10:49 (01-06-2012)
Eugenia López Muñoz
Publicada el 31-01-2012 11:38 4 2

El peón negro: Secuencia primera

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Novela sobre los atentados del 11 de marzo en Madrid. Muchos piensan que hubo una conspiración política detrás. Cloacas del Estado, agentes de inteligencia... pero sobre todo políticos sin escrúpulos. Pocos saben lo que pasó en realidad y lo mantienen en secreto

[Novela publicada en Amazon]

Los acontecimientos dan la impresión de ser desconcertantes hasta que aparece un patrón que les da sentido. Entonces todas las piezas del puzle encajan en el guion de juego. Mientras tanto, las teorías se multiplican hasta el punto de que la ficción contamina la realidad y al revés. Es el tiempo en el que todo puede formar parte del relato. Lo que pasó o pudo haber pasado circula por las venas de Internet. Si algo existe, está y seguirá en Gúguel sin derecho al olvido.

El peón negro - Novela sobre el 11M

(1) Bagdad - Damasco

Es de noche. La casa está derruida. Dos niños duermen sobre un colchón en el patio. La madre los ha tapado con una manta de flores grandes. En una escaramuza nocturna, llegan hasta allí varios soldados norteamericanos persiguiendo a unos chiíes que habían atentado contra un convoy suyo. Tres bajas y dos heridos graves. Los americanos ven una sombra moverse en la oscuridad. Es el marido que los oye llegar, sale del lecho y corre a esconderse. Los militares hacen un barrido con sus rifles de asalto M-16. Cada cargador tiene treinta balas. El hombre cae muerto. La mujer, aturdida aún por el sueño, corre hacia donde están sus hijos. La visibilidad es mala. Cualquier cosa que se mueva es una amenaza. La abaten a tiros. Los niños corren despavoridos hacia los escombros. Los alcanzan antes de llegar. La madre aún está viva. Grita. Se arrastra hacia ellos. Un tiro de gracia acaba con ella. Siraj Nasser está oculto entre los escombros. Desde ahí ve parte de la secuencia. Los soldados comprueban la identidad de las víctimas. No eran los objetivos. Uno vomita viendo a los críos en un charco de sangre. Aún no se ha hecho al ritmo local, piensa Siraj Nasser desde su escondite. Bagdad es un campo de batalla. El niño más pequeño aún tiene pulso.

-Por poco tiempo -dice el suboficial al mando.

Los americanos dejan los cuerpos donde habían caído y continúan su búsqueda. Los insurgentes que persiguen no pueden andar lejos. Tal vez se hayan escondido en alguna casa o en lo que queda de ellas. Están en el barrio de Ciudad Sadr, un suburbio al este de Bagdad. Se oyen cohetes y disparos de otro comando de las fuerzas de ocupación. Caen bastantes vestidos de civil. Los americanos dan por hecho que los muertos son los milicianos que perseguían. Probablemente los chiíes que volaron el convoy estadounidense siguen vivos, piensa Nasser. Eran sus amigos. Antes de salir, Nasser espera a que pase el peligro. La patrulla norteamericana aún anda por la zona. Nasser abandona su refugio. Comprueba el estado de los cuerpos. Todos han muerto ya. Alinea a la madre con los hijos y tapa sus cadáveres con la manta de flores. El marido está demasiado lejos para arrastrarlo hacia allí. Tampoco merecía estar junto a ellos. Intentó huir sin pensar en su familia. El ser humano se muestra tal cual es en situaciones límites. De eso no le cabía ninguna duda a Nasser.

La muerte ha perseguido a Siraj Nasser buena parte del día. Sobre las 15:45 de la tarde, los insurgentes de Saddam atacaron con lanzagranadas RPG y fusiles de asalto Kalashnikov a un convoy español. Dos todoterrenos sin blindaje que iban hacia las bases españolas de Diwaniya y Nayaf. Pasaban por la zona de Latifiya, a unos treinta kilómetros al sur de Bagdad. Allí les tendieron la emboscada desde un coche blanco que les seguía. Los españoles eran ocho agentes de inteligencia. Sus posibilidades de defensa fueron insuficientes. Contaban con pistolas de dieciséis disparos, frente a los AK-47 de los insurgentes que disparan treinta proyectiles en tres segundos sin levantar el dedo del gatillo. La cadencia de tiro de un Kalashnikov en modo automático es de seiscientos disparos por minuto.

