Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Hoyesarte.com escriba una noticia?

Cuatro siglos de retrato español en Tenerife

01/10/2010 17:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

CajaCanarias celebra desde hoy su centenario en Santa Cruz de Tenerife con la exposición El retrato español en el Prado. Del Greco a Sorolla, en la que se hace patente la calidad, variedad e interés extraordinario que alcanzó este género en España desde inicios del Renacimiento hasta finales del siglo XIX.

A través de 73 obras, seleccionadas entre la colección que conserva el Museo del Prado de autores como El Greco, Sánchez Coello, Velázquez, Murillo, Goya, Madrazo y Sorolla, entre otros, la muestra presenta un amplio recorrido por la historia del retrato español, clave para comprender la evolución de la pintura en España.

Ejemplos más relevantes

El retrato español en el Prado. Del Greco a Sorolla ofrece al público canario la posibilidad de contemplar por primera vez reunidos los ejemplos más relevantes del retrato como género autónomo desde sus inicios, a mediados del siglo XVI, hasta las últimas décadas del siglo XIX. Esta muestra se plantea como una gran exposición tanto por la calidad de las obras que la componen y la categoría de los maestros que las realizaron como por el amplio abanico cronológico que abarca.

Una buena ocasión para disfrutar de un intenso recorrido por el desarrollo estilístico del género del retrato y sus distintas tipologías, así como por los diferentes significados que ha tenido el retrato en España, un género al que se dedicaron los artistas más importantes de la pintura española, pero en el que también tienen cabida algunos de los mejores pintores europeos vinculados en algún momento con nuestro país, comenzando por Tiziano y Antonio Moro, los grandes conformadores del retrato de corte en España.

En el entorno de la corte

En España, el retrato como género autónomo nació en el entorno de la corte. Artistas como Alonso Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz o Juan Carreño de Miranda fueron los encargados de fijar la imagen del monarca y su familia, asumiendo tácitamente un cúmulo de tradiciones y múltiples referencias heredadas que, sin embargo, fueron transformándose a lo largo del tiempo. El papel central que tuvo la monarquía en la sociedad española y en Europa durante buena parte de la Edad Moderna, hizo que fuera desde ese ámbito donde se generara el armazón del género.

Ya en el siglo XIX la importancia de la burguesía como cliente multiplicó el número de retratos. En la colección del Prado están representados con sus obras maestras los principales artistas españoles del siglo, para la mayoría de los cuales el retrato fue un campo de creación privilegiado. Ello hasta el punto de que algunos pintores destacados, como Vicente López, Federico de Madrazo y su hijo Raimundo, se dedicaron en su madurez casi exclusivamente a aquel género, también cultivado con asiduidad por Francisco de Goya y Joaquín Sorolla. Entre estos dos artistas el hilo conductor más claro es la reflexión sobre la gran tradición del Siglo de Oro, principalmente Velázquez.

En esta exposición, comisariada por Leticia Ruiz Gómez, jefa del Departamento de Pintura Española (hasta 1700), y Javier Barón, Jefe de Departamento de Pintura del siglo XIX del Museo del Prado, están representados los mejores artistas españoles y europeos de los siglos XVI al XIX.

Siete secciones, cuatro siglos

El inicio del retrato en la corte. La creación del retrato de corte tuvo su punto de inflexión a mediados de la centuria, ligándose estrechamente a los usos e intereses de la monarquía española y la dinastía de los Austrias. Durante los reinados de Carlos V y Felipe II quedaron establecidos los prototipos fundamentales, basados en la austeridad formal de unas imágenes que debían trasmitir, además de los rasgos de cada individuo, referencias a la posición y estatus que éste ocupaba. Tiziano fue el artífice de los principales modelos, aunque Antonio Moro tuvo también un papel fundamental en ese proceso. El flamenco se caracterizó por una ejecución minuciosa y sobria y una iluminación efectista que reforzaba la impresión de presencia real del retratado, al tiempo que mantenía los más importantes logros iconográficos de Tiziano.

Durante el reinado de Felipe II, Alonso Sánchez Coello o su discípulo Juan Pantoja de la Cruz, asentaron definitivamente esta concepción de retrato que perduraría en el tiempo hasta finales del siglo XVIII.

