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¿Por qué, los socialistas, quieren volar el Valle de los caídos?

13/12/2011 11:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Desde un tiempo a esteparte los beligerantes del PSOE no cejan en la idea de volar el muy lindo yhermoso Valle de los caídos, auspiciados por la inmoble e inmoral comisión deexpertos que se en su día, nombró a dedoel no menos rencoroso Zapatero. Esta comisión, no es ni más, ni menos que la que, en su día, arruino España. Dado la gravedad queestán tomando los hechos y que como traca final de la era zapatero, no estaríademás una estrecha vigilancia para estos día de corroída despedida de la bandaZapatera. Una cosa es el antifranquismo y otra lacordura de las personas de bien. Cuando de dijo que Zapatero ponía la comisión.Los expertos el informe y los beligerantes la dinamita; ahí, en ese precisomomento, se debería haber sitiado la Moncloa e incluso haber forzado la salida del inquilino.

Poco o ninguna graciatienen las palabras del vejestorio por inapropiada, María Dolores TorresManzanera, "Una sana voladura pública dejaría, al menos, unbuen recuerdo en gran parte de la población. Tendría que ser una cosa rápida ylimpia, realizada a la luz del día, a ser posible en un día con mucha luz. Unmensaje claro a la población: aquí lo tenéis, décadas de oscurantismo yopresión, mareas de sufrimiento encarnadas en la más infame categoría delgranito, a tomar por saco en un santiamén.

En 40 años, no tuvieron huevos de vencer aFranco, ahora muerto y con una losa de 5.000 Kilos encima no solo quieren profanarsu tumba, también la quieren volar con los daños que produciría.

Yo me pregunto ¿Habríaque volar todos los símbolos marxistas que ni el más benévolo cuestionaría derepresores y dictatoriales? No, de ninguna de las manes, se puede obviar sololo "poco interesante" para tus intereses . image

Esta es la realidad y quien quiera e libre de tener su propia opinión. Peroquiera volarlo, mejor que haga otro en su casa y lo vuele. Digamos, es más cívico y los dañoscolaterales son propios.

Abril de 1959. Franco pronunciaba el discursode inauguración del Valle de los Caídos. En sus palabras no cabía la menor dudaacerca de quiénes eran los representados en aquel gigantesco sepulcro. Trasreferirse a la necesidad de impetrar la "protección divina para nuestrosCaídos", mencionó la "presencia de las madres y esposas de nuestrosCaídos" y se refirió a la "inspiración... precisa para cantar lasheroicas gestas de nuestros Caídos". Por si cupiera alguna duda sobre laidentificación ideológica de los sepultados, Franco insistió igualmente en que"en todo el desarrollo de nuestra Cruzada hay mucho de providencial ymilagroso" o en que "la principal virtualidad de nuestra Cruzada deLiberac.fue el habernos devuelto a nuestro ser, que España se haya encontrado simisma.

A dos décadas de la peor guerra civil sufrida porlos españoles, era obvio que el Régimen estaba especialmente preocupado pormantener una dialéctica de vencedores -protegidos por la Providencia por másseñas- y vencidos. Esta circunstancia podría resultar chocante en la actualidady, sin duda, colisiona con las versiones que atribuyen al monumento un ánimofundamentalmente renconciliador. Sin embargo, resulta comprensible en elcontexto de la guerra civil y de la inmediata posguerra. De hecho, aquelmonumento a la victoria había tenido un precedente en el proyecto ideado por elescultor Manuel Laviada, el arquitecto Luis Moya y el vizconde de Uzquetamientras se hallaban ocultos en el Madrid rojo de finales de 1936. Habíansoñado en aquellos difíciles días con un arco del triunfo y una pirámide huecade dimensiones similares a la de Keops en Gizah. Su proyecto no pudo ser, primero, porque habían pensado asentarlo en las cercanías del Hospital Clínicoy, segundo, porque el carácter religioso que había ido adquiriendo la guerraaconsejaba otro tipo de simbología.

El 1 de abril de 1940, justo al año de concluir elconflicto, se promulgó un decreto para levantar "el templo grandioso denuestros muertos, en que por los siglos se ruegue por los que cayeron en elcamino de Dios y de la Patria...en que reposen los héroes y mártires de la Cruzada". Como enclave del monumentoreligioso alzado en honor de los vencedores, se designaba en el artículo 1 deldecreto la finca de Cuelgamuros, un terreno comprendido entre las altitudes 985y 1.758 metrossobre el nivel del Mediterráneo en Alicante.

Franco deseaba que las obras de la cripta hubieranconcluido en el plazo de un año para inaugurarlas en abril de 1941 y que encinco se terminaran todas las demás edificaciones incluidos los jardines. Losdeseos del Caudillo podían ser vehementes pero, como algunas otras de susconcepciones de entonces, no tenían punto de contacto con la realidad. Hastados décadas más tarde no se podría inaugurar el monumento. No fue por falta demedios ni de talento. Tampocopuede decirse que la obra se caracterizara por un centralismo regional. Elarquitecto era un vasco, llamado Pedro Muguruza Otaño, que ya en 1935 habíadeclarado que la arquitectura del futuro desconocería las calles, los patios ylas ventanas, iba a ser el cerebro de la construcción. Por su parte, el trazadode la carretera de acceso fue entregado a los hijos de un contratista catalánllamado Banús.

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Finalmente, de la perforación de la cripta, con laextracción de millones de metros cúbicos del risco de la Nava, se encargó la empresaSan Román, de Madrid, una filial de Agromán, y de la construcción delmonasterio, la empresa Molán. La mano de obra -en el sentido más literal- vinoproporcionada, en primer lugar, por gente empujada por la desesperantenecesidad de la posguerra. Acuciados por la necesidad de sobrevivir, por elValle pasaron, por ejemplo, los Rabal ya fueran padres, hijos o nietas sinexcluir a Paquito, el que luego sería actor. También lo harían trabajadores alos que Juan Banús miraba la boca y tanteaba los músculos para asegurarse deque podrían cumplir con su deber. A éstos se sumaron presos republicanos -lapoblación penitenciaria a inicios de 1940 superaba las 270.000 personas- a losque se había prometido una reducción de condena por jugarse la vida en laconstrucción del monumento dedicado a los Caídos de la Cruzada.

Como señalaría el padre José María LópezRiocerezo, "la obra de redención de penas por el trabajo es el mejorexponente del espíritu en que se inspiró la Cruzada española". Mientras las condenas amuerte se pronunciaban por millares sobre los vencidos, no pocos contemplaronel trabajo en aquel faraónico monumento como una tabla de salvación. GregorioPeces-Barba, padre del que luego sería presidente del Congreso, fue uno de esospenados que, a finales de 1943, alcanzaban una cifra cercana a los seiscientos.Trabajaron bien. De hecho, Muguruza estaba tan satisfecho que el 20 denoviembre de aquel año les comunicó que solicitaría del Patronato la redenciónextra de un mes de condena y autorizó una visita extraordinaria de familiares.Las fugas fueron raras pero no faltaron. A un mexicano y un argentino, miembrosde las Brigadas internacionales, se sumaron, por ejemplo, Nicolás SánchezAlbornoz o Manuel Lamana y en una de ellas colaboraron Norman Mailer y BarbaraProbst Salomon.

La muerte de Muguruza provocó su sucesión porDiego Méndez que duplicó las dimensiones de la cripta. En 1950, Huarte se hacíacon la concesión de las obras de la gigantesca Cruz. Al año siguiente, elescultor Juan de Ávalos firmaba el contrato para la realización de lasestatuas, nueve en total, que representarían a la Piedad, los cuatroevangelistas y las cuatro virtudes teologales. En 1957 se creó la Fundación de la Santa Cruz del Valle delos Caídos y en 1958 se llegaba a un acuerdo con los benedictinos para queestablecieran una abadía en el lugar en cuestión.

La inauguración se produciría finalmente alsiguiente año convirtiéndose en una apoteosis de los vencedores. Al monumentose trasladaron de manera casi inmediata los restos de José Antonio Primo deRivera que habían reposado hasta entonces en El Escorial. La obra había costadola cifra exacta de 1.086.460.331, 89 pesetas de aquel entonces así como la vidade una docena de trabajadores en accidentes y la muerte lenta de otracincuentena que contrajo en su construcción la silicosis. Sería visitada porunas 70 mil personas hasta la muerte de Franco, su segundo huésped ilustre.

A partir de entonces entraría en un período dedecadencia que no ha logrado superar en la actualidad quizá porque desde elprincipio quedó marcada por la mácula del enfrentamiento entre españoles.

Nisoy franquista, ni socialista, ni borrego de Rajoy, solo soy un español quesabe distinguir entre el bien y el mal. Pero, a veces, me pregunto: ¿Por qué novoláis los pantanos que hizo Franco? A mi, me gusta más la cerveza que el agua.


Sobre esta noticia

Autor:
Juan Pardo (3169 noticias)
Fuente:
blogdejuanpardo.blogspot.com
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Reportaje
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