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Hoyesarte.com
Publicada el 06-02-2012 19:15 0 4

Adiós Szymborska, la "Mozart de la literatura"

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imageHasta el último momento, lo cuentan así quienes la acompañaron en el aliento final, asomaba en la comisura izquierda de su boca la pavesa del cigarrillo con el que encendería el siguiente. No hubo otro; no hubo más. Wislawa Szymborska, la de las tres pés, -polaca, poeta, periodista- y apellido impronunciable, murió el primer día de febrero en su casa de Cracovia fumando, tranquila y entre sueños. Tenía 88 años y un cáncer de pulmón diagnosticado hace ya algún tiempo.

Cuando pronuncio la palabra Futuro,

la primera sílaba pertenece ya al pasado.

Cuando pronuncio la palabra Silencio,

lo destruyo.

Cuando pronuncio la palabra Nada,

creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

Más allá de su nación, pocos sabían algo de ella hasta que en octubre de 1996 los señores suecos de la Academia demostraron olfato señalando su nombre y enseñándole al mundo los poemas de aquella mujer que, casi ruborizada al recibir el gran premio de la literatura, reconoció: "Cuando escribo siempre tengo la sensación de que alguien está detrás de mí haciendo muecas. Por eso huyo, todo lo que puedo, de las grandes palabras".

Bajo una pequeña estrella

Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.

Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.

Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.

Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.

Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado

por alto a cada segundo.

Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo

el primero.

Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.

Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.

Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco

de un minué.

Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño

a las cinco de la mañana.

Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.

Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.

Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,

inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,

absuélveme, aunque fueras un ave disecada.

Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.

Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas

respuestas.

Verdad, no me prestes demasiada atención.

Solemnidad, sé magnánima conmigo.

Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.

No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.

Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.

Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos,

cada una de ellas.

Sé que mientras viva nada me justifica

porque yo misma me lo impido.

Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas

y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.

(Traducción de Abel A. Murcia)

A mi corazón el domingo

Gracias te doy, corazón mío,

por no quejarte, por ir y venir

sin premios, sin halagos,

por diligencia innata.

Tienes setenta merecimientos por minuto.

Cada una de tus sístoles

es como empujar una barca

hacia alta mar

en un viaje alrededor del mundo.

Gracias te doy, corazón mío,

porque una y otra vez

me extraes del todo,

y sigo separada hasta en el sueño.

Cuidas de que no me sueñe al vuelo,

y hasta el extremo de un vuelo

para el que no se necesitan alas.

Gracias te doy, corazón mío,

por haberme despertado de nuevo,

y aunque es domingo,

día de descanso,

bajo mis costillas

continúa el movimiento de un día laboral.

(Traducción de Gerardo Beltrán)

Szymborska había nacido el 2 de julio de 1923 en la pequeña localidad polaca de Prowent, más tarde absorbida por Bnin, cerca de Poznan. A los ocho años su familia se trasladó a Cracovia, ciudad en la que cursaría estudios de lengua, literatura y sociología y en donde, plenamente dedicada a la creación literaria, ha transcurrido toda su existencia.

Una del montón

Soy la que soy.

Casualidad inconcebible

como todas las casualidades.

Otros antepasados

podrían haber sido los míos

y yo habría abandonado

otro nido,

o me habría arrastrado cubierta de escamas

de debajo de algún árbol.

En el vestuario de la naturaleza

hay muchos trajes.

Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.

Cada uno, como hecho a la medida,

se lleva dócilmente

hasta que se hace tiras.

Yo tampoco he elegido,

pero no me quejo.

Pude haber sido alguien

mucho menos individuo.

Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre,

partícula del paisaje sacudida por el viento.

Alguien mucho menos feliz,

criado para un abrigo de pieles

o para una mesa navideña,

algo que se mueve bajo un cristal de microscopio.

Árbol clavado en la tierra,

al que se aproxima un incendio.

Hierba arrollada

por el correr de incomprensibles sucesos.

Un tipo de mala estrella

que para algunos brilla.

¿Y si despertara miedo en la gente,

o sólo asco,

o sólo compasión?

¿Y si hubiera nacido

no en la tribu debida

y se cerraran ante mí los caminos?

El destino, hasta ahora,

ha sido benévolo conmigo.

Pudo no haberme sido dado

recordar buenos momentos.

Se me pudo haber privado

de la tendencia a comparar.

Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,

lo que habría significado

ser alguien completamente diferente.

(Trad. Gerardo Beltrán)

Descubrimiento

Creo en el gran descubrimiento.

Creo en el hombre que hará el descubrimiento.

Creo en el terror del hombre que hará el descubrimiento.

Creo en la palidez de su rostro,

la náusea, el sudor frío en su labio.

Creo en la quema de las notas,

quema hasta las cenizas,

quema hasta la última.

