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¿Es el sistema capitalista realmente el infierno que nos pintan?

19/02/2018 14:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Análisis sobre la verdadera naturaleza del capitalismo y las ideas liberales, en contraste con las afirmaciones infundadas que se hacen al respecto y las ideas socialistas prefabricadas que se le inculcan premeditadamente a las personas más humildes e ignorantes con el fin de manipularlas

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No solo los políticos de izquierda le endilgan las culpas de todos los males que enfrenta el planeta tierra al liberalismo, sino también figuras que supuestamente representan a Dios en el mundo, como por ejemplo algunos de los más recientes jerarcas de la iglesia católica, entre ellos el Papa Juan Pablo II, que utilizo el término “Capitalismo Salvaje” y el Papa Francisco, que ha mostrado reiteradas veces posturas a favor de políticas de izquierda. Personalmente, creo que las doctrinas religiosas, aun cuando suelen ser muy conservadoras, son en parte, intrínsecamente proclives al socialismo, debido a la naturaleza caritativa e ingenua de sus fieles, especialmente el cristianismo, ya que persiguen la igualdad de los seres humanos ante Dios, ven con malos ojos la acumulación de capital y fomentan la ayuda al prójimo, desde la premisa de “dar sin recibir nada a cambio”. Recordemos que Jesús dijo, “más fácil será que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos” y pidió a un banquero que donara a los pobres toda su riqueza.

Las religiones, promueven el desprendimiento del ser humano hacia las cosas materiales, la humildad del individuo y la solidaridad para con sus semejantes, es decir que las personas siempre estén dispuestas a compartir sus pertenencias con quienes más las necesiten. Estas son características que constituyen la personalidad de un alma pura y de buen corazón, en otras palabras, individuos de bien. Personalmente estoy de acuerdo con ello, con lo que no concuerdo, es con lo que la mayoría de las personas creen, al menos las que viven en Latinoamérica, donde se tiene una visión muy superficial y simplista de estos temas, que una persona con esas características, es decir una persona noble y buena, no puede ser capitalista, pues los capitalistas son tacaños, avaros y egoístas.

En base a esa creencia, los políticos socialistas cuentan con una enorme ventaja inicial a la hora de convencer a las masas de sus buenas intenciones y su amor por los más desprotegidos, pues resulta mucho más fácil pensar que un socialista que habla de entregar beneficios al pueblo y lograr que todos los ciudadanos sean económicamente iguales, es más sincero que un capitalista que principalmente habla sobre cifras macroeconómicas, el desarrollo de la empresa privada y de los derechos individuales. A simple vista, los liberales no tienen ninguna intención real de ayudar a los pobres y los necesitados, si lo dicen en sus campañas electorales es solo para captar votantes, pero no porque realmente piensen ayudarlos, esa es la creencia popular y lamentablemente en muchos casos es así, al igual que ocurre también con muchos socialistas que al llegar al gobierno olvidan las promesas que realizaron.

Sin embargo, más allá de los políticos falsos y corruptos, lo importante es determinar qué sistema político y por consiguiente también los políticos honestos que lo promueven, realmente caminan hacia el bienestar de la sociedad, entendiendo que la sociedad son todos los pobladores de una nación, tanto los que poseen riqueza como los que no la tienen, quienes por lo general son la mayoría y por ende ejercen un mayor peso electoral, convirtiéndose obligatoriamente un factor muy importante a tomar en cuenta por cualquier político.

Volviendo al tema de las ayudas y el buen corazón de las personas, es necesario entender que ayudar no significa exactamente lo mismo que regalar o entregar donaciones, si alguien desea congraciarse con otra persona le regala algo, pero si se le desea ayudar realmente a alguien, no necesariamente se le debe hacer un regalo, al menos no un regalo en el sentido de entregarle un determinado bien sin que esta persona haga algo para merecer tal regalo o ni siquiera digamos que sea para merecerlo, sino para que realmente pueda aprovecharlo correctamente. Por ejemplo, un padre que regala a su hijo un videojuego, podría o no estarlo ayudando a ser una mejor persona en el futuro, si el regalo se le otorga a un niño que no está rindiendo adecuadamente en sus estudios, que no tiene buenos modales y lo único que hace es jugar videojuegos todo el día, entonces el regalo no será una ayuda, sino por el contrario un incentivo al mal comportamiento de ese niño.

En cambio, si a otro niño que presenta excelentes calificaciones en el colegio, que es respetuoso con sus padres, que es agradecido y colaborador con sus familiares y amigos, sus padres le obsequian el videojuego que tanto ha deseado, probablemente este regalo representara mucho más que una simple distracción o pasatiempo para este niño, en este caso se constituirá en un premio o recompensa a la conducta impecable del joven y contribuirá a reforzar su buen comportamiento, por lo que será una verdadera ayuda para que este niño en el futuro sea una persona de buen proceder. De igual forma ocurre con la sociedad en su conjunto, si a la porción de la población que menos provecho genera a la colectividad, se le otorgan beneficios inmerecidos, sin exigir un esfuerzo y una retribución a la sociedad acorde a lo recibido, entonces se estará incentivando en estas personas la mediocridad, el conformismo y la improductividad, lo cual para nada constituye una ayuda o contribución al bienestar colectivo, sino por el contrario un total perjuicio a la calidad de vida nacional.

