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Tarde para volver 6

17/11/2009 23:16 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Continuacion del segundo capitulo

Al principio cumplió con ambos empleos, el de lavaplatos y el de ayudante de cocina. Por supuesto terminaba extenuado y ya no tenía tiempo para aprender ingles.

No le importaba, estaba ahorrando dinero y eso lo hacía sentir orgulloso y atenuaba su cansancio.

Realizó ambos trabajos durante dos años.

En ese tiempo había conocido a Stelle, una bella inglesita que estudiaba literatura inglesa.

Se habían enamorado, y ella le enseñaba, con mucho cariño, no sólo el idioma sino la historia de Inglaterra y su literatura.

Ya no vivía en el albergue desde hacía mucho tiempo.

Alquilaba una pequeña habitación en una pensión en los alrededores de Londres.

Un día se compró un libro de recetas de cocina y en la casa de su novia, empezó a practicar alguna de ellas.

Empezó a hacerlo regularmente .Su novia siempre alababa los resultados obtenidos. Él se lo agradecía diciéndole que era fácil que una mujer enamorada le dijera eso a su novio. Lo difícil será conseguir que otros lo hagan!.

Ella le respondía imperturbable que no era el amor el que la hacía alabarlo sino la calidad del plato.

Antonio se reía al escucharla, por eso volvía a repetirle lo mismo cada vez. Le encantaba ver a su novia defendiendo su capacidad.

Practicó durante mucho tiempo combinar ingredientes con adobos y salsas. Muchas veces los resultados eran incomibles o desagradables, pero otras, obtenía un excelente plato.

Entonces sintió que ya era tiempo de encontrar un trabajo mejor. Y como hizo la primera vez, empezó a merodear por los alrededores al salir de su trabajo, en busca de algún cartel.

Pero esta vez ya no buscaba uno que pidiera ayudante de cocina, sino de chef.

Antonio había aprendido que para conseguir algo había que arriesgarse pero sobre todo, había que demostrar capacidad para el trabajo, siendo necesario algunas veces ser tal vez un poco arrogante. Cuando se presentaba a una entrevista, él comenzaba a jugar su juego partiendo de la base que era el ganador. Y le estaba dando resultado.

Nuevamente consiguió lo que quería, en un pequeño restaurant atendido por su dueño, Stuart, que ya estaba cansado, debido a su edad, de hacer todo el trabajo del negocio, y que ahora quería dedicarse a atender solo la caja y dejar la tarea de la cocina.

Comenzó a trabajar y muy pronto, y como casi siempre le pasaba, debido a su simpatía y tesón, se hizo muy amigo del dueño.

Un día le propuso agregar un nuevo plato a su lista del menú. Lo había ensayado muchas veces y le había hecho varios cambios, hasta obtener lo que le pareció un plato diferente.

Stuart no estuvo de acuerdo. No era de las personas que le gustaba innovar si algo funcionaba, y como no podía quejarse de como marchaba su negocio, no le interesaba hacer cambios. Tenía una clientela estable y satisfecha.

Antonio no se dejó intimidar por el no.

Compró todos los ingredientes necesarios y entre plato y plato del restaurant preparó el suyo.

Se lo llevo a Stuart, quien en principio lo miró con aire de desaprobación.

-Vamos- le dijo Antonio, - no me digas que no te animaras a probarlo!- Había usado un tono entre burlón y sarcástico por lo que Stuart sintió que no tenía más remedio que animarse.

Le gustó la presentación. Lo probó y quedó encantado con su sabor y la combinación de ingredientes.

Estaba perfectamente sazonado, y pese a ser un simple plato hecho a base de cerdo, le pareció completamente distinto a los que ofrecía en su negocio.

Aceptó agregarlo al menú.

Cada semana Antonio preparaba un plato nuevo y se lo presentaba a Stuart

Al cabo de seis meses no había en el menú del restaurant ninguno de los antiguos platos ofrecidos.

La clientela había aumentado considerablemente y si no había aumentado más, era porque no había mas mesas en el lugar.

Antonio estaba orgulloso con su progreso. Entonces la idea de su propio restaurant empezó a germinar en su mente.

Tenía bastante dinero ahorrado y todavía tenía las pesetas sin cambiar y los pocos objetos de valor que había traído de España.

Le comentó a Stuart sus planes. Le preguntó que posibilidades tenía de conseguir un pequeño préstamo del banco para sumarlo a sus ahorros y poder tener la oportunidad de abrir su propio negocio

Y ante el asombro de Antonio, Stuart, que nunca quería innovar si estaba cómodo, animado por la alegría y la positividad de Antonio, le ofreció formar una sociedad: Vender el restaurant actual y con el dinero resultante y los ahorros de Antonio ver que podían conseguir.

Estuvieron buscando por los alrededores durante un tiempo, pero no consiguieron lo que querían, por lo que se alejaron un poco de la ciudad.

Compraron un restaurant cuya capacidad de atención era el doble del anterior.

Estaba un poco alejado del centro de Londres, pero en un bonito barrio. El éxito fue rotundo.

En un año tenían una clientela estable y, salvo rarísimas excepciones, nunca quedaba una mesa vacía.

Como cada vez que conseguía sus metas, Antonio, quería probar una nueva, decidió que era momento de proponerle matrimonio a Stelle.

Había pensado preguntarle si se animaría a ir a vivir a un pueblo del interior de Inglaterra, donde los precios de los locales fueran más accesibles y él pudiera tener el suyo propio sin socio.

Cuando se encontraron esa tarde, Antonio estaba muy nervioso. No es que pensara que Stelle pudiera no aceptar su proposición matrimonial, sabía cuánto se querían los dos. Lo que temía es que le asustara la idea de alejarse de Londres. Siempre había vivido allí junto a sus padres.

Fueron a cenar. Antonio le había contado a Stuart lo que pensaba hacer esa noche y éste había dejado el reservado disponible para ellos dos.

Después de cenar, Antonio sacó de su bolsillo un estuche y ofreciéndoselo a Stelle le dijo con voz emocionada: -aceptarías casarte conmigo?-

Stelle, que ya había adivinado lo que Antonio iba a proponerle, por la ansiedad que había notado en él en los últimos días, no dudó un instante.

Tomó el estuche en sus manos, lo abrió, le mostró a Antonio la alegría que le producía esta propuesta, y con el estuche en la mano, se levantó de su silla y fue a darle un beso.

-Por supuesto que acepto, es que acaso lo habías dudado?-

-No- le dijo sinceramente Antonio, - no había dudado que aceptaras esta propuesta. Es que hay algo mas que tengo que explicarte y no se si te va a gustar-.

-Que es? -Preguntó asombrada Stelle.- Me has intrigado-.

-Te parece que podrías ser feliz viviendo en un pueblo alejado de Londres, donde yo pudiera comprar mi propio negocio?-.

Stelle no esperaba esta pregunta pero no se intimidó. Amaba a Antonio y sabía que podía confiar en él. -Y a donde iríamos.?-

-Donde nos guste a los dos, donde tú puedas conseguir un empleo similar al que tienes aquí y yo consiga un restaurant acorde a mi economía. Como veras no es tan sencilla la idea que he tenido-.

-Nunca había pensado en esta posibilidad. Cuando empezaste a tener estas ideas?- pregunto curiosa.

-Hace muy poco, pero ya me conoces, cuando algo empieza a germinar en mi mente no me lleva mucho tiempo transformarlo en acción. Y?, Cual es la respuesta?- volvió a preguntarle Antonio, temiendo lo que le diría.

-Amor mío, lo único que quiero es estar a tu lado y formar contigo una familia. Si para lograr estos propósitos tengo que cambiar algunas cosas, aceptaré los cambios con una sonrisa- le contestó

Acordaron que harían todo lo antes posible. Ambos estaban felices, aunque por supuesto sentían ciertos temores lógicos, pero Antonio era muy decidido y supo transmitirle a Stelle tranquilidad.

Cuando Antonio le comunicó a Stuart sus planes, él se entristeció mucho con la noticia. Pero apreciaba mucho a esa pareja y entendía la necesidad de Antonio de progreso e independencia, pues había llegado a conocerlo lo suficiente como para saber que él seguiría intentando crecer siempre y que nunca querría dejar de buscar desafíos.

El negocio marchaba de maravillas y pensó que no quería probar suerte con otro socio para continuarlo por lo que le compró su parte.

A la mañana siguiente Stelle se dirigió a la dirección del colegio donde hacía menos de un año estaba ejerciendo como profesora.

Golpeó la puerta deseándose suerte.

El director le había dado permiso para entrar. Caminó con pasos vacilantes.

-Buenos días Stelle, qué sucede?, se la ve cara de preocupación-.

-Puedo robarle un poco de su tiempo, necesito hablar con usted de algo importante-, le dijo con voz dudosa.

-Por supuesto que puede, es todo suyo ese tiempo. Cuénteme-.

Stelle comenzó, tímidamente, explicándole la idea de su novio.

- En primer término la felicito por su compromiso, pero no entiendo en que puedo ayudarla?- le había preguntado, sin alcanzar a comprender porque Stelle le estaba contando todo esto.

-Quisiera saber si usted podría hacerme una carta de recomendación para presentarla en los colegios de la zona donde decidamos ir a vivir-.

-Por supuesto que le haré esa carta- le dijo con convicción, -aunque antes quiero hacerle saber que me entristece mucho que se vaya. Es una excelente persona y una buena profesora. Sus alumnos también se van a entristecer- Stelle esbozó una sonrisa de agradecimiento.

-Y a dónde piensan mudarse? -le había preguntado con curiosidad.

-No lo sabemos aún. Ninguno de los dos hemos estado fuera de Londres nunca y no conocemos nada. Hemos pensado solamente que el pueblo no fuera demasiado pequeño. Antonio cree que lo primero que tenemos que conseguir es mi empleo. Cuando lo hayamos hecho, él buscará por los alrededores algún negocio que esté en venta y que esté dentro de nuestro presupuesto. En ese momento decidiremos que ése será el pueblo elegido-.

-Déme un poco de tiempo, Stelle, veré si puedo contactar con algunos conocidos y asesorarla sobre las necesidades que pueden tener algunos colegios del interior-.

Stelle no podía creer que estaba teniendo tanta suerte. Jamás pensó que el director, con quien no había tenido casi relación excepto la estrictamente laboral durante este período que había estado trabajando, le ofrecería ayuda. -Y yo que había temido que se negara a darle la carta de recomendación!- se dijo a si misma con una inmensa alegría.

-Gracias, Sr.- le había contestado con excesiva timidez, pero demostrándole todo el agradecimiento que sentía por esta ayuda.

El viernes de esa misma semana el director la había citado en su despacho.

-Adelante Stelle, buenos días. Cómo marchan los preparativos?-

-Todavía no comenzaron Sr. Estaba esperando su respuesta.-

-Qué le parece Taunton como lugar de residencia?

-Taunton, la capital de Somerset? -Le preguntó Stelle. -Lo único que se de ese lugar es lo que he estudiado en mis clases de geografía. Nunca he estado allí, pero, como le dije antes, no tenemos preferencias por ningún lugar-.

-Entonces, Stelle, alégrese. Necesitaran un profesor de literatura el próximo curso lectivo. Este ya está por terminar, así que una vez que eso suceda será necesario sólo que acaben las vacaciones para tener su trabajo-

-Gracias Sr- le dijo con lágrimas en los ojos casi sin poder creer lo que había escuchado.

-El director del colegio quiere hacerle una entrevista, pero es sólo una cuestión de formalidad. Está conforme con los datos que le he dado de usted. El puesto será suyo.-

Cuando se lo comentó a Antonio, los dos fueron a fijarse en un mapa la ubicación de Taunton. Estaba situado a menos de 200 millas. -No está nada mal- pensó Antonio- nada mal. Además es la capital del distrito!-

Los días que Antonio tenía libre en el restaurant, nunca coincidían con los de Stelle, puesto que los de ella eran los sábados y domingos, que eran justamente cuando más trabajo tenían Antonio y Stuart.

Por ese motivo, decidieron que Antonio viajaría sólo a Taunton el primer día libre de semana, para ver que posibilidades existían de conseguir un negocio.

El presupuesto del que disponían no era muy importante así que no sería fácil, se había dicho para sí, encontrar algo.

Pero se equivocó. No fue en su primer viaje que lo encontró, ni en el segundo, pero al fin supo de un restaurant que estaba bien ubicado y que si bien era pequeño, cumplía bastante bien con las expectativas que él tenía en mente.

El problema es que costaba un poco más de lo que ellos disponían.

Al volver a Londres le preguntó a Stuart, como lo había hecho en la otra oportunidad, que posibilidades habría de conseguir un crédito.

-No lo se- le había contestado- es que jamás solicité un crédito, pero puedo averiguarlo-. Antonio le agradeció la oferta.

Cuando llegó a la casa de los padres de Stelle les contó excitado las novedades que tenía. Les explicó que realmente le había interesado mucho un local pero que el precio era un poco más elevado de lo previsto.

Los padres de Stelle se miraron mutuamente con aire de complicidad.

-Nosotros podemos ayudarlos- les dijo. -Tenemos dinero ahorrado y no tendríamos problemas en prestárselo. Nos lo irán devolviendo cuando puedan. Lo tenemos reservado para nuestra vejez por lo que no tenemos mucho apuro. Ya habíamos pensado ambos en la posibilidad de ayudarlos si era necesario-.

Antonio y Stelle no podían sentirse más felices. Todo estaba saliendo de maravillas.

Cuando habían conseguido ambas cosas, el trabajo de Stelle y el restaurant de Antonio, alquilaron una casa a 5 minutos caminando del colegio donde se desempeñaría ella y apenas unos 3 minutos más de donde estaba ubicado el negocio.

Era una hermosa casa con un inmenso jardín, donde ambos ya imaginaban como podrían corretear sus hijos el día que los tuvieran.

Se casaron en la iglesia más cercana.

No habían invitado a nadie al casamiento, puesto que no había quedado dinero disponible para una fiesta. No obstante Stuart y Steve, el encargado del albergue que siempre había estado en contacto con Antonio, habían venido a felicitarles. Ambos apreciaban mucho a la pareja.

Una vez finalizada la ceremonia invitaron a los padres de Stelle, a Steve y a Stuart a un brindis. Antonio había preparado un convite el día anterior, en el local que todavía no había inaugurado.

Luego se fueron a su casa.

Tampoco había dinero para una luna de miel. Pero a ninguno de los dos les importaba demasiado. Se sentían felices.

Al finalizar la semana siguiente a la boda, ya estaban listos todos los preparativos para la inauguración. Casi inmediatamente después, Stelle, comenzaría a dar clase en su nuevo trabajo y se habían apurado todo lo que pudieron para inaugurarlo antes de que eso ocurriera.

El restaurant funcionó tal como Antonio había supuesto.

Le costó un tiempo tener una clientela. Le había resultado más fácil en Londres. Pero no sólo consiguió tener una estable, sino también muy satisfecha.


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