como trabajar coordinadamente durante los meses previos a la reunión para implementar estrategias que bloqueen los intentos de las naciones balleneros de sabotear nuevamente la creación de esta importante área de protección para los cetáceos y los intereses de cientos de comunidades y millones de personas de la región que se benefician directa o indirectamente del uso no letal de estos mamíferos marinos.

"Es un momento histórico y muy importante", explica Celia Ojeda, responsable de Océanos y Pesca de Greenpeace. Para esta bióloga marina, la importancia radica en que "el hemisferio sur es donde muchas especies van a alimentarse y reproducirse" antes de sus kilométricas migraciones. La reserva les daría un respiro.

Este cetáceo ha sido muy perseguido y es consolador que por lo menos tenga un lugar en el que puede criarse tranquilo

Si el plan está impulsado por Brasil y copatrocinado por Argentina, Gabón, Suráfrica y Uruguay, la oposición tiene a Japón como punta de lanza. El país nipón es uno de los que más ejemplares caza cada año: 520 ballenas en 2015, bajo el epígrafe o excusa de captura científica. En este grupo también se encuentran estados que no respetan la moratoria comercial como Noruega (que cazó 660 rorcuales el año pasado) o Islandia (que capturó 189 la mayoría en su llamado Fiordo de las Ballenas). Entre 2014 y 2015, la caza de ballenas subió un 18% entre todas las modalidades, según el informe bianual de la CBI.

Celia Ojeda cuenta que la presión para que no exista santuario se basa en convencer a "pequeños países que tienen poco o ningún interés ballenero". Ilustra ese juego la última votación sobre este santuario llevada a cabo en 2014 en la que estados como Granada, Gabón, Eritrea, Kiribati, Laos, Mongolia, San Kitts & Nevis, Tanzania, Camerún o Antigua se opusieron a que el Atlántico Sur fuera refugio. "Los intereses comerciales son muy fuertes", concluye Ojeda.

El mar no es solo de los buques

Actualmente existen dos santuarios de ballenas: uno poco conocido en el Índico Sur y otro, mucho más célebre en el Antártico. El proyecto que se vota en Portoroz (Eslovenia), crearía una zona de seguridad o protección más allá de la mera prohibición de la caza.

El Atlántico Sur ha sido el océano de mayor caza de ballenas. De hecho, el informe técnico justificativo de la propuesta remitido a la convención especifica que el mayor peligro para los grupos de cetáceos son los accidentes de pesca: "Actualmente, las capturas accidentales (fruto de la actividad de las flotas que persiguen otras especies) son la causa potencial más significativa de muerte inducida por los humanos" y añade: "Se sabe que ocurre con pesqueros en el Atlántico Sur".

Además, acotar esta área debería atenuar otro de los motivos principales de mortandad de cetáceos: los choques con buques en el mar. Los barcos son cada vez "más grandes y precisan canales más amplios y profundos", señala el mismo informe.

La cuestión es que la recuperación de algunas variedades de ballenas y el incremento del tráfico marino ha creado "una competencia por las aguas costeras según crece el número de buques cada vez más grandes y veloces que tocan puerto en los países de la zona". Los registros de choques han ido aumentando tanto en Brasil como en Argentina y Uruguay, así como la llegada a las playas de ejemplares severamente heridos por golpes o cortes con las hélices.

 

En tiempos de Hernán Cortés en la Península de Baja California en el siglo XVI, México todavía no era un país, los conquistadores creyeron haber encontrado una isla y las ballenas arribaban por miles a sus costas en busca de un mar cálido para el invierno. Este espectáculo visual en el Pacífico, que se produce cada año después de que el mamífero marino haya cubierto una de las rutas migratorias más largas del planeta (10.000 kilómetros desde el norte de Alaska), estuvo a punto de desaparecer el siglo pasado, cuando la caza comercial masiva del animal lo puso en peligro de extinción.

Hoy México cuenta con uno de los santuarios de ballena gris más espectaculares del mundo, El Vizcaíno, declarado Patrimonio Mundial Natural por la Unesco en 1993. Para proteger a la especie, en los setenta, dos lagunas del Estado de Baja California Sur (Ojo de Liebre y San Ignacio) fueron decretadas Zona de Refugio de Ballenas. En la actualidad la población del Pacífico oriental, con entre 19.000 y 23.000 ejemplares, se considera recuperada y es la más abundante del animal (la del atlántico norte está extinguida, y la del pacífico occidental, severamente disminuida).