Algunos cuerpos estaban calcinados junto a los coches que también ardían a un lado de la carretera. Fueron los proyectiles con cabezas HEAT para atacar vehículos. Muchachos iraquíes y algunos niños celebraban su muerte pisoteando los cadáveres. Siraj Nasser grabó la escena antes de que llegara el equipo del canal británico, que la filmó también para difundir las imágenes de la matanza por el mundo. En España, las televisiones las emitieron repetidamente en sus informativos. Eran las primeras imágenes de cadáveres españoles en Iraq, el primer golpe duro al Gobierno de España. Los insurgentes seguían las recomendaciones de la web islámica. La gente congregada en torno a los agentes muertos aclamaba a Saddam Hussein. Creían que los españoles eran de la CIA. Los que prepararon la emboscada conocían perfectamente el objetivo. Sabían que eran españoles. Se trataba de empezar a golpear al Gobierno de España por su intervención en la guerra de Bush. Un colaborador civil iraquí informó a la célula de la resistencia sobre el itinerario de los agentes. El entorno de Al Qaeda había lanzado consignas para atacar a los españoles. El asunto se llevaba en secreto. Todas las informaciones eran y siguen siendo confusas y contradictorias. En un escenario de guerra, todo corre como la pólvora y nada es igual de un día para otro.

Siraj Nasser llegó al poblado antes que la célula que iba a tender la emboscada a los españoles. Esperó allí al comando. Ignoraba la nacionalidad del objetivo. Lo único que no se acaba sabiendo es lo que no se cuenta. Los iraquíes eran conscientes. Siraj Nasser militaba con ellos pero tenía un oscuro pasado. Para sobrevivir, nadie se fía de nadie y mucho menos de las comunicaciones por teléfono o cualquier otra tecnología interceptable. Lo seguro es el boca a boca y las notas en papel que se destruyen con facilidad. Siraj no pudo evitar que asesinaran a los agentes españoles, pero sí salvar al único que consiguió cruzar la carretera en mitad de la refriega. Increpó a la gente que pretendía lincharlo. Se acercó a él y lo besó. Eso contuvo a la multitud. Pero lo más disuasorio fue la ráfaga que disparó al aire con su AK-47. Luego subió al coche blanco y se fueron. Nada más arrancar, los jóvenes volvieron a su danza macabra. Así los encontró instantes después la cadena de televisiónSky News.

La jornada ha sido dura. Demasiadas vidas sesgadas para nada. Como siempre en estos casos. Nasser deja atrás el patio derruido con la familia muerta y sigue hacia la zona de Achuader, en el mismo barrio chií donde se encuentra. Pasa la noche en una casa medio en ruinas. Varias estancias protegidas por los escombros exteriores, aunque en Bagdad nada es seguro de un día para otro. A la mañana siguiente, sale camino de Damasco con Abu al Azizi y otros dos hombres de Abu Musab Al Zarqawi, todos en nómina de la franquicia iraquí de Al Qaeda. Van en el coche blanco que utilizaron para el atentado. No cruzan por el paso fronterizo oficial de Abu Kamal, sino por la carretera que une Siria e Iraq al sur de Al Yarubiyah. Ese punto no consta en los mapas como paso fronterizo. Está cerca de Sinjar, donde Estados Unidos voló un autobús con ciudadanos sirios en los primeros días de guerra con Iraq. Siraj Nasser conoce bien el país. Tiene pasaporte sirio.

Nasser había nacido en Damasco un lunes por la tarde. Llovía. Casi a punto de salir de cuentas, su madre viajó desde París para dar a luz en casa de su padre, Bashar al-Nasser, miembro del partido Baaz y estrecho colaborador, desde los años 70, con la dinastía presidencial de los Assad. La casa familiar era una mansión antigua damascena, situada en las inmediaciones de la Sharia Madhat Basha, la calle Recta que transcurre paralela al Zoco al-Hamidiyah en la Ciudad Vieja de Damasco. Siraj tenía once años cuando declararon la zona patrimonio de la humanidad en 1979. A los pocos meses se fue con sus padres a España.

El padre de su madre, su abuelo, debía de ser impotente. No tuvo más hijos que a su madre. Una mujer como heredera es algo amargo para un árabe. La mujer del abuelo era muy guapa. Su marido estaba loco por ella, por eso no la repudió, o tal vez porque era muy rica y miembro de la familia presidencial. Probablemente la niña ni siquiera era del viejo Nasser. Eso era lo que decía el padre de Siraj para molestar a su mujer. La relación entre ellos fue de mal en peor a partir del tercer año de casados. Su padre, pensaba Siraj, sí que debería haber repudiado a su madre. No merecía estar casada con él. Era una puta. ¿Cómo se llamaba? El nombre no le sale a la primera. Siraj necesita unos segundos para rescatarla del tiempo que lleva sin pensar en ella. Todo acaba por desdibujarse en la memoria. Suerte que el olvido es terapéutico.

Continuará...

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Comentarios de El peón negro: Secuencia primera

Manu (01-02-2012 09:02)

Habrá más secuencias gratis? Me va gustando pero me gustaria leer mas antes d comprar
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más menos

Eugenia López Muñoz (01-02-2012 11:10)

Es posible, aunque vas a tener la oportunidad de seguirla en vídeo próximamente.

juanma (01-02-2012 12:07)

Me gusta. Más capítulos, porfa.

plinius (03-02-2012 09:05)

Me la estoy leyendo. Hay personajes reconocibles. A algunos se les va a ver por Sevilla este fin de semana ¿no?
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Autor: Eugenia López Muñoz (21 noticias)

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