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No es correcto por tanto, catalogar como egoísta, discriminador u opresor, a quien de forma honesta promociona y fomenta la generación de riqueza por parte de la sociedad, incentiva a los ciudadanos para que emprendan alguna actividad productiva y lucha por generar las condiciones básicas, para que todos los individuos gocen de las mismas oportunidades de alcanzar el éxito, sin que se establezcan preferencias raciales, económicas, ni de ninguna otra índole. Por supuesto que existen políticos capitalistas, que defienden sus privilegios, por enésima de los ideales liberales, contribuyen con la conformación de monopolios y la exclusión social, pero esas no son las pautas a seguir del modelo económico liberal, sino más bien desviaciones de individuos corruptos que aprovechan las influencias que poseen, para favorecer a personas y empresas particulares, lo cual constituye un delito y es sancionado por la ley.

El propósito del capitalismo, no es como aseguran algunos, poner por encima de los derechos del ser humano el valor del capital, marginar a las clases pobres de la sociedad y privilegiar a las de mayor riqueza, generar exclusión y la explotación de las mayorías a manos de unos pocos muy adinerados. Lo que realmente persigue, es que la sociedad como un todo, incremente constantemente su calidad de vida, su desarrollo productivo e intelectual y genere riquezas, las cuales deberán ser aprovechadas por los ciudadanos en proporción directa a su contribución individual a la prosperidad de la colectividad. El sistema liberal, no busca la opresión de los pobres, sino el establecimiento de normas claras que permitan la convivencia e intercambio comercial libre y justo entre todos los ciudadanos, para que a todos se les respeten sus derechos individuales y tengan oportunidades reales de alcanzar la abundancia por sus propios medios.

La forma que emplea el liberalismo, para asegurarse que cada individuo reciba una porción de las riquezas denegadas por el total de la sociedad, la cual sea equivalente a su contribución individual en la generación de tal riqueza, es el dinero o el capital, que funciona como una especie de sistema de puntuaciones, cada ciudadano con su trabajo va generando puntos que se acumulan y lo hacen poseedor de una cuota cada vez más amplia de la riqueza total de la nación. El jurado que se encarga de otorgar estas puntuaciones, no es el estado mediante ninguna institución, son los mismos ciudadanos quienes mediante el libre mercado, califican la utilidad del trabajo realizado por sus conciudadanos, recompensándoles con dinero a cambio de los productos o servicios producidos por el trabajo que estos realizan. Este proceso se lleva a cabo constantemente y de forma espontánea, libre y democrática, solo requiere del cumplimiento estricto de las normas que impone la ley, para que funcione de forma correcta.

Las cantidades de dinero que cada quien recibe por su trabajo, durante el diseño, elaboración o comercialización de algún producto o servicio, es regulada por el mercado según la oferta y la demanda de dichas mercancías, de modo que no se requiere la intervención directa del estado, por lo que este en un sistema liberal se ve limitado a las tareas de orden público, seguridad y defensa (cuerpos policiales y militares), las que tienen que ver con impartir justicia (tribunales, fiscalías y defensorías) y las de administración púbica (instituciones de gobierno y recaudación fiscal). Las demás áreas de la vida nacional, son ejercidas por la empresa privada, que debe competir en el mercado y respetar las leyes de la nación. De este modo, los propios ciudadanos mediante las reglas del mercado, pueden influir en la calidad y el costo de los servicios prestados por las empresas encargadas de tareas como la educación, salud y urbanismo, entre muchas otras.

Quienes critican al liberalismo, especialmente los socialistas más radicales, aseguran que muchas más tareas deben ser desempeñadas por el estado, como la educación, la salud, la construcción de viviendas, las obras de infraestructura e incluso la producción de alimentos y otros bienes de consumo, pues de ese modo esas empresas estatales no persiguen el lucro, sino la satisfacción de las necesidades del pueblo. Esto suena nuevamente muy bonito, pero está demostrado que las empresas en manos del estado se vuelven improductivas, de muy baja calidad y terminan generando un gasto exagerado a la nación, el cual termina siendo sufragado por la sociedad, mientras que las empresas privadas cuando compiten adecuadamente ganar la preferencia del público, están obligadas a aumentar su nivel de calidad, productividad y economía. Esto es algo que todo socialista se niega rotundamente a aceptar, pero que es la absoluta realidad.

Por supuesto que el capitalismo no es perfecto, presenta algunos detalles que a muchos no les complacen, como por ejemplo que el esfuerzo físico desempeñado por un individuo, no está relacionado directamente con la cuota de riqueza que a esta persona le corresponde recibir, pues es posible que un obrero realice un trabajo mucho más pesado que el que realiza un profesional especializado, pero la sociedad le concede una cuota de riqueza mucho mayor al profesional, pues estima más valioso su servicio. Incluso esa porción de riqueza que le corresponde a cada individuo, no es proporcional a las intenciones e interés que presente esa persona por ser de provecho a la sociedad, dado que es muy posible que alguien se empeñe en desarrollar y comercializar un determinado producto o servicio, que según su criterio es muy útil para la población, sin embargo esta persona por diversas razones puede terminar fracasando, debido a sus propios errores y perdiendo su tiempo y esfuerzo, de modo que la obtención de riqueza está relacionada con los resultados del individuo no con sus intenciones.