El retrato en Toledo. El devenir del retrato se vinculó en toda Europa con la expansión de las ciudades. El desarrollo urbano y social convirtió a Toledo en una de las urbes más notables de la península. De Juan Sánchez Cotán, uno de los mejores bodegonistas españoles, no nos ha llegado más retrato que la Barbuda de Peñaranda, un buen ejemplo de un tipo de imágenes que testimoniaba las "rarezas" de la naturaleza.

La figura fundamental del retrato en Toledo fue el Greco, el pintor que nos ha dejado una galería de caballeros castellanos repletos de veracidad expresiva y fuerza interior, una producción que enlaza con la escuela veneciana y que, durante muchos años, se ha visto como la mejor representación de la sociedad toledana. Dos retratos que enlazan con esa intensa visión del cretense puede seguirse en los ejemplos de Luis Tristán y Juan Bautista Maíno, aunque ambos decantándose por las novedades naturalistas del primer cuarto del siglo XVII.

El siglo XVII. Como responsable de los retratos del rey, Velázquez asumió como propias las tradiciones heredadas, convertidas ya en símbolos vivos de continuidad dinástica. Pero además, el deslumbrante desarrollo pictórico del sevillano revitalizó la solvencia de esos modelos, pasando a ser el propio artista y su producción la referencia más persistente de las siguientes generaciones. Así se evidencia en los retratos de Juan Bautista del Mazo, Juan Carreño de Miranda o el italiano Lucas Jordán, quien recuperó para los retratos ecuestres de Carlos II y Mariana de Neoburgo, los de Felipe IV y Mariana de Austria pintados por Velázquez.

De Sevilla, la urbe más próspera y activa de la península, el espectador puede contemplar el retrato de Nicolás Omazur, un rico comerciante y coleccionista de arte que se asentó en la ciudad hispalense. La obra sirve bien para ilustrar la difusión del género a otros sectores de la sociedad, a pesar de ser considerado en la época un medio restringido, útil para perpetuar la memoria de los individuos de más alta condición o de probada ejemplaridad moral.

En esta sección se han incluido retratos de otros excelentes pintores del siglo XVII, como José Antolínez o Juan Carreño de Miranda, representantes del pleno Barroco y, por ello, autores de una pintura donde prima la viveza del color y el dinamismo de las composiciones.

El siglo XVIII. Al iniciarse el siglo XVIII, los Borbones contaron con sus propias formas de representación. Las tradiciones francesas pueden seguirse tanto por la presencia de un retrato de Louis-Michel van Loo como en la pareja de efigies reales del español Miguel Jacinto Meléndez. En ellos prima un sentido de la elegancia y la vivacidad cortesanas que rompen con la contención expresiva de la tradición peninsular.

Un paso más en esta incorporación al panorama europeo que vivió la corona española, fue la presencia en Madrid del más refinado retratista europeo de mediados del siglo, el alemán Antón Rafael Mengs. Este pintor supo atenuar los efectos grandilocuentes de los retratistas franceses, sin perder por ello vivacidad y refinamiento. Su influencia fue notable en muchos de los artistas españoles, incluido Francisco de Goya, quien supo recuperar los componentes esenciales del retrato de corte español. En una gran parte de los retratos de carácter oficial está latente ese espíritu de reivindicación de Velázquez y de la tradición de la "pintura nacional".

A lo largo del XVIII el retrato se hizo extensivo a mayores capas de la sociedad, y una de las innovaciones más notables del género fue el interés por representar no sólo los rasgos físicos o el estatus social, sino también el carácter y la personalidad del retratado.

El primer tercio del siglo XIX. En la evolución de Goya hasta su muerte en 1828, la introspección de sus retratos y la libertad y expresividad de su técnica suponen una modernidad que anticipa no sólo el romanticismo sino también el realismo. Algunos ecos de su pintura se advierten en los retratos de Agustín Esteve y de José Ribelles. Formado en la tradición dieciochesca, Zacarías González Velázquez realizó obras de valía en una orientación clasicista interpretada de manera personal. Pero es Vicente López el gran retratista, Goya aparte, de la primera mitad del siglo. Dotado de una manera muy personal, de gran virtuosismo en la representación de los detalles, no dejó de evolucionar en un estilo brillante que llega, desde los ecos del barroco tardío de sus primeros retratos, hasta un tímido romanticismo en los últimos.

El estilo neoclásico internacional, caracterizado por el rigor del dibujo y la claridad de la composición, está representado por dos de los alumnos de Jacques-Louis David, José Aparicio y José de Madrazo, éste a través de un ejemplo tardío donde la frialdad del colorido se sustituye por tonos más cálidos, características que, unidas a un intenso sentido de lo real, pueden verse también en los retratos de Rafael Tegeo, que preludian el Romanticismo.

El Romanticismo. El Romanticismo tuvo especial importancia en Sevilla, donde la influencia de Murillo fue determinante en José Gutiérrez de la Vega, José María Romero y Antonio María Esquivel, que logró un lugar relevante en la Corte. En estos artistas aparecen iconografías muy significativas, como el retrato de grupo, familiar e infantil, también cultivado por Valeriano Domínguez Bécquer.

En Madrid, la herencia de Goya y la del Siglo de Oro se percibe en los retratos de Leonardo Alenza. En seguida destacó la actividad retratística de Federico de Madrazo y Carlos Luis de Ribera. Formados en el purismo de influencia nazarena y en la pintura francesa de los años treinta, cuya influencia se ve aún en los equilibrados retratos en óvalo del segundo, supieron evolucionar en su larga carrera. Madrazo, muy atento al retrato francés y también al estudio de Velázquez, proyectó su influencia, como había hecho su padre, merced a su posición preeminente en la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado. Autor de numerosas obras, sus dotes le convirtieron en el artista más reputado de la Corte y en el gran retratista de la aristocracia y la alta burguesía.

Realismo y Naturalismo. La pintura francesa de la época influyó a los artistas españoles que vivieron en París durante largas estancias, como José Casado y Raimundo de Madrazo, hijo de Federico, reputado retratista del gran mundo. También se distinguió el sevillano José Villegas, autor de numerosos autorretratos que denotan la huella de Velázquez, a quien estudió en el Prado.

En este periodo sobresalieron los pintores levantinos que, partiendo de un realismo basado, como en el caso de Francisco Domingo, en el estudio de Ribera y Velázquez, realizaron retratos con intuitiva vivacidad y hábil colorismo. Así, Emilio Sala, que pintó, como el anterior, en París y en Madrid. Ignacio Pinazo, autor de muy expresivos autorretratos, revela, en sus retratos de niños, una intimidad veraz y delicada a un tiempo.

Joaquín Sorolla es el gran retratista del naturalismo en España. En sus obras interpretó con moderna intuición la herencia velazqueña a través de una pincelada larga y vigorosa y consiguió prodigiosos efectos de color y luz, al servicio de una captación inmediata y certera de los retratados.

Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias). El retrato español en el Prado. Del Greco a Sorolla. Espacio Cultural CajaCanarias.

Del 1 de octubre al 8 de enero de 2010

Comisarios: Leticia Ruiz Gómez, jefa del Departamento de Pintura Española (hasta 1700), y Javier Barón, jefe de Departamento de Pintura del siglo XIX del Museo del Prado.

Ilustraciones:

-Ignacio Pinazo, Niña. ca. 1890-1895. Óleo sobre lienzo. 31 x 54 cm.

-Autorretrato. Francisco de Goya (1746-1828). 1815. Óleo sobre lienzo. 45, 8 x 35, 6 cm.

-Mercedes Mendeville, condesa de San Félix. Joaquín Sorolla (1863-1923). 1906. Óleo sobre lienzo. 198 x 99 cm.

-Retrato de caballero desconocido. El Greco (1541-1614). ca. 1603-1607. Óleo sobre lienzo. 64 x 51 cm.


Sobre esta noticia

Autor:
Hoyesarte.com (7381 noticias)
Fuente:
hoyesarte.com
Visitas:
2407
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Licencia Creative Commons
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.