La Senda de Oso, en Asturias y la casa de Paca y Tola
Asturias tiene alma minera, brazos de roca y piernas hechas para la montaña. Su piel es de musgo, sus lágrimas de lluvia y un traje de bosques cubre sus vergüenzas. Por eso cuando se mira al espejo del mar se siente bella y voluptuosa. Quien quiera ganar sus favores ha de tener en cuenta que Asturias no ama los lujos sino los placeres mundanos. Prefiere ser conquistada sobre una bicicleta que al volante de un Ferrari.La Senda del Oso, a escasos kilómetros de Oviedo, invita a una primera caricia. A lo largo de esta vía verde, antiguo carril ferroviario en forma de Y que transportó carbón y hierro por los valles de Trubia, Teverga y Quirós, aflorarán los encantos que cubren esta tierra. El entorno es de una belleza tan impactante que hasta Casanova le juraría fidelidad. Dos días serán suficientes a la hora de recorrerla. Si no se siente preparado para pedalear, puede afrontar el recorrido al contrario de como lo proponemos. El desnivel de 450 metros le hará rodar pendiente abajo. Pero dejen el miedo a un lado. Incluso atendiendo a nuestra sugerencia, culminar la aventura no resulta complicado. La ruta arranca en la localidad de Trubia, desde donde partiremos al Área de descanso de Tuñón (Km. 11). Allí la escultura de un oso recuerda nuestro objetivo y un Centro de Visitantes muestra los valores naturales de la comarca. Por todas partes la vegetación sale al paso como en un vergel. Hacia el sur, entre prados, surge Villanueva (Km. 18) con su puente románico y sus hórreos. A partir de ese punto distintas pasarelas cruzan sobre el río Trubia y la carretera hasta el Área recreativa de Buyera, en cuyas proximidades se encuentra uno de los atractivos más buscados de la zona, el recinto donde viven Paca y Tola, dos osas rescatadas cuando un furtivo abatió a su madre. Después, la montaña astur regala a los cicloturistas laderas repletas de aldeas camino de Proaza (Km. 21), localidad que alberga la Casa del Oso, para conocer mejor a estos plantígrados.Remar en ValdemurioDesde este punto el paisaje pasa de hermoso a espectacular. El Desfiladero de Peñas Xuntas de Proaza, con el río susurrando a su pie, tiene la culpa. Una caravana de túneles robados a la mole rocosa sorprende al visitante, quien los atraviesa con emoción sin saber que más de un empleado ferroviario, encargado de frenar los vagones saltando de uno a otro, perdió allí la vida debido a su angostura. Queda, a partir de Caranga de Abajo (Km. 25), un tranquilo paraje entre bosques hasta que la vía se hermana de nuevo con la roca en otro impresionante desfiladero, el de Valdecerezales (Km. 31), siguiendo el curso del río Teverga que brama alocado a nuestra vera hasta el final de la ruta en Entrago. Pero no es más que un final falso. La Senda del Oso cuenta con un ramal en Caranga de Abajo que se bifurca hacia la izquierda. Dejaremos esta etapa para una segunda jornada. Entre prados y en continuo ascenso –aquí encontramos el repecho más costoso–, ofrece una vista de los tejados de Caranga de Arriba (Km. 2, 5) antes de adentrarse al desfiladero de Peñas Xuntas de Quirós y acceder al embalse de Valdemurio, donde es posible remar un rato o tomar un helado antes de seguir hasta Santa Marina. Aprovechen el fin de etapa escanciando una sidra fresca en el pueblo de Bárzana. Nada relaja más que ver pasar la vida sentado en una terraza.

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