También es mal visto por algunos, que una persona que posee capital, tenga la posibilidad de alquilar la capacidad de trabajo de otras personas y generar riqueza gracias a ello, para hacer frente a esta situación, el sistema posee mecanismos como las leyes laborales, que deben permitirle al empleado la posibilidad de ahorrar un capital, que le permitan posteriormente desempeñarse por cuenta propia si así lo desea. De igual forma, una crítica constante al capitalismo es la existencia de personajes que aun cuando no producen prácticamente ningún tipo de provecho a la colectividad, poseen fortunas extraordinarias, esto en la mayoría de casos tiene que ver con el delito, la existencia de juegos de azar que pueden darle riquezas inmerecidas a una persona, circunstancias puntuales que llevan a la sociedad a otorgarle dinero a personas que realmente no lo merecen o el caso de las herencias, en las que una persona recibe cantidades de dinero que anteriormente fueron de sus familiares. En cualquier caso, no se trata de una norma, sino de excepciones, las cuales deben ser controladas por las leyes.

En definitiva, el liberalismo no cree ni busca la distribución igualitaria de la riqueza entre la totalidad de los individuos, más bien establece una distribución razonable y justa de esa riqueza, de modo que ningún sector de la sociedad tenga razones lógicas para sentir que le es imposible alcanzar el éxito, además busca que todos tengan un intensivo que los motive a producir bienes y servicios para satisfacer la demanda de las demás personas. Quienes poseen un resentimiento social y sienten envidia por las riquezas que poseen tras personas, seguramente desearan un sistema que les ofrezca redistribuir la riqueza, entregándoles lo que no han sido capaces de alcanzar mediante su propio esfuerzo, para ellos el capitalismo es cruel y despiadado mientras que el socialismo es visto como la palabra de Dios, en cambio personas que no se preocupan por si alguien es muy rico sin merecerlo, sino más bien por hacer lo necesario para alcanzar su propio bienestar a la vez que el de su sociedad, de seguro estarán de acuerdo en que el liberalismo es forma más justa y democrática que ha conseguido la humanidad para regir la economía.

Es por ello, que las democracias modernas, están muy asociadas la economía de mercado, ambos sistemas son perfectamente compatibles entre sí, por un lado, un modelo de estado republicano que se divide en poderes autónomos y equilibrados que colaboran y se controlan ente si, con cargos de elección popular y de carácter rotativo, y por el otro lado una economía libre. En cambio, los países que poseen economías altamente reguladas de tipo socialista o comunista, terminan siendo políticamente regímenes totalitarios, dictaduras o pseudo-democracias en las que no existe libertad de poderes, ni estado de derecho, ya que poco a poco la gente va desencantándose del sistema y rechazando su continuidad. Además, es una norma común, que la corrupción termine apoderándose de estos estados, sin importar las medidas que se tomen para evitarlo, dado que por la naturaleza propia del sistema, se generan numerosas carencias y situaciones en las que se hace propicio el soborno, la malversación, el desfalco y el fraude por parte de los ciudadanos comunes, los servidores públicos y los políticos.

No dudo que existan políticos socialistas realmente honestos, que pretendan alcanzar la prosperidad de sus países mediante la instauración de un sistema económico basado en el trabajo colectivo, cooperación desinteresada de los individuos y la distribución igualitaria de la riqueza por parte del estado, entiendo que esas sean personas buenas, pero lamentablemente están equivocadas y destinadas a ser rebasadas o apabulladas por la otra clase de políticos izquierdistas deshonestos y oportunistas, que utilizan el discurso socialista de forma hipócrita, oportunista y tramposa, para cautivar las mentes de las personas más humildes y con menor preparación intelectual, ofreciéndoles un atajo rápido y sin esfuerzo hacia la obtención de prebendas materiales, las cuales no se especifica de donde provienen exactamente, con el propósito velado de convertirlos en dependientes absoluto del estado al que ellos representaran.

De modo que si un sistema económico pudiera calificarse como diabólico e infernal, no sería precisamente el capitalismo, sino más bien socialismo y su hermano mayor el comunismo, pues se ocultan detrás de los más nobles sentimientos humanos, como son la bondad y la solidaridad, pero conducen a los incautos que confían en su doctrina, a un estado de total opresión y miseria, en el cual están obligados a obedecer los dictámenes de la clase gobernante que se apodera del estado y decide en nombre de la colectividad, quien es digno de merecer cualquier beneficio y en qué condiciones, convirtiendo a los individuos en esclavos de un sistema al cual es bastante sencillo ingresar, a consecuencia del desconocimiento e ignorancia del pueblo, pero que luego de haberse establecido plenamente, es muy difícil escapar. 


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Armando Sapienza (4 noticias)
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