“Este año han llegado 2.305 ballenas a la laguna Ojo de Liebre, de 36.000 hectáreas, y 496 a San Ignacio”, explica el oceanógrafo Pedro Martín Domínguez durante un recorrido por la reserva. En este paraje, los cetáceos se observan de inmediato por todas partes. La lancha motora que cubre la visita apenas mide la mitad que una ballena adulta, de unos quince metros. Su peso alcanza las treinta toneladas, el equivalente a 375 personas de 80 kilos y generalmente nada acompañada de su cría, un ballenato de 4, 5 metros de longitud. Los animales llegan a México para aparearse. La gestación dura entre 12 y 13 meses, por lo que al año siguiente regresan para dar a luz. Cada final de marzo emprenden el camino de regreso al Ártico. Es en aguas gélidas donde pasan el resto del año alimentándose, ya que durante el invierno no comen. Una capa de grasa protege su cuerpo de las bajas temperaturas.

“Conforme el ballenato va creciendo, hacia el final de su estancia en el Pacífico mexicano, la madre permite un mayor contacto entre los humanos y sus crías”, explica Domínguez mientras observa cómo dos enormes ejemplares se asoman por la popa del barco. “Ninguna embarcación puede aproximarse a más de 30 metros de las ballenas, pero al revés, ellas sí se acercan a las lanchas atraídas por la curiosidad, el sonido del motor y el timbre de voz de niños y mujeres”, añade. La piel del animal, color gris pizarra y blanca, es muy suave y carece de pelos. De cerca, los surcos que presenta parecen arrugas y se aprecian bien los puntos amarillos que recubren el cuerpo de las más grandes, en realidad crustáceos parásitos. Durante un buen rato se quedan jugando con los reporteros, tranquilas, cruzando el barco por debajo de un lado a otro. El sonido que emiten al respirar es intenso y el chorro de agua posterior alcanza fácilmente los dos metros de altura, mojando a turistas con sus cámaras. Desde la laguna no se ve ya tierra firme, solo las dunas que rodean sus aguas. La civilización parece estar muy lejos de este lugar.

La Secretaría de Medio Ambiente (SEMARNAT) gestiona el área natural. La actividad turística, promovida por empresas locales, representa una importante derrama económica para Baja California Sur. Según datos de la Dirección de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno, en promedio, cada temporada visitan la región alrededor de 10.000 turistas, lo que genera ingresos estimados en 2 millones de dólares para las comunidades costeras.

Sin embargo, la laguna es todavía un enclave virgen, ubicada a unos kilómetros del puerto de Guerrero Negro, donde se encuentra la mayor exportadora salina del mundo. Para llegar a este municipio, una modesta localidad entre el mar y el desierto cuya población (13.000 habitantes) se abastece de un supermercado situado a más de 200 kilómetros, el medio de transporte más rápido es la carretera. En coche se hacen unas nueve horas desde La Paz, la capital de Baja California Sur, y siete desde Ensenada, al norte. Dos compañías locales vuelan hasta el lugar, pero los aviones no siempre salen si no completan el pasaje.

Aunque la organización ambiental WWF alerta de riesgos en la explotación turística de los avistamientos, el colectivo reconoce que “es más frecuente que las afectaciones por la observación de ballenas se presenten a lo largo de la ruta migratoria”.

La situación en México difiere del resto del mundo. Según WWF, los peligros hoy se encuentran en Alaska, su zona de alimentación, cuya estabilidad “podría estar comprometida” por la apertura de nuevos pozos petroleros. Además, cuando migran, las colisiones con barcos, la contaminación y las artes de pesca, como redes y trampas, son sus amenazas principales.

El ruido submarino por tránsito de embarcaciones o cualquier proceso industrial (perforaciones petroleras, minería submarina) también ponen en riesgo su salud, señala la organización. Si logran sortear tantos peligros, en unos meses estarán de vuelta en el santuario, su refugio más seguro.


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