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En Suecia, recién llegados y autóctonos se conocen cenando

21/11/2014 11:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Ebba Åkerman, una profesora de sueco como lengua extranjera, lucha contra los prejuicios proponiendo a migrantes recién llegados y autóctonos cenar en una misma mesa, en momentos en que la extrema derecha gana terreno en Suecia.

"Empecé a hacer reemplazos a comienzos de año y tenía curiosidad por conocer a mis alumnos. Enseguida me di cuenta de que yo era la única sueca con la que ellos hablaban y me dije que había que cambiar eso, por ejemplo, en el marco de una cena" en casa de los autóctonos, explica.

Para ella, no hay nada mejor para romper el hielo que compartir una comida. "El anfitrión añade uno o dos platos y así brinda a los demás una parte de su vida cotidiana", subraya Ebba. Gracias a su página de Facebook, bautizada 'Ministerio de las Invitaciones', pone en relación a sus alumnos con suecos, nativos o no, para hablar en la lengua local.

Cuando Jenny Sigurs, relaciones públicas de 42 años, y Urban Söderman, responsable comercial de 37, se enteraron de esta iniciativa, se presentaron inmediatamente como voluntarios.

Desde marzo, en Estocolmo se han organizado más de un centenar de estas cenas y la idea empieza a imitarse en otras ciudades suecas y en el exterior. Atenas acogió recientemente una primera cena de este estilo y otras se están organizando en lugares tan diferentes como Vilna, Singapur, Nueva Delhi, Zúrich o Nuevo México (EEUU).

- "Tengo que hablar con los suecos" -

"Siempre nos preguntamos qué podemos hacer para ayudar a quienes llegan aquí y abrirles las puertas. Esto es simple y concreto y da resultado", explica Jenny.

Un martes, a las 18h30 exactas, Mijail Zuhir, un sirio de 29 años, golpea la puerta de la hermosa casa de la pareja en las afueras de Estocolmo, portando un ramo de flores. "En mi país, si uno es invitado a cenar y llega sin flores, es seguro que no volverá más" a la casa, dice, en tono de broma, mientras entrega el ramo a su anfitriona.

Sin formalismos, se instala en la mesa de la cocina. En el menú, platos típicos suecos: salmón con patatas, seguido de una apetitosa tarta de manzana.

Mijail, que esperaba impacientemente una invitación, se muestra radiante por compartir esta comida. "Un día escuché a otros alumnos de mi clase decir que habían cenado en casa de suecos, que conversaron y se divirtieron mucho. Entonces me pregunté: '¿y yo, a qué espero?", explica alegremente. Se inscribió y al tiempo recibió la invitación.

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"Hace diez meses que estoy en Suecia y tengo que hablar con suecos si quiero mejorar e integrarme", continúa. "¡Con mis amigos intentamos hablar sueco, eso funciona durante un minuto y enseguida nos pasamos al árabe!", añade.

Ante anfitriones curiosos que le acribillan a preguntas, Mijail cuenta su historia de buen grado. De religión cristiana, ya no era bien aceptado en su pueblo en la frontera con Turquía. "Además, soy electricista y apenas teníamos electricidad durante tres horas al día. Tenía que irme", esgrime. Primero se fue a Homs (Siria), donde su situación se volvió insoportable. "Mi padre me dijo que dejara el país. Elegí Suecia porque mi abuelo se instaló aquí hace 23 años y sabía que el gobierno nos ayudaría (...) Ahora, me siento seguro", afirma.

- "Hace frío" -

Su porvenir está en Suecia. Lo tiene todo previsto: "primero tengo que aprender realmente bien el sueco y luego convalidar mis conocimientos de electricista para poder encontrar un empleo", explica. Por ahora, dejó la práctica cotidiana del fútbol. "De todas maneras, no logro correr cuando hace frío. ¡Es totalmente imposible!", constata.

"Se le ve realmente con determinación. Espero que mantengamos el contacto y poder acompañarlo", concluye Urban, quien se acuerda de sus estancias de inmersión fuera de Suecia cuando aprendía inglés en su adolescencia.

En Suecia, la inmigración masiva es un fenómeno reciente y en plena expansión. Según el 'Barómetro de la diversidad' de 2013, el 20, 1% de la población tiene sus raíces fuera del país.

Pero hay todavía muchos prejuicios. Casi uno de cada cinco suecos no mantiene contacto con personas originarias de países no europeos y, en septiembre, la extrema derecha se convirtió en la tercera fuerza política del país, con el 12, 9% de los votos.

"Después de las elecciones, las demandas aumentaron un poco. La gente quiere comprometerse", subraya Ebba. "Con mi proyecto, establecí un primer contacto, se plantó una semilla. La integración es algo que se da a nivel individual", apostilla.


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Autor:
Redacción Sociedad (16575 noticias)
Fuente:
AFP
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