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El Senado: reformas o despilfarro

13/11/2011 18:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La Cámara Alta acomente reformas en su cocina. Algo más de medio millos de euros cuesta la obra. Pero hay más datos que hacen poner en duda la eficacia de esta institución

Hoy por hoy, hablar de cifras extraordinarias, números que se disfrazan en cantidades ingentes de dinero, resulta ya tan común y estresante como romperse la cabeza ante un sudoku. Ya no hablo de que un 27% de todo un año del PIB mundial se haya destinado en salvar el sistema financiero. Ni si quiera de los sueldos vitalicios a políticos por valor de 62.000 euros anuales. Ni de lo que se gastan los partidos en publicidad nada subliminal. Sin embargo, después de convencernos a fuego de hacernos otro agujero en el cinturón, después de regalar, sólo en España, 150.000 millones a los bancos y de reducir el gasto público en 50.000 millones, resulta que el mensaje sólo iba dirigido a ciertos sectores. No se puede entender si no cómo, a pocos días de unas elecciones generales marcadas por la austeridad, la Cámara Alta o el Senado, como ustedes prefieran, puede permitirse anunciar que va a gastar 535.848 euros. Y si es que no se ha podido redondear a medio millón es porque seguro han pedido la factura con IVA.

Parece ser que van a gastar el dinero en hacer obras en la cocina y los vestuarios del Senado; una "inversión", como dicen ellos. Y desde luego que inversión, al menos en calidad de vida. Esta ostentosa reforma hace patente el nulo compromiso con la realidad social, limpiándose el trasero con la filosofía de austeridad que hasta el momento se ha estado predicando. Es decir, se les dice a los pensionistas que no hay más remedio, sus sueldos deben conservarse en la nevera ve tú a saber hasta cuándo; se les dice que con 65 todavía queda vitalidad suficiente para seguir un par de añitos más; mientras tanto, la Cámara Alta invierte el dinero en remodelar la cocina y buscarse un buen asiento que consuele sus más profundos estreñimientos. Se está haciendo en gran escala lo que se ha criticado individualmente durante todo este tiempo, no gastar cuando no se tiene. Sin embargo, este dinero no resulta gasto adicional alguno, ya que, bajo su propio criterio, venía ya programada en la reorganización de presupuestos.

La figura del senador está bien defendida, al menos por 264 opiniones firmes, que defienden que el senador se encuentra para algo más que para estar sentado, sin importar muy bien dónde. Pues bien, la función de un senador recorre ámbitos bien amplios, enmarcado más o menos dentro del desarrollo autonómico y la política regional. Entre sus muchas funciones se encuentran la de autorizar acuerdos, adoptar medidas de obligatoriedad para con las Comunidades Autónomas, empujándolas a cumplir lo establecido constitucional y legalmente, estudiar y analizar los textos ya aprobados por el Congreso, realizar vetos o enmiendas; se encargan de autorizar o denegar la ratificación de tratados internacionales; y también, mira por donde, tienen “la facultad de obtener información del Gobierno, someter a debate contradictorio su actuación e instarle a orientar su política en una determinada línea”. Es decir que, visto lo visto, no es que lo hayan hecho muy bien.

La relevancia del Senado queda más patente cuando la comparamos con otros casos europeos. En países como Dinamarca, Noruega o Suecia no existe este organismo. En Alemania, con casi el doble de población que aquí, cuentan con 100 senadores. En EEUU hay uno por cada estado. En España, en esta actual legislatura, ha habido 264. Hagan el cálculo. Autoridades como Maurice Duverger, jurista, politólogo y antiguo miembro del Parlamento Europeo, o el alemán Georg Jellinek, malogrado jurista y teórico del Estado, han sido de la opinión de que el Senado es una cámara absolutamente innecesaria. En España, su desaparición constituiría un ahorro de 35.000 millones de euros al año.

El Senado no han tenido más remedio que contratar un servicio de traducción simultánea que supone actualmente un gasto de 12.000 euros la sesión

Aunque seguro que no es afín a esta opinión el presidente del Senado, con un sueldo que oscila en una remuneración mensual de 11.197, 49 euros, derivados, eso sí, del sueldo como senador (2.918, 67 euros) + los complementos de presidente de la Mesa de la Cámara (3.365, 66) + presidente de Mesa (4.913, 16). Además, todos los senadores cobran un salario mensual de 2.918, 67 euros, al que, en el caso de los vicepresidentes de la Cámara o el presidente, hay que unir una pequeña asignación como vicepresidente de Mesa de 1.283, 14 euros y el complemento como vicepresidente de Mesa de 2.907, 85 euros, lo que hace un total 7.109, 66 euros mensuales. En lo que respecta a los secretarios de la Mesa, suman a sus ingresos como senadores la asignación como secretario de Mesa, de 1.001, 91 euros, y el complemento por el mismo concepto, de 2.672, 20 euros.

En un punto que no debería ir aparte, tiene cabida el gasto que sus señorías han realizado a fin de conseguir un democrático entendimiento, al menos lingüísticamente hablando. Acostumbrados a no entenderse entre ellos (al parecer eran muchas las lenguas oficiales), no han tenido más remedio que contratar un servicio de traducción simultánea que supone actualmente un gasto de 12.000 euros la sesión. Que bien podrían habérselo gastado en unas clases home spanish intensivas, a ver cuándo aguantaban. O por qué no se les obliga a aprender los idiomas que necesiten, oficiales o no, como a cualquier funcionario o maestro. En definitiva, lo que han conseguido son siete intérpretes que deben estar aguantándose el descojone mientras traducen, 400 auriculares para que sus señorías escuchen, y para llevar todo ello a cabo, un presupuesto de 350.000 euros que se han gastado. 350.000 clavados. Pero clavados en la espalda y un poco más debajo de quien escribe, tal vez incluso de quien solo repasa la noticia, que es bien sabido que el lector de a pie es animal de lo más sensible. Y entre tanta profanación, pregunto. ¿Es que acaso no cabe un cambio de prioridades ante la realidad? ¿Es debido a la rigidez de las normas? ¿Tal vea a la desidia de sus señorías? Alguien debería explicarles que en nada puede parecerse una reforma laboral que ellos han bautizado y repartido a todos los españoles con una reforma de cocina y baños que pretenden bautizar ellos en exclusiva.

Entre tanto, sus señorías disfrutan del confort material exclusivo del despilfarro. En su Palacio, intentan, y a veces lo consiguen, relajarse en la sauna; disfrutan del aljibe contra incendios, (así le llaman a la famosa piscina cubierta, aunque disponga de agua climatizada y luces perimetrales); se tonifican en el gimnasio, se relacionan en el comedor (me pregunto si necesitarán entonces de los traductores), se hacen bromas en los vestuarios, se ponen serios en la televisión… Con reforma o sin ella, 206 asientos a senadores se renovarán en las siguientes elecciones. Ellos, los políticos, van haciendo sus listas. Mientras, el resto de mortales va integrando las del paro.


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Autor:
Enrique Madrazo (65 noticias)
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Tipo:
Opinión
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