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Un tatuaje no es una decisión a la ligera

26/01/2010 13:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En el siglo XXI los tatuajes ya no son sinónimo de presidiario o prostituta, pero permanecen los recelos sociales y el estigma

Vamos al grano, en menos de tres lustros el tatuaje ha pasado de ser un símbolo identificativo de y para marineros y prostitutas, a una moda que de ningún modo define a un estrato social concreto, vemos tatuajes en la piel de actrices como Angeline Jolie y deportistas como David Beckham, y también vemos tatuajes en maras guatemaltecas, mafias yakuza japonesas y tribus aborígenes. No sabemos a ciencia cierta quien o como se crean las tendencias a nivel global, pero si sabemos que a lo largo de la historia, perforaciones, laceraciones y tatuajes han tenido una importancia más o menos relevante, ya sea para identificar castas o para sentirse identificado con un grupo humano. Lo cierto es que desde finales del siglo XX la importancia de una imagen, como dice el refrán, vale más que mil palabras. Pero algo debemos tener bien en cuenta cuando planteamos la posibilidad de marcarnos la piel: el tatuaje es para siempre y no hay vuelta atrás.

Los procesos de eliminación de tintas con laser nunca retornarán a nuestra piel ni la tersura, ni la firmeza de una piel sana; el proceso de eliminación necesita el cuadruple de sesiones que un tatuaje y puede desaparecer gran parte del dibujo indeseado, pero deja una cicatriz más o menos visible que, además, merma las cualidades de la dermis y epidermis. El tatuaje también tiene tendencia a perder intensidad de color y precisión de los trazos con los años, otra cosa importante a tener en cuenta.

Por eso es muy importante decidir que tipo de tatuaje se desea, si finalmente nuestra intención es marcarnos la piel. Las modas son un peligro constante, ya que sobre todo los jóvenes razonan con tendencias del momento porque el dibujo que más se ve en la playa o en la piscina es "muy mono", y no se paran a pensar que ese Mickey Mouse o Piolín o esa Betty Boop, momentaneamente cumplirá su propósito pero quizás a la larga limita las posibilidades de ampliar el tatuaje de otra forma más artística. Muchos hemos conocido casos de pieles que se asemejan más al mono de Carlos Sainz en el rally de Paris-Dakar, mezclando dibujos animados con letras de distinto estilo y calibre, tribales y corazones maternales. El tatuaje no es potestad de un tramo de edad en concreto. Es bien cierto que son los adolescentes quienes se atreven con los más osados diseños, pero el autor de este artículo ha conocido el caso, por ejemplo, de un señor que se jubiló y su sueño era tatuarse en la espalda el angel de la legendaria banda inglesa Led Zeppelin, sus ídolos de juventud; y vaya si lo hizo, enorme y en tres sesiones. El tatuaje no identifica a ninguna tribu urbana en particular, es una opción personal e íntima y debe responder a las propias inquietudes del individuo y compensar la necesidad de mostrar al mundo algo de su interior, bien por criterios razonados, bien por capricho... es la grandeza de nuestra libertad a elegir lo que queremos hacer con nuestro cuerpo.

Soy un fan del tatuaje artístico, aunque los mios responden más a una mezcla de inquietudes y experiencias personales, pero lo más importante es pensar dos veces que pretendemos para marcarnos de una forma irreversible algo en la piel. Vamos a hacer unos puntos y aparte de reflexión para aquellos que buscan algo más que parecerse con sus tribales al vocalista del Canto del Loco o al cholo más guapo del barrio, con sus pendientes de oro y zapatillas fluorescentes.

1. Si solo pretendes seguir una moda con un diseño único y localizar el tatuaje en tu homoplato, intenta que no sea lo de siempre o lo que ya has visto, evita dibujitos animados, haditas, delfines, angelitos mofletudos, letras chinas, el nombre de tu novia e imagenes sobadas que, a la larga, cansan y no tiene más significado que pretender ser graciosillo. Busca una imagen que signifique algo para ti, que responda a una forma de ver la vida, que cada vez que lo mires en el espejo te defina y reafirme. Una forma de reconocer si es el diseño que realmente te haga exclamar "¡este es, así soy yo!" es imprimirlo y colgarlo en tu habitación, en un lugar donde lo primero que veas por la mañana sea eso, el tiempo que haga falta (yo recomiendo unos dos o tres meses) y mientras sigues con tu rutina diaria o buscando o chafardeando por los talleres de tatuaje, si no cambia tu forma de pensar y lo ves cada día más bonito, pues ya lo tienes. ¡Pero si existe la mínima duda, no lo hagas!

