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Tambores de guerra (mis impresiones sobre el 19-J)

24/06/2011 11:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El movimiento ha demostrado, una vez más, su inmenso poder de convocatoria

Se han escrito ya numerosas crónicas sobre la marcha al Congreso de los Diputados el día 19 de Junio. Es por esto que yo, desde esta página, voy a dar una visión puramente personal de esta jornada, intentando transmitir las hondas sensaciones que me invadían al ser testigo directo de lo que creo que ya hay que definir como la revuelta popular más importante de los últimos años.

El retumbar de los tambores

Comencé a seguir la marcha desde la Plaza de Carlos V, más conocida como Atocha, en Madrid. Allí, situado en su mismo centro, vi como iban llegando, confluyendo y fundiéndose, las columnas procedentes de barrios situados al Este, Sur y Oeste de la ciudad. Más que las consignas coreadas, que las pancartas con frases reivindicativas, más aún que la misma multitud que desbordaba cualquier previsión, lo que más llamó mi atención fue el sonido de los tambores. Era un sonido rítmico, pero contundente, fuerte, rotundo, como de tormenta desatada en el mismo corazón de la protesta. Yo lo percibí como el retumbar de tambores que llamaban a la reunión de los guerreros para salvar a la tribu de algún inminente peligro. Aquel sonido se propagaba por la jungla urbana y hacia su foco se dirigían, desde todos los orígenes de los vientos, miles y miles de personas perdidas que, al fin, habían descubierto un punto de encuentro y, a su vez, un punto de partida hacia el futuro.

Esos mutantes de la especie que creen que toda la tribu ha de estar a su servicio y que aquel día estaban temblando en sus sillones escuchando el sonido de los tambores

La tribu humana

La selva opresora de hormigón y asfalto se había abierto en inmensos claros; sus fieras metálicas y rodantes habían desaparecido presas del terror que les producía aquel ruido de tambores expandiéndose por calles y plazas, retumbando en muros, patios, tejados y zaguanes. La tribu humana había despertado y lo había hecho por sí sola, sin directrices de chamanes, profetas ni jefes. La tribu humana se había decidido a reconquistar su territorio, es decir, su destino, y estaba dispuesta a arrebatarlo de las manos que lo habían secuestrado, de las manos ladronas de políticos y financieros, esos mutantes de la especie que creen que toda la tribu ha de estar a su servicio y que aquel día estaban temblando en sus sillones escuchando el sonido de los tambores.

Esas fueron mis sensaciones –y mis emociones- en el día 19 de Junio. Espero que sólo hayan sido las primeras y que vuelva a escuchar, en breve, los tambores de guerra.


Sobre esta noticia

Autor:
José Javier González De La Paz (30 noticias)
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Tipo:
Opinión
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