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Tarde para volver 18

22/11/2009 13:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Fin del capitulo 7 y comienzo del 8

Estaban cada vez más contentos con haber tomado la decisión de seguir esta carrera. No les resultaba muy difícil a ninguno de los dos, y verdaderamente se ayudaban mucho mutuamente con la gramática.

Había pasado casi un año cuando Mabel recibió la noticia de que su padre había empeorado. Como sabía que esto iba a suceder, ella había reservado sus vacaciones para esta eventualidad, por lo que viajó inmediatamente. No tenía ninguna esperanza que esta vez su padre mejorara como lo había hecho el año pasado, por eso cuando

se despidió de Alex en el aeropuerto, lo hizo en medio de un llanto ahogado. Él trató de reconfortarla, pero es difícil encontrar palabras que atenúen el dolor que provocan estas situaciones. Como siempre utilizó el beso para consolarla. Y como siempre también funcionó.

La vio partir y pensó que tal vez él debería haberla acompañado. Por otro lado pensaba que estas situaciones son para vivirlas en familia, en forma privada, y aunque él fuese su pareja, no conocía a ninguno de ellos. Además, hacía tiempo que venía elaborando una idea.

Tampoco se había tomado vacaciones ya que ambos lo hacían juntos, así que supo que había llegado el momento de ponerla en práctica. Tendría que decidirse a viajar a Inglaterra.

-Un día tiene que ser, no puedo vivir toda mi vida huyendo- se había dicho sin comentarle nada a Mabel. -Tengo que intentarlo algún día- se repitió convencido -y el mejor momento será cuando ella vaya a Uruguay.-

Tenía que ir solo por si lo detenían en la aduana. Hubiera sido terrible para Alex que lo arrestaran frente a Mabel.

Capitulo 8

Estaban los tres sentados en la mesa del bar, frente a sus respectivas tazas de té, cuando Alex terminó su relato. Pete sentía una tremenda sensación de culpa.

-Cómo pude juzgar a mi amigo de toda la vida como le he hecho todos estos años, y de la forma en que lo juzgué? -Pensaba en silencio.

Lo conocía desde niño. Conocía sus sentimientos, su manera de pensar y de actuar, sus emociones. Todo.

-Cómo pude entonces juzgarlo tan rudamente como lo he hecho?!- pensaba ahora furioso contra si mismo. –Cómo?!-

No sabía cómo pedirle que lo disculpara.

Sophie se sentía, por primera vez en los últimos cinco años, liberada de una pena que la había acompañado sin cesar, impidiéndole ser feliz.

Ya no era La muchachita abandonada a su suerte sin una explicación

Ahora sabía que Alex no había dejado de amarla repentinamente. Ni la había abandonado siguiendo a otra mujer.

El no saberse abandonada la hacía sentir realmente feliz. Tan feliz!, que no se le ocurrió pensar en Joey y en cuán distinto hubiera sido su presente.

No. Sólo pensaba que no la habían dejado de querer.

Es que la angustia que había sentido durante todos esos años la había hecho pensar que no era merecedora de amor. Se daba cuenta por primera vez que no había sabido valorar todo el amor que Pete le había ofrecido, sin pedir nada a cambio.

-En realidad- se cuestionaba en silencio, - durante todo este tiempo no me he sentido realmente amada pese a todo el amor que Pete me ha brindado. Qué tonta he sido!. Cómo he podido mezclar las cosas de esta forma? Cómo he podido no aceptar ese amor incondicional que me ha brindado?-.

Y todo su pensamiento rondaba en este único y exclusivo tema.

Ambos se quedaron en silencio unos minutos ensimismados en sus pensamientos.

Alex los miraba extrañado.

-Sería posible que después de haber escuchado lo que les había contado, ninguno de los dos mostrara ninguna reacción!-

Es que él no podía adivinar los pensamientos que ellos estaban teniendo.

Cuando al fin Sophie tomó conciencia que nadie había dicho ninguna palabra desde que Alex terminara su relato, lo miró con dulzura y tomándole la mano le dijo, dejando de pensar sólo en ella misma.

