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Los sueños de navidad se desvanecen en mi país, porque somos zombis

25/12/2019 15:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La ignorancia barre con el conocimiento de los venezolanos que, ya tienen su conciencia mecanizada y no tienen un significado del espíritu navideño

Fusión y Convivencias

Sin ser ombligo de nada, el mundo se hace trizas poco a poco en todas partes, incluida esta región, ante la atenta mirada triste de la naturaleza y entre la artificialidad de una sociedad desamparada y dirigida a encontrar la felicidad en las cinco cifras que sortea por azar un papelucho en pleno invierno. el juego de siempre a expensas de los de siempre. Estamos forrados de gente ignorante que no se aman entre vecinos y las comunidades cada día más paupérrima, mientras, el proceso político de dominación continua con una calidad perceptiva muy rumiante.

Valiente comida más gorda nos vendió, y valiente nuestro estómago con el que la digerimos a diario. Valiente la vida austera que llevaron mis abuelos, valiente sus rostros curtidos por el sol y el viento por su trabajo, valientes sus valores, sus principios, valiente su humildad y humanidad que tanto vacío dejan cuando vives en algo peor que Yo Robot, valiente esta involución del siglo XXI que camina como un zombie hacia ninguna parte, o hacia alguna en la que el hambre es más rápida y efectiva que el progreso político, y que la justicia. Ojalá pasaran gazuza y necesidad los que mandan y bajaran por un momento a ver la realidad.

Por ello, lo único que se puede pedir de propósito de año nuevo —y mira que no me gusta la Navidad— es que la vida resulte más equilibrada, que los ricos no lo sean tanto y que quienes no lo son, sean menos —en cantidad—. Que, como dicen en el sur, no pasen «más hambre qu’el perro un ciego». Si no se cumplen los deseos y continúa este The Walking Dead indefinido, será más fácil buscar el amor en una jarra de cerveza, en el amigo que vuelve a casa y te da un abrazo, en el perfume de tu madre, en el gintonic con tu padre, en la carcajada de tu hermano o en el deseo de la última morena que no pudo probar el asiento de tu vehículo para ir al baile.

Uno tiene la extraña sensación de que todo es susceptible de ser medido. La productividad se ha adueñado también de nuestro tiempo de ocio y ahora resulta que podemos hasta contar los pasos que damos, algo que me parece tan absurdo como prescindible. Existen cientos, miles de aplicaciones para controlar casi todo, desde lo que comemos hasta lo que decimos y cómo hemos de hacerlo bien. Es curioso cuando, por ejemplo, en el caso de la comida, lo más saludable no tiene un código de barras por el que pasar nuestro móvil.

Pero, oye, queda bien llevar el teléfono petado de aplicaciones y ser el primero en descubrirlas para poder comentárselo a todo aquel que quiera oírlo. Así nos libramos de pensar porque algún invento tecnológico ya lo hace por nosotros.

Esto, unido a las redes sociales, nos convierte en marionetas, siempre sometidos a la dictadura del control, porque parece que si no controlamos todo lo que nos rodea no existimos o lo hacemos sólo a medias. Y, además, necesitamos contarlo y alcanzar la excelencia en todo. Tenemos que hacer muchas cosas, cuantas más mejor, llenar nuestro tiempo de actividad, no parar desde que te levantas hasta que te acuestas. Agotador.

El Socialismo y comunismo es trabajar por la producción del país, esforzarse en abaratar los costos del campo agrícola, lo demás es narcotráfico

Pero ha nacido una nueva filosofía que abanderan quienes reivindican su derecho a no hacer nada cuando pueden elegir. Se llama Jomo (joy of mission out) y puede resumirse en el placer que genera el simple hecho de perderse cosas. No tiene nada de malo no llegar a todo, de hecho, es algo muy humano. No tenemos por qué ser perfectos en todo lo que llevamos a cabo. Primero, porque la perfección no existe y, segundo, porque tiene que ser muy aburrida. Por eso esta nueva tendencia me parece una buena forma de reiniciarse, de apartarnos del embobamiento que nos produce el seguir el camino que ha tomado la mayoría. Tumbémonos en el sofá siempre que podamos y nos apetezca, dejemos de apuntarnos a todos los planes que nos proponen, liberemos a los niños de tanta actividad programada, hagamos las cosas por el simple placer que nos produce hacerlas, aunque no se la tendencia general. Alejémonos del móvil durante un rato largo y démonos el maravilloso placer de no hacer nada.

 

Aquí, ya no producimos carne porcina y, todos quieren su pernil completo, desconociendo los registros sanitarios y su estadía en los barcos para llegar a nuestros muelles, en lo particular, no como nada de eso.

 

Entretanto, yacen las víctimas de esta falta de apremio, intentando ponerse a cuatro patas y escurrirse del suelo, aunque sea a gatas, para que la misma gente que le llenó el Reino de León ante Las Rozas se aglutine en la plaza del pueblo a defender sus derechos. Ni siquiera los apoyaron. Que si investidura hoy, que si hasta mediados de 2020, Mientras se deciden, o no, un río de lodo arrasa a Venezuela, a sangre fría, dejando un Paint in Black en La Robla que se lleva hasta a las gentes de sus casas, dibujando un páramo del Oeste desamparado y ahogando a sus habitantes en el barro cuando una lechuga flota solitaria en zigzag hacia un bosque de álamos.

 

Pero, estamos en navidad, ya largándonos al año nuevo 2020, donde los rusos, norteamericanos y chinos buscan como estabilizar sus economías para darnos sus regalías y llevarse lo que le debemos en riquezas energéticas. Es que ni hallacas se hicieron suficientes para degustar como debe ser, nuestra cocina aborigen.

Mientras se deciden, o no, la lluvia de tristeza vuelve a empapar a nuestras ciudades con más fuerza que nunca, donde todo se ha vuelto del color Morano Boys y el agua de nuestros ojos, cala en cada casa empujando a sus familias a escapar de una oscura tempestad que no vacila. Venezuela es desalojada paulatinamente y nadie queda, esto, nos alegra, sigan divirtiéndose, la próxima navidad, ya seremos esclavos y colonizados por víboras que tú bien conoces.

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Profesor en Ciencias Políticas. Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

Los evangélicos y el falso socialismo han idiotizado nuestra conciencia, lean el pensamiento de Ernesto De La Serna y verán las diferencias

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Emiro Vera Suárez (2288 noticias)
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Tipo:
Entrevista
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