Existe la leyenda urbana del muchacho que se quiso tatuar tigre y dragón en letras chinas, y una vez hecho, pasados muchos meses, en un viaje a la misma China se encontró con varias personas que se reían cuando pasaban por su lado; parece ser que las letras eran una marca muy popular de sopa en el país, algo así como Gallina Blanca. No sé si es cierto o no, pero es muy significativo.

2. Si te fascina el arte japonés, céltico-nórdico, polinesio y/o los grandes tatuajes de medio cuerpo o cuerpo entero desde el principio, hay muchas webs que te pueden dar ideas pero te recomiendo que no copies lo que encuentres en la red. Búscate un tatuador de renombre y, si no es conocido, que sea un artista de escuela, por ejemplo un retratista es ideal porque sabe trabajar las sombras y los contrastes muy bien, le explicas lo que te gustaría y que te ofrezca un boceto exclusivo para ti. Este tipo de tatuaje es un proceso lento y por la cantidad de sesiones que necesitas, bastante caro, pero en contrapartida muy satisfactorio, sobre todo porque a lo largo del proceso tu cuerpo y mente cambian al ver evolucionar el diseño escogido sobre la piel; si es lo que quieres, pagues lo que pagues, no tiene precio.

Recuerda que el tatuaje sigue siendo un estigma

3. Si no tienes un trabajo liberal y dependes de terceros, evita los tatuajes visibles en cara, cuello, manos y antebrazos. Ten presente que el tatuaje sigue siendo un estigma para muchos, sobre todo si las vinculaciones de los críticos tienen connotaciones religiosas o marcadamente sociales y/o políticas. Para muchos Cristianos y Musulmanes, el tatuaje es símbolo de un paganismo beligerante y aunque sobre el papel sus doctrinas son conciliadoras y de paz, en la realidad todos sabemos lo que se cuece, lo que vemos en el televisor y como las gastan los defensores de la Fe.

4. Si no quieres parecer un album de cromos, evita la dispersión, no es recomendable tatuarse al Correcaminos en el pecho, el logo de Ron Negrita en el brazo, un delfín en el tobillo, y una flecha en el pubis con la inscripción en letra inglesa "Aquí te quiero ver", porque es hortera y dice muy poco de tu amor propio y orgullo personal. Pero en definitiva eres libre de hacer lo que quieras, evidentemente, sobre gustos no podemos opinar.

5. Por muy bien adoctrinado que te consideres, jamás tatuarse símbolos que te identifiquen con tendencias hostiles, y aquí incluímos tanto swastikas, la foto del Che, el Sagrado Corazón de Jesús o un pentágono con un conjuro satánico. Puedes ser creyente o no, puedes pensar que detrás de nuestra existencia solo existe la casualidad, pero todos somos energía en distintas frecuencias y atraemos con nuestras decisiones y deseos, personas y circunstancias para bien o para no tan bien. Los hombres del norte de hace mil años que se tatuaban el Valknut (triple triángulo) como seguidores del culto a Odín, tenían tendencia a morir violentamente, por algo sería. Magia o no, mejor investigar el significado de un símbolo y no decidirse por el simple hecho de ser bonito, no sea que a lo largo de tu vida te den más bofetadas que a un niño en un colegio de Jesuitas.

6. Tatuarse logos de bandas musicales es una opción interesante, si realmente es el grupo de tu vida (como ese señor amante de Led Zeppelin), pero recuerda que más de un grupo de hoy cambia de estilo frecuentemente y lo que hoy es un grupo con un himno loable, mañana se puede convertir en un grupo que le hace la rosca a Lady Gