Siracusa y su Historia en la Antigüedad
Siracusa es ciudad de Italia, capital de provincia, situada en la costa oriental de la isla de Sicilia, junto a la desembocadura del Anapol.
Construida en el año 734 a.C. como asentamiento de corintios, el desarrollo de Siracusa se produjo a una velocidad considerable, lo que le permitió contar con diversas colonias propias establecidas en la costa siciliana. El primitivo asentamiento en la isla de Ortigya se extendió con rapidez hasta la isla de Sicilia, de la cual se encontraba separada por un canal. En el año 485 a.C., Siracusa era ya una rica y codiciada ciudad, lo que la llevó a ser conquistada por el tirano Gelón, a quien sucedió su hermano Hierón I. Este último fue conocido por su labor como mecenas de las artes; por su corte pasaron importantes poetas como Esquilo, Epicarmo, Píndaro y Simónides de Ceos. Fue a partir de ese momento cuando la localidad alcanzó su máximo esplendor y llegó a ser uno de los principales centros del Mediterráneo, tanto a nivel político, como artístico y económico. Durante esta etapa, Siracusa venció en numerosas ocasiones a cartagineses, etruscos y atenienses, lo que le permitió ampliar sus dominios hasta alcanzar el control de la casi totalidad de la isla de Sicilia. Los grandes monumentos artísticos de Siracusa datan en su mayoría de este período histórico.
A la muerte de Hierón I, el poder pasó a manos de su hermano, quien fue expulsado y dejó el poder de Siracusa en manos de un gobierno libre. En 415 a.C., Siracusa se alineó entre los aliados de Esparta durante el enfrentamiento entre ésta y Atenas; así, dificultó la actuación ateniense y favoreció la victoria de Esparta en la Guerra del Peloponeso.
La importancia de la localidad a lo largo de la Historia Antigua fue considerable, como lo prueba su desarrollo a lo largo del siglo V a.C. En el año 405 a.C., con la llegada como tirano de Dionisio I el Viejo, la localidad pudo hacer frente a las conquistas de Cartago en la isla de Sicilia y se convirtió en el principal poder de la misma. Posteriormente, durante los reinados del Dionisio II el Joven y de Dión de Siracusa, se produjo un período de inestabilidad. En el año 343 a.C. la isla vivió un periodo de tranquilidad, debido al derrocamiento de la tiranía y a la restauración de las libertades públicas; sin embargo, este período duró poco tiempo, ya que en el año 317 a.C. se reinstauró el despotismo a través de la figura de Agatocles, despotismo que encontró su continuidad en el reinado de Hierón II, quien se alió con Roma frente a Cartago. A la muerte de Hierón II, en el siglo III a.C., Siracusa cayó en poder de los partidarios de Cartago; pasó posteriormente a manos de los romanos y, a partir de ese momento, comenzó su decadencia. Las sucesivas invasiones que azotaron sus tierras la llevaron de manos de los vándalos a godos y bizantinos (en el siglo VI), para llegar finalmente a poder de los musulmanes, quienes la incendiaron a finales del siglo IX. Ocupada en el siglo XI por los normandos, el futuro de la ciudad quedaba vinculado definitivamente al de la isla de Sicilia.
En 1837, Siracusa era todavía una de las siete intendencias de Sicilia, pero, a consecuencia del estallido de una epidemia de cólera, así como de los grandes desórdenes derivados de este hecho, el gobierno napolitano trasladó la intendencia a Noto. Posteriormente volvió a ser capital de provincia y sede episcopal.
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Autor: Jfl (482 noticias)
Fuente: lahistoriaconmapas.com
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Tipo: Reportaje
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