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Fisicacf
Publicada el 08-02-2012 07:50 0 4

Sillas eléctricas verdes o cómo liquidar a la gente de forma sostenible

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Corren tiempos de apología de las llamadas energías renovables, limpias o alternativas. Energía solar, eólica, mareomotriz, de la biomasa y muchas otras suenan en las gargantas de los ecologistas, los partidos verdes y otros grupos amantes de un planeta Tierra feliz y dichoso, sin intereses "sospechosos" y en el que reinan la paz y la armonía.

No es que me parezca mal que la raza humana tenga esperanza de lograr alcanzar un suministro suficiente a base de energía verde y ecológica con la que mantener todo nuestro afán devorador de recursos, pero sí me gustaría llamar vuestra atención sobre la cuestión de la eficiencia de algunas de estas maneras de conseguir energía buena, bonita y barata.

El objetivo de este post es suscitar la polémica y tocar un poco los cojones al personal, ahora que me he decidido a desatar toda la inhibición que he ido acumulando con el discurrir de los años. Así pues, avisados estáis. Todo lo que viene a continuación es un maremágnum de sobradas, majaderías y mucho, mucho humor negro. Bueno, y también algo verde, pero verde ecológico, no pornográfico.

Bien, veamos. Os propongo pensar en lo siguiente: ¿qué tal si construimos una silla eléctrica que funcione con energía solar? ¡¡JUAS!!

¿Qué, os habéis recuperado del shock? Pues vamos allá. Os voy a contar lo que se les ha ocurrido a unos tipos muy cachondos del departamento de física y astronomía de la universidad de Leicester. Estos cuatro señores han calculado los requerimientos necesarios para ejecutar a los malvados en la silla eléctrica. Pero no una silla eléctrica cualquiera, sino una alimentada por energía limpia, por la energía del astro rey, la energía del Sol. Muy grinpisiano, ¿no?

Lo primero de todo es saber la cantidad de energía que exige el protocolo de los carceleros. Según el llamado protocolo de ejecución de Nebraska, éste estipula que el condenado debe someterse a la aplicación de 2450 voltas durante 15 segundos. De esta manera, si utilizamos la conocida ley de Ohm resulta directo el cálculo de la energía. Tan sólo necesitaremos introducir un valor de la intensidad de la corriente y éste bien puede ser unos 0, 07 amperes, suficientes para producir fibrilación del músculo cardíaco. Resumiendo, el sujeto ha de recibir como mínimo un suministro de unos 2572, 5 joules. La misma cantidad que se requiere para aumentar en un grado centígrado poco más de medio kilogramo de agua.

Por otro lado, asumiendo que el Sol se comporta como un cuerpo negro perfecto, la célebre ley de Stefan-Boltzmann proporciona la potencia radiada por nuestra estrella. Aquí, en la Tierra, a una distancia de casi 150 millones de kilómetros, la intensidad de la radiación solar es de, aproximadamente, 1588 watts por metro cuadrado. Hay que tener en cuenta que de toda esta radiación, un porcentaje cercano al 60% es reflejada por la atmósfera y más de un 20% absorbida por la misma. Por lo tanto, en la superficie de nuestro planeta únicamente recibimos algo menos de 300 watts por metro cuadrado.

Teniendo en cuenta que las células fotovoltaicas más eficientes que poseemos con toda nuestra avanzadísima tecnología terrícola actual alcanzan nada menos que el 21% y que éstas tan sólo son sensibles a la mitad del espectro electromagnético proveniente del Sol, los anteriormente aludidos investigadores han estimado que el número de placas necesarias para hacer funcionar la silla eléctrica "alternativa" asciende a 86, cada una con una superficie útil de 1 metro cuadrado.

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Más aún, si se considera el coste de cada panel solar y su instalación (unos 3000 euros), se llega a la descorazonadora conclusión de que el sistema no le saldría rentable al estado hasta transcurridos 24 años. Toda una hazaña, si pensamos en que las placas fotovoltaicas poseen una vida útil de 30. Nucleares, NO. Gracias.

Fuente original:

The Solar Chair? R. Ruston, S. Sirovica, C. May and T. Smith. Journal of Special Topics, Vol. 10, No. 1, 2011.

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