Creo en la dispersión de los números,

su dispersión sin remordimiento.

Creo en la rapidez del hombre,

la precisión de sus movimientos,

su libre albedrío irreprimido.

Creo en la destrucción de las tablillas,

el vertido de los líquidos,

la extinción del rayo.

Afirmo que todo funcionará

y que no será demasiado tarde,

y que las cosas se develarán en ausencia de testigos.

Nadie lo averiguará, no me cabe duda,

ni esposa ni muralla,

ni siquiera un pájaro, porque bien puede cantar.

Creo en la mano detenida,

creo en la carrera arruinada,

creo en la labor perdida de muchos años.

Creo en el secreto llevado a la tumba.

Para mí estas palabras se remontan por encima de las reglas.

No buscan apoyo en ejemplos de ninguna clase.

Mi fe es fuerte, ciega y sin ningún fundamento.

(Trad. Gerardo Beltrán)

Posibilidades

Prefiero el cine.

Prefiero los gatos.

Prefiero los robles a orillas del Warta.

Prefiero Dickens a Dostoievski.

Prefiero que me guste la gente

a amar a la humanidad.

Prefiero tener a la mano hilo y aguja.

Prefiero no afirmar

que la razón es la culpable de todo.

Prefiero las excepciones.

Prefiero salir antes.

Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.

Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.

Prefiero lo ridículo de escribir poemas

a lo ridículo de no escribirlos.

Prefiero en el amor los aniversarios no exactos

que se celebran todos los días.

Prefiero a los moralistas

que no me prometen nada.

Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.

Prefiero la tierra vestida de civil.

Prefiero los países conquistados a los conquistadores.

Prefiero tener reservas.

Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.

Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.

Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.

Prefiero los perros con la cola sin cortar.

Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.

Prefiero los cajones.

Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado

a muchas otras tampoco mencionadas.

Prefiero el cero solo

al que hace cola en una cifra.

Prefiero el tiempo insectil al estelar.

Prefiero tocar madera.

Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.

Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad

de que el ser tiene su razón.

(Trad. Gerardo Beltrán)

En sus años universitarios comenzó a publicar poesía en periódicos y revistas en algunas de las que ejerció como secretaria e ilustradora. Su primer poema publicado fue Busco la palabra, aparecido en el suplemento literario del diario Dziennik Polski en marzo de 1945.

En Vida Literaria, revista en la que ingresó en 1953, tuvo una columna de crítica (1968-1981). Su primer poemario completo apareció en 1952 (debería haber publicado su primer libro en 1949, pero no pasó la censura). Más tarde, repudiaría sus dos primeros libros publicados por estar demasiado apegados al realismo socialista.

Fue miembro del comunista Partido Obrero Unificado Polaco, del que con el tiempo se iría distanciando hasta adoptar una postura muy crítica. En 1957 comenzó a tener contacto asiduo con disidentes y exiliados e inició colaboraciones con la revista Kultura que se publicaba en París.

Parábola

Ciertos pescadores sacaron del fondo una botella.

Había en la botella un papel, y en el papel estas palabras:

"¡Socorro!, estoy aquí. El océano me arrojó a una isla desierta.

Estoy en la orilla y espero ayuda. ¡Dense prisa. Estoy aquí!"

-No tiene fecha. Seguramente es ya demasiado tarde.

La botella pudo haber flotado mucho tiempo, dijo el pescador primero.

-Y el lugar no está indicado. Ni siquiera se sabe en qué océano,

dijo el pescador segundo.

-Ni demasiado tarde ni demasiado lejos. La isla "Aquí" está en todos lados,

dijo el pescador tercero.

El ambiente se volvió incómodo, cayó el silencio.

Las verdades generales tienen ese problema.

(Trad. Gerardo Beltrán)

La realidad exige...

La realidad exige

que lo digamos bien claro:

la vida sigue su curso.

Sucede así en Cannas y en Borodinó,

en los llanos de Kosovo y en Guernica.

Hay una gasolinera

en una pequeña plaza de Jericó,

hay bancos recién pintados

cerca de Bila Hora.

Las cartas van y vienen

entre Pearl Harbor y Hastings,

pasa un camión de muebles

bajo la mirada del león de Queronea

y solo un frente atmosférico amenaza

los florecientes jardines cercanos a Verdún.

Hay tanto de Todo

que lo que hay de Nada queda muy bien cubierto.

De los yates de Accio

llega la música

y en la cubierta, al sol, bailan las parejas.

Pasan siempre tantas cosas

Que seguro tienen que pasar en todas partes.

Donde hay piedra sobre piedra

hay un carro de helados

cercado por los niños.

Donde estaba Hiroshima

de nuevo está Hiroshima

y se siguen produciendo

objetos de uso cotidiano.

