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Tarde para volver 5

17/11/2009 23:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Comienza el segundo capitulo. Tengo que seguir dividiendolo porque no me permite en un solo bloque

Espués de 3 años de guerra civil, España estaba totalmente destrozada. Las víctimas, que se calculaban en aproximadamente 600, 000, sumadas a la importante emigración, cuyo número exacto se desconocía, y a la destrucción de los medios de comunicación y transporte, la había llevado al borde del colapso.

El hambre y la miseria asolaban a gran parte de su población, sobre todo la obrera y campesina.

El temor a la persecución por sus ideologías provocaba un mutismo obligado por las circunstancias.

Los salarios bajísimos, estipulados por el estado, llevaban a un escaso poder de adquisición de los españoles.

La racionalización de los productos elementales, debida a la escasez de los mismos, acrecentada por el boicot internacional, hacía más notable la miseria.

Los cupos, sobre todo para alimentos, designados por el gobierno, no cubrían las necesidades de las familias.

En esta situación de una España dictatorial y totalmente sometida al régimen, vivía Antonio junto a sus padres, María Enriqueta y José.

Antonio había nacido y crecido como hijo único, pero sus padres habían tenido dos hijos más antes que a él.

María Josefa, la más pequeña y Felipe.

María Josefa tenía un año recién cumplido cuando una tarde comenzó con fiebre altísima y vómitos. Sus padres la habían visto muy mal y la habían llevado al hospital.

Cuando el médico la revisó ordenó inmediatamente su ingreso.

Al cabo de unas horas les informaron que lamentablemente sus signos coincidían plenamente con los de una meningitis y que las posibilidades de sobrevivir eran escasas.

Ambos, después de dejar a la niña, fueron a la capilla a rezar.

Al día siguiente, José comenzó con los mismos síntomas de su hermana.

Desesperados, pues no tenían dudas que los médicos volverían a decirles lo mismo, lo llevaron al hospital.

Un día más tarde Josefa entró en coma profundo, y pocas horas después murió.

José, que en un primer momento había experimentado una cierta mejoría, no tardó en entrar en coma y murió dos días después que su hermana.

En esos momentos, María Enriqueta estaba embarazada de Antonio.

No se puede pensar, por lo tanto, que él nació en un hogar feliz.

Después de la muerte de sus hijos, María Enriqueta, prácticamente no volvió a sonreír.

Su rostro reflejaba siempre un gesto huraño permanente y cualquier palabra o acción de su marido eran motivos suficientes para que se encerrara en un mutismo absoluto.

José empezó a concurrir a distintos bares, para reunirse con gente y poder hablar de cualquier tema que no tuviera relación con lo que le había pasado.

Algunas veces volvía totalmente borracho.

En una de esas noches había conocido a María Jesusa, una muchachita aldeana que había venido a Valencia, huyendo de la pobreza de su aldea, en Galicia.

Se ocupaba de la limpieza de un gran almacén y vivía en una miserable habitación que le había cedido su patrón.

José encontró un poco de paz con ella, pero sobre todo, encontró el sexo que María Enriqueta le estaba negando en los últimos tiempos.

Tuvieron un affair que duró algunos meses.

De esa relación nació Jesús. José reconoció a su hijo en el registro civil.

La relación entre ambos había terminado, por lo menos así lo había decidido José. No obstante, cada tanto, venía a visitar a Jesús y le traía algún alimento que había podido sacar de su casa sin que María Enriqueta lo notase. Preguntaba como estaba sin prestar demasiada atención a la respuesta.

No se quedaba mucho tiempo y algunas veces volvía a tener alguna relación sexual con María Jesusa, quien jamás se casó.

Ella dejaba a su hijo en la habitación mientras trabajaba y subía regularmente a alimentarlo.

Cuando fue un poquito más grande lo llevaba consigo, lo sentaba en el suelo con algún juguete hecho con algún objeto en desuso, como por ejemplo, una caja vacía, y lo vigilaba desde lejos, mientras cumplía con sus obligaciones.

Jesús empezó desde muy pequeño a ayudar a su madre en las tareas de limpieza. No tuvo una infancia feliz pero nunca le faltó el amor de su madre, ni su mirada atenta, vigilándolo.

Cuando fue un poco mayor, el dueño del almacén lo empleaba para realizar distintas tareas y le daba algunos duros a cambio.

A los 15 años se desempeñaba como dependiente, ayudando al dueño en todas las tareas. Había visto durante su infancia en que consistían y había aprendido todo lo concerniente al trabajo, mirándolo.

En esos tiempos, María Enriqueta y José se habían hecho enemigos acérrimos del régimen.

Solían reunir en su casa a todos los amigos con su misma ideología.

Sus ideales eran altos. Pensaban ambos que España se merecía cualquier sacrificio. Probablemente ambos habían encontrado una razón más para vivir en esta lucha desigual a la que se enfrentaban con el gobierno.

Y pagaron muy caro esos ideales!

Antonio, cuando llegaba a su casa y se encontraba con toda esa gente que discutía acaloradamente, se encerraba en su habitación.

Prendía la radio y subía su volumen lo suficiente como para no poder escuchar lo que estaban hablando.

A él no le interesaba la política

Pese a que era muy joven ya había descubierto que sólo los jerarcas y los amigos del régimen, eran los únicos que vivían sin pasar necesidades.

Ellos no tenían que ajustarse al apretado cupo que el gobierno le entregaba a cada familia. Todo les estaba permitido con total impunidad.

También sabía que oponerse a sus designios podía costarle la vida y él no tenía los ideales de sus padres. Prefería cuidar su propia vida.

Sus padres, como tantos españoles, perdieron sus vidas por esos ideales.

Simplemente un día no volvieron y él no supo más nada de ellos.

Antonio, por lo tanto, tuvo que tomar conciencia que sus padres habían sido asesinados y que él había quedado huérfano.

Con sus escasos18 años estaba confundido, asustado y sin saber que hacer.

Temía que vinieran por él como lo habían hecho con sus padres.

No tenía ningún otro familiar donde acudir. Tampoco tenía muchos amigos. Y lamentablemente todos ellos eran hijos de padres que, como los suyos eran enemigos del régimen y temía recurrir a ellos.

Sus únicos dos tíos paternos, puesto que la madre había sido hija única, habían muerto durante la guerra civil, hacía un par de años, junto a sus esposas e hijos.

Estuvo cavilando durante dos días. Daba vueltas por la casa sin saber que estaba haciendo. Saltaba asustado ante cualquier ruido que oía.

Cuando se iba a acostar le parecía sentir que golpeaban la puerta de su casa y pegaba un respingo en la cama para corroborar si era cierto. Por eso no lograba conciliar un sueño reparador. Así transcurrieron esos dos días con sus respectivas noches.

Cansado, sin poder dormir y sin tener muchos deseos de comer, comprendía que tenía que tomar una decisión si no quería enloquecer.

Hurgó en los rincones donde supuso que sus padres podrían haber guardado el dinero. Sabía que como la mayoría de los españoles de esa época, jamás habían confiado en los bancos.

Lo encontró sin ninguna dificultad. Reconoció que sus padres eran demasiado confiados, pues prácticamente estaba al alcance de cualquiera.

Tomó todas las pesetas que sus padres habían ahorrado a lo largo de sus vidas.

No era una gran cantidad pero tampoco la consideraba una suma despreciable. Pensaba que sería suficiente para empezar una nueva vida.

Juntó los pocos objetos de valor que había en la casa.

Armó sus maletas no solo con su ropa sino también con la de su padre.

No sabía qué le depararía el futuro y era mejor prevenir.

De todas formas la suma de ambos vestuarios apenas llenaba una maleta.

Salió a comprar un curso de discos y libros para aprender inglés.

Luego de mirar detenidamente los que había en la estantería le pareció que ese que tenía en la mano, era el más completo. Constaba de un libro, un diccionario y varios discos.

Le pareció que el precio era muy elevado, pero al compararlo con los otros cursos, y después de pensarlo, decidió que debía optar por éste.

Había oído decir a muchas personas que en Inglaterra era fácil conseguir trabajo así que sin saber una sola palabra de ingles y sin conocer a nadie allá, se marchó.

El viaje duró dos días. Fue bastante agotador.

Cuando llegó a Londres hacia frío, llovía y una neblina espesa cubría la ciudad.

No sabia adonde dirigirse.

Había estado pensando como desenvolverse en esa ciudad desconocida. Puesto que no tenía la menor idea de cómo pronunciar las palabras que encontraba en el libro, sabiendo que no era como el español y que su pronunciación no tenía mucha correlación con la escritura, decidió escribir en un papel.

Buscó en el libro cómo explicarle a alguien que recién había llegado a la ciudad y que no tenía donde dirigirse pues no disponía de mucho dinero. Lo escribió en un papel tratando de poner mucha atención en lo que hacía y confiando en hacerlo de la forma más correcta posible, prestando mucha atención a lo que leía en el libro y en el diccionario.

Antonio confiaba que la traducción que había logrado hacer con mucho esfuerzo fuera entendible, porque no estaba seguro de haber sabido unir todos los términos de la oración.

Dándose ánimo entró en un bar y se dirigió al mostrador, saludó con la cabeza a la persona que estaba atendiéndole y le exhibió el papel.

Tuvo la suerte de encontrarse con una persona de edad, que sintió lástima de ese jovencito asustado que había escrito en un papel: - De España vengo. No sé hablar inglés. No tengo casa. No tengo dinero. Hace mucho frío. Ayuda?-

El hombre discó el número de la policía, quien inmediatamente llamó a servicios sociales.

El asistente social que vino a buscarle no sabía hablar español aunque ya el encargado de la barra del bar lo había puesto al tanto de la situación.

Antonio le volvió a mostrar el papel.

Lo llevaron a un albergue cercano.

No era un lugar muy agradable, pero estaba limpio y no hacia frío.

-Suficiente para mi en esos momentos- pensó Antonio y esbozó una sonrisa.- No empezaba mal, después de todo, su vida allí!- pensó esperanzado.

Estaba muy cansado.

La excitación de un viaje que le había parecido eterno, el miedo que lo había impulsado a partir, el no saber con que iba a encontrarse ni lo que iba a hacer, lo habían agotado. Así que no tardó mucho en conciliar el sueño.

Cuando se despertó a la mañana siguiente, lo primero que hizo fue escribir en un papel para mostrárselo al encargado del albergue: - Trabajar quiero. Cualquier empleo. Conoce algo?-.

Él estaba dispuesto a aceptar cualquier trabajo que le ofrecieran.

Steve, el encargado del albergue siempre sabía de algún puesto de trabajo.

Eran muchos los que estaban en la misma situación que Antonio, pero no muchos los que se interesaban en conseguir trabajo.

Preferían vivir en los albergues y comer lo que conseguían. Por eso sintió mucho interés en ayudarlo.

Lo mandó con una nota a un restaurant cercano donde necesitaban un lavaplatos.

Conocía a su dueño y en la nota le aclaraba que confiaba mucho en este jovencito y en su capacidad para adaptarse pese a no saber el idioma.

Hacía años que trabajaba en el albergue por lo que sabia clasificar fácilmente a las personas y se había dado cuenta que Antonio no quería vivir de la limosna sino de su esfuerzo

Lo tomaron a prueba. Antonio puso todo su ahínco en el trabajo. Era el primero en llegar y el último en irse. Al mes lo dejaron efectivo.

La paga no era muy buena pero le permitía comprarse su alimento y ahorrar un poco de dinero.

Siempre llevaba consigo en su ropa interior las pesetas que aún no había cambiado y a las que, semanalmente, agregaba sus ahorros.

Lo primero que había hecho cuando recibió su primero paga fue comprarse un pequeño tocadiscos y, cada día, cuando finalizaba su trabajo, se abocaba de lleno a estudiar el idioma.

Steve, asombrado de ver tanto entusiasmo y voluntad, lo ayudaba mucho. Cuando terminaba su trabajo, solía sentarse a su lado y explicarle el uso de la gramática pero sobre todo, hacía mucho hincapié en la fonética.- Este idioma es muy fonético-, le había explicado en primer término. -No hay reglas preestablecidas para su pronunciación, si bien muchos grupos silábicos, siguen una regla, no lo hacen con todas las palabras en las que podrás encontrarlos- le había dicho- por lo que debes prestar mucha atención para recordarlas-.

Steve se asombraba cada día de los progresos que iba haciendo, de la voluntad férrea que ponía en aprender y del tiempo que le dedicaba al estudio.

A los 6 meses, Antonio podía manejarse, aunque con cierta dificultad, con el idioma. Ya no necesitaba escribir en un papel.

Un día, cuando faltó el ayudante de cocina, porque se había cortado dos dedos con un cuchillo y no podría utilizar su mano por un tiempo, el cocinero le preguntó si no quería ganarse un dinero extra ayudándolo cuando terminaba su trabajo.

Antonio agradeció ese ofrecimiento y se abocó a su nueva tarea con mucha dedicación.

Quiso aprender lo más que pudiese en ese tiempo. Observaba al chef, maravillado, armar los platos. Aprendió a cocinar algunos de ellos.

Tomó conciencia, entonces, que no podía permanecer mucho tiempo lavando platos, puesto que eso jamás le depararía un futuro.

Cuando el ayudante regresó, se sintió apenado. Tenía que dejar un trabajo que realmente lo había atrapado.

Decidió entonces que podía tratar de conseguir un trabajo similar en otro restaurante.

Por eso, cuando terminaba su trabajo, salía a caminar en busca de algún cartel colgado en algún restaurante, solicitando ayudante de cocina.

Cuando al fin encontró uno se dio animo y se dijo a si mismo;

-Qué pierdes con intentarlo? Entra con arrogancia y aplomo. Hazte valer. Cuéntale tu experiencia, aunque escasa, en el otro restaurant. No tengas miedo. Has hecho tantas cosas que nunca había intentado antes en los últimos tiempos! Y no te ha ido muy mal verdad? ¿ Porque iba a irte mal ahora? Vamos, Antonio, valor. Entra y consigue el trabajo!-

Y lo consiguió.


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