-Imagino cuanto habrás sufrido en todo este tiempo! Yo creía que había vivido cosas realmente fuertes, pero hoy comprendo que las que tú viviste fueron mayores-.

-Realmente te agradezco que por fin hayas decidido contarnos todo-. Pete reforzó las palabras de Sophie y agregó -Lo primero que quiero pedirte, amigo, es disculpas por haberte juzgado tan duramente estos años. Debí haber presentido que algo fuera de tu alcance te había sucedido para que tuvieras esa actitud. Pero, reconozco que jamás lo pensé- y continuó tratando de justificarse -Tal era la furia que sentía por tu comportamiento y al ver sufrir a Sophie como la ví, no me ha permitido recapacitar-.

-Comprendo perfectamente los sentimientos que han tenido con respecto a mí- dijo Alex- No necesitan disculparse ninguno de los dos. No creo que yo hubiera actuado diferente a vosotros- y añadió -Ustedes basaban todo en una mentira que por cierto era bastante desagradable. Lo siento, esa noche ninguno de mi familia pensaba con claridad. Mi padre fue el único que aportó una idea y todos la aceptamos simplemente porque no teníamos ninguna otra para evaluar- y continuó en tono esperanzado - Ahora tenemos que pensar que vamos a hacer en el futuro. El pasado ya pasó.

Pensemos como puedo integrarme a la vida de Joey, sin confundir la inocencia de sus 4 años-.

Los tres se quedaron pensando por separado cuál podría ser la forma.

Pete rompió el silencio.

-No quisiera que me malinterpretes Alex pero Joey ha tenido una vida muy feliz hasta ahora, y no veo como puedas integrarte. Somos una familia unida y feliz. Joey no conoce otro padre que no sea yo, y no creo que tenga edad para comprender la diferencia entre un padre adoptivo y uno biológico-.

-Por supuesto que no la tiene- respondió Sophie. -Eso esta claro!-

Alex bajó los ojos en silencio. No tenía nada que rebatir.

Comprendía perfectamente lo que le estaban diciendo. Era exactamente lo mismo que él se había planteado.

Pero también pensaba que ahora que conocía la existencia de su hijo no quería renunciar a él.

Y también estaban sus padres que se sentían abuelos aún sin conocerlo.

La situación era realmente difícil. Ninguno de los tres veía una salida.

Por fin, Sophie tomó la palabra.

-Alex- dijo con voz apesadumbrada- Creo que lo más sensato es que no le digamos nada por ahora. Cuando tenga la edad suficiente para entender podremos explicarle todo y entonces, podrás ser realmente su padre biológico-.

-Y que haré yo hasta entonces? -preguntó Alex casi sin aliento.

-No lo sé- dijo Sophie con lágrimas en sus ojos -Todo esto es realmente complicado, sin contar con lo inesperado que es para todos nosotros. Pero sinceramente, no creo que puedas presentarte a Joey y decirle quien eres-.

-En esto estamos de acuerdo- dijo Alex con una tristeza indescriptible y añadio en un intento de convencerla - pero podría presentarme como un amigo de la familia que va a visitarlos a ustedes y así tendría la oportunidad de conocerlo-.

Pete, quien empezó a sentir que Alex podría despojarlo del inmenso cariño que Joey sentía por él, se opuso terminantemente. No quería ser egoísta con él pero no estaba dispuesto a perder nada de lo que consideraba suyo desde hacia 5 años.

Además, también temió que lo separara de Sophie. Él sabía que Sophie le tenía un inmenso cariño pero que no lo amaba.

No. No pensaba renunciar a nada de lo que tanto amaba! Él había construído esa familia! Él la había cuidado con esmero. Él la había protegido durante todo este tiempo. Él y sólo él.! Si tenía que hacerle daño a Alex lo prefería a cualquier posibilidad de perderla.

-Si quieres conocerlo, se me ha ocurrido una idea- le dijo Pete casi en un susurro, como queriendo que sus palabras se las llevara el viento sin ser escuchadas. -Podríamos encontrarnos mañana en el parque. Nos encontraríamos en la zona de los juegos, y tú podrás verlo desde lejos-. Y añadió -Ya llegará el momento en que puedas sincerarte con tu hijo y abrazarlo- le dijo animadamente mientras en su interior esperaba que fuera dentro de mucho tiempo.