No le faltan encantos a este hermoso mundo

ni tampoco amaneceres

para los que merece la pena despertar.

En los campos de Macejowice

La hierba es verde,

y en la hierba, como pasa en la hierba,

la escarcha, transparente.

Quizá no haya un lugar que no haya sido un campo de batalla,

los aún recordados,

los hoy ya olvidados,

bosques de cedros y bosques de abedules,

nieves y arenas, pantanos irisados

y barrancos de negro fracaso

donde en caso de urgencia

satisfacemos ahora nuestras necesidades.

Qué moraleja sale de todo esto: parece que ninguna.

Lo que de verdad sale es la sangre que seca rápida

y siempre algunos ríos, algunas nubes.

En esos desfiladeros trágicos

el viento se lleva los sombreros,

y es inevitable:

la imagen nos da risa.

(Trad. Abel Murcia)

Fin y principio

Después de cada guerra

alguien tiene que limpiar.

No se van a ordenar solas las cosas,

digo yo.

Alguien debe echar los escombros

a la cuneta

para que puedan pasar

los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse

entre el barro, las cenizas,

los muelles de los sofás,

las astillas de cristal

y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga

para apuntalar un muro,

alguien poner un vidrio en la ventana

y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco

y requiere años.

Todas las cámaras se han ido ya

a otra guerra.

A reconstruir puentes

y estaciones de nuevo.

Las mangas quedarán hechas jirones

de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos

recordará todavía cómo fue.

Alguien escuchará

asintiendo con la cabeza en su sitio.

Pero a su alrededor

empezará a haber algunos

a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces

encuentre entre hierbajos

argumentos mordidos por la herrumbre,

y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían

de qué iba aquí la cosa

tendrán que dejar su lugar

a los que saben poco.

Y menos que poco.

E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra

causas y consecuencias

seguro que habrá alguien tumbado,

con una espiga entre los dientes,

mirando las nubes.

(Trad. Abel Murcia)

Sus poemas inspiraron a varias generaciones de polacos, y uno de ellos, Amor a primera vista, sirvió al director de cine polaco Krzysztof Kieslowski como arranque para su película Rojo, parte de la trilogía Tres colores: Azul, Blanco y Rojo.

Amor a primera vista

Ambos están convencidos

de que los ha unido un sentimiento repentino.

Es hermosa esa seguridad,

pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían

no había sucedido nada entre ellos.

Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos

en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles

si no recuerdan

-quizá un encuentro frente a frente

alguna vez en una puerta giratoria,

o algún "lo siento"

o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,

pero conozco su respuesta.

No recuerdan.

Se sorprenderían

de saber que ya hace mucho tiempo

que la casualidad juega con ellos,

una casualidad no del todo preparada

para convertirse en su destino,

que los acercaba y alejaba,

que se interponía en su camino

y que conteniendo la risa

se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,

pero qué hacer si no eran comprensibles.

¿No habrá revoloteado

una hoja de un hombro a otro

hace tres años

o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.

Quién sabe si alguna pelota

en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres

en los que un tacto

se sobrepuso a otro tacto.

Maletas, una junto a otra, en una consigna.

Quizá una cierta noche el mismo sueño

desaparecido inmediatamente después de despertar.

Todo principio

no es mas que una continuación,

y el libro de los acontecimientos

se encuentra siempre abierto a la mitad.

(Trad. Abel A. Murcia)

Para la traductora y también poetisa Krystyna Rodowska, la esencia de la palabra de Szymborska pierde mucho en la traducción al español porque su lenguaje tiene una vibración emocional e intelectual muy particular, debido, explica, a una mezcla de observaciones muy concretas frecuentemente tomadas del mundo de la biología, y de un tono lírico sobrio, siempre atenuado por la ironía.

"Szymborska suele partir de un dicho, de un giro coloquial, de una pequeña observación práctica o de un reflejo de sus lecturas, deformándolo, arrojando sobre este dato una nueva luz, siempre teñida de humor lingüístico", escribe la especialista.

Pero a los que no nos queda otra que leerla lejos de su polaco materno nos queda el consuelo de que, sea cual sea la lengua a la que se traduzca, el tono hipnótico y profundamente poético pervive:

Discurso en el depósito de objetos perdidos

Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte,

y también muchos dioses en el camino de este a oeste.

Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo.

Se me hundió en el mar una isla, otra.

Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,

quién trae mi piel, quién vive en mi concha.

Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla

y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.

Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,

me alejé de mis sentidos muchísimas veces.

Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,

me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.

Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.

Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó

de mí:

un individuo aislado, del género humano por ahora,

que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía.

(Trad. Gerardo Beltrán)

Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo...

Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.

No vuelo sobre él, de él no huyo

Entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.

No es mi voz el canto del pez en la red.

Ni de mi dedo rueda el anillo.

Estoy demasiado cerca. La gran casa arde

Sin mí gritando socorro. Demasiado cerca

para que taña la campana en mi cabello.

Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped

que abriera las paredes a su paso.

Ya jamás volveré a morir tan levemente,

tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,

como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,

demasiado cerca. Oigo el silbido

y veo la escama reluciente de esta palabra,

petrificada en abrazo. Él duerme,

en este momento, más al alcance de la cajera de un circo

ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,

que de mí que estoy a su lado.

Ahora, para ella crece en él el valle

de hojas rojas cerrado por una montaña nevada

en el aire azul. Estoy demasiado cerca,

para caer del cielo. Mi grito

sólo podría despertarle. Pobre,

limitada a mi propia figura,

mas he sido abedul, he sido lagarto,

y salía de tiempos y damascos

mudando los colores de mi piel. Y tenía

el don de desaparecer de sus ojos asombrados,

lo cual es la riqueza de las riquezas. Estoy demasiado cerca,

demasiado cerca para que él sueñe conmigo.

Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,

Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.

En la punta de cada una de ellas, para su recuento,

Se han sentado ángeles caídos.

(Trad. Elzbieta Borkiewicz)

Ahora ha concluido el tiempo de aquella a la que con motivo de la concesión del Nobel fue calificada como la "Mozart de la literatura" por, se argumentó, "aportar humor y sencillez a la hora de abordar las cuestiones más profundas".

Despedida de un paisaje

No le reprocho a la primavera

que llegue de nuevo.

No me quejo de que cumpla

como todos los años

con sus obligaciones.

Comprendo que mi tristeza

no frenará la hierba.

Si los tallos vacilan

será sólo por el viento.

No me causa dolor

que los sotos de alisos

recuperen su murmullo.

Me doy por enterada

de que, como si vivieras,

la orilla de cierto lago

es tan bella como era.

No le guardo rencor

a la vista por la vista

de una bahía deslumbrante.

Puedo incluso imaginarme

que otros, no nosotros,

estén sentados ahora mismo

sobre el abedul derribado.

Respeto su derecho

a reír, a susurrar

y a quedarse felices en silencio.

Supongo incluso

que los une el amor

y que él la abraza a ella

con brazos llenos de vida.

Algo nuevo, como un trino,

comienza a gorgotear entre los juncos.

Sinceramente les deseo

que lo escuchen.

No exijo ningún cambio

de las olas a la orilla,

ligeras o perezosas,

pero nunca obedientes.

Nada le pido

a las aguas junto al bosque,

a veces esmeralda,

a veces zafiro,

a veces negras.

Una cosa no acepto.

Volver a ese lugar.

Renuncio al privilegio

de la presencia.

Te he sobrevivido suficiente

como para recordar desde lejos.

(Trad. Gerardo Beltrán)

Obra completa

Traductora de obras literarias del francés, perteneció a diferentes organizaciones de escritores y obtuvo numerosas distinciones y premios, entre los que destacan el Premio del Ministerio de Cultura Polaco 1963, Premio Goethe 1991, Premio Herder 1995 y Premio Nobel de Literatura 1996. Recibió además el título de Doctora Honorífica de la Universidad Adam Mickiewicz en Poznan en 1995.

  • Por eso vivimos (1952)
  • Preguntas a mí misma (1954)
  • Llamando al Yeti (1957)
  • Sal (1962)
  • Mil alegrías, un encanto (1967)
  • Si acaso (1975)
  • El gran número (1976), Hiperión, Madrid (2008)
  • Gente en el puente (1986)
  • Fin y principio (1993)
  • De la muerte sin exagerar (1996)
  • No sé qué gente (1997)
  • Paisaje con grano de arena, antología, trad. Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski; Lumen, Barcelona. (1997)
  • El gran número. Fin y principio y otros poemas, trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia, Xaviero Ballester, Elzbieta Bortkiewicz, David Carrión, Calors Marrodán y Katarzyna Moloniewicz; Hiperión, Madrid (1997)
  • Lecturas no obligatorias (1992), prosa; traducción de Manel Bellmunt Serrano, Alfabia, Barcelona (2009)
  • Instante (2002), trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia; Igitur, Tarragona (2004)
  • Poesía no completa, antología, trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia, ; introducción de Elena Poniatowska; Fondo de Cultura Económica, México, 2002 (2ed. 2008, con actualización bibliográfica)
  • Dos puntos (2005), trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia; Igitur, Tarragona (2007)
  • Amor feliz y otros poemas (2007), antología, trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia; Bid & co. Editor (2010)
  • Aquí (2009), trad. Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia; edición bilingüe, Bartleby, Madrid (2009)

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