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Seguiré respirando Candel

18/03/2010 22:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Sin conocerte ni verte ni casi leerte (nunca avisabas cuándo ibas a escribir) pero siempre sintiendo tu aliento cuando traspasaba mi exilio del Eixample al lugar en que la ciudad cambia su nombre

No te conocía ni te había visto nunca, te leía a salto de mata y poco más. Sólo sé que en mis primeros escarceos con Barcelona, antes de instalarme definitivamente (hace veintitantos años), cuando enfilaba la Diagonal desde la meseta castellana, respiraba mis dos únicos referentes de la ciudad: que en ella residía mi novia y palpitaba un tal Paco Candel. Nada sabía de parnasos en los que moraban Pla o Espriu, ni de espirales en que revoloteasen Gaudí, Picasso, Dalí o Miró. Tápies y la Fura me sonaban a soslayo contemporáneo. Sólo respiraba en el poso de un tal Francisco, reciente en mí mi estancia en las tierras de Valencia, Cuenca y Teruel, en cuya encrucijada reposan los enclaves de Casas Altas y El Rincón de Ademuz (¿te suenan?). Seguía pensando que los otros catalanes eran unos catalanes raros y distintos, sin reparar en que yo me convertiría en uno de ellos.

Así seguí, sin conocerte ni verte ni casi leerte (nunca avisabas cuándo ibas a escribir) pero siempre sintiendo tu aliento cuando traspasaba mi exilio del Eixample al lugar en que la ciudad cambia su nombre. Sí que era consciente de pertenecer, recién llegado, a esa juventud que aguardaba el fogonazo de la oportunidad que la imanaba a Barcelona. Y con los años, ya asentado, me enteré de que andabas de puntillas por las puntillas de la política de Entesa y por los vericuetos de las concejalías de Hospitalet. Me quedo con lo de que (Ramon Noró dixit) ni siquiera tu paso por la política te estropeó como persona. Y con más años ya, peinando una barba tan cana como la tuya hace otros tantos años, he sufrido viendo hacerse añicos los paisajes a mazazos de la indolencia social que mataba hombres. ¿Premios?, pocos y tarde; te imagino viendo oropel en el oro de la Generalitat y esquirlas de papel en las bibliotecas de la Zona Franca porque (esta vez lo dixit Arturo San Agustín) tu problema es que eras buena persona y eso nunca favorece al escritor.

¿Qué más?, ¿intuirte de paseo con Maruja Martínez de un brazo y del otro Joana Garcés, espoleando dos criaturas que ya empiezan a vislumbrar que ser obrero no es ninguna ganga?, ¿intuirte a ti mascullando, a su zaga, que ser Paco Candel tampoco es una bicoca? Te intuyo y te respiro, jadeante en la paradoja franciscana de la fragilidad fortalecida, convencido de que hemos paseado paralelos (es decir, condenados a no encontrarnos ni en el infinito), tú por tu proletario enclave de la Marina y yo por mi burguesa calle Marina, pensativas centrifugadoras de la tristeza propia y de la ajena.

Un aire (debe ser sólo eso, una brisa) cacarea que falleciste. Imposible. Si ni te conocía, ni te había visto nunca, ni apenas te deletreaba, es imposible que eso que llaman muerte, puñetera y envidiosa y corrosiva dama (epítetos me auxilien), se apoderase de tu rabia. Que rabia y estímulo son, compañero charnego, tu combustible y nunca se apagan. Por eso yo, con mi estímulo y mi rabia, cuando trasiego de la Diagonal a la meseta y de la meseta a la Diagonal, sigo respirando Candel.

Miguel Virto


Sobre esta noticia

Autor:
Miguel Virto (10 noticias)
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Tipo:
Opinión
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