Alex no estaba muy contento con esa decisión pero pensaba que si bien podía tener derechos legales, puesto que un simple ADN demostraría que era su hijo, no tenía ningún derecho a irrumpir en la vida de esa familia. Que era su obligación aceptar la decisión de ellos. Sobre todo pensando que no se podía quedar en Inglaterra.

Sophie estuvo de acuerdo con la decisión de Pete. Sabía que las cosas que ya no tenían arreglo y su familia la formaban Joey y Pete. El conocer las circunstancias por la cual se había llegado a esta situación, no borraba lo vivido en los últimos cinco años.

Quedaron en encontrarse al mediodía del día siguiente. Se despidieron de una manera casi solemne. No se parecía en nada a la forma en que lo hacían cuando eran adolescentes y estaban juntos.

Alex regresó muy triste a su casa. Les contó todo lo acontecido a sus padres. Ellos le preguntaron sino había alguna manera de conocer a Joey.

-Esta noche no hemos podido poner eso en claro. Pero pienso que más adelante encontrarán una manera de visitarlo. No estoy intentando tranquilizarlos ni alegrarlos, de verdad creo que la encontrarán- les contestó convencido de sus palabras.

Se despertó muy temprano. Hoy era el día. Iba a conocer a su hijo aunque fuera de lejos. No iba a poder abrazarlo ni besarlo pero lo vería por fin.

Estaba sumamente nervioso. Parecía que las horas no querían pasar en el reloj. Miraba tan frecuentemente sus manecillas que le parecía que no se movían.

Alex partió en el coche de su madre rumbo al parque. Era el mismo parque en que había besado a Sophie por primera vez. Recordó ese instante. Cuánta emoción había sentido y puesto en ese primer beso! Cuánto lo había esperado! Y qué bien había sabido!. Le pareció sentir en sus labios el calor y el sabor de los labios de Sophie.

Era un agradable comienzo de atardecer. Estaba soleado y aunque también había bastante viento, la temperatura era agradable.

Llegó mucho tiempo antes de la hora prevista y se sentó en un asiento frente a los juegos infantiles.

Miraba a los otros chicos jugar y reír junto a sus padres y pensó con mucha tristeza que él jamás viviría eso con Joey.

Que mala jugada le había hecho la vida!

Suponía que, mas adelante, el formaría una familia con Mabel.

Que si Dios quería, tendrían hijos y que podría disfrutar con ellos lo que hoy le estaba vedado con Joey,

Pero también sabía que Joey existía y él no podía tenerlo.

Los vio llegar sonriendo, a los tres.

Ambos sostenían a Joey, cada uno de una mano y lo hacían saltar al tiempo que se reían a carcajadas e iban contando, como hacen siempre los padres, un, dos tres. Alex no podía oírlos desde esa distancia, pero no tenía dudas que estaban contando.

Llevaron a Joey a las hamacas.

Desde allí lo saludaron con la mano.

Pocos minutos mas tarde, Pete se alejó de ellos y se dirigió a Alex.

-Hola amigo, cómo estás? Has visto que buen muchacho es Joey? Es un chico muy alegre. Tiene muchos amiguitos. Siempre está de buen humor. Le encanta la música, y siempre está haciendo movimientos como si tocara una batería. No te imaginas con que ritmo acompaña con su imaginaria batería lo que está oyendo en cualquier lugar que se encuentre. Le hemos comprado una de juguete y tendrías que verlo como, cuando sentado en el banquillo, ejecuta el movimiento que la música le indica.-

Pete sabía que su amigo estaba sufriendo y trato de consolarlo lo mejor que pudo, después de todo, había compartido con él los mejores años de su vida y le tenía un cariño inmenso

-Alex, sé que estás triste. No debe ser fácil estar viendo a tu hijo en brazos de otra persona. Yo lo único que puedo garantizarte es que lo amo como si fuera mi hijo y no dudes que daría mi vida por él-.

-Gracias- le respondió con tristeza.- Es bueno saberlo. Me alegra que mi hijo sea tan querido. Algún día yo podré decirle también cuanto lo amo. Me parece increíble. Hace dos días no sabía de su existencia. Nunca lo he visto excepto ahora de lejos, jamás le he oído decir una palabra, y no puedes siquiera imaginarte lo que siento en mi corazón por él. Se podría pensar que esto es imposible pero te garantizo que es así- trago con fuerza tratando de quitarse el nudo que sentía atravesado en su garganta.

Pete miró a Alex con tristeza y pensó- Esta bien que lo considere casi un enemigo que puede arrebatarme mi vida familiar, pero eso no me hace olvidar que hemos sido grandes amigos. Me duele también su dolor-.

Tratando de cambiar de tema y con la intención de sacarlo de esa tristeza le dijo que tenía una fantástica noticia que darle.

-Durante toda la mañana no he hecho otra cosa que ocuparme de ti. He dejado de lado todo el trabajo de la oficina- le contó tratando de animarlo. -Tuve que hacer infinidad de llamados puesto que nadie recordaba nada del tema. Llame a todos mis conocidos en la comisaría. Nadie sabía nada. Por fin después de preguntarse unos a otros, alguien recordó tu caso. Prepárate para una excelente noticia. No vas a creerme lo que voy a decirte, pero es absoluta verdad-. Y agregó en tono exaltado -Se presentó una sola denuncia de tu accidente! Una mujer de 80 años, que padecía de insomnio, oyó el chirrido de los frenos y un golpe seco, y bajo a ver que pasaba. En su declaración dijo que vio huir a alguien, pero no pudo ver de quien se trataba, en un coche que le pareció que era negro, pero que podría haber sido gris oscuro. Que la oscuridad de la noche no le permitió distinguir bien el color. Pero que alcanzó a ver la patente y la memorizó. Se acercó para comprobar si el hombre estaba vivo y le pareció que estaba muerto. Subió inmediatamente a llamar a la policía, contándole todo lo que había visto y dándole tu número de patente. Ella fue el único testigo de tu accidente- y añadió solemnemente -Te imaginaras que cualquier abogado hubiera hecho añicos su relato. Bastaba con que ella hubiera confundido una sola letra, un solo número, o simplemente, hubiera invertido algunos de ellos, para que el incriminado en el accidente fuera otra persona y no tú-.

Dio un respiro y agregó -Cómo si esto fuera poco, el hombre que atropellaste era un indigente borracho. Nadie se presentó a hacer ninguna denuncia. Sólo si hubieran podido interrogarte, a lo mejor presionado por el interrogatorio, la culpa y tu corta edad, tú te hubieras incriminado sólo. No había ninguna prueba en tu contra. Sólo el relato de una anciana. Tu coche, apareció muchos meses después, a varios quilómetros- y remató -Nadie hizo ninguna relación con el caso-.

Miro a su amigo a los ojos y volvió a explicarle -En pocas palabras Alex, no hubo nunca un expediente de acusación en tu contra. Eres totalmente libre de volver a Inglaterra sin ningún temor-.

Alex estaba atónito. Tenía la impresión que lo que había oído no podía ser verdad. –No- se dijo, -estoy interpretando mal las palabras. No puede ser que las cosas hayan sucedido de esa manera-.

Quería hablar, pero ninguna palabra salía de su boca.

La garganta, reseca como la sentía, le quemaba intensamente.

Sentía un fuerte dolor en el pecho. No podía respirar con facilidad.

Las cosas le giraban a su alrededor y sin emitir ningún sonido cayó desvanecido sobre el hombro de Pete

Sophie que seguía la escena desde lejos, se asustó.

Bajó a su hijo de la hamaca, lo tomó en brazos, y fue corriendo hacia el banco.

En ese momento, Alex se despertaba de su lipotimia.

Cuando vio a Sophie, con Joey en brazos, se largó a llorar como un niño.

Pete trató de calmarlo inútilmente.

Joey preguntó quién era ese hombre y porqué lloraba.


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Edelweys (185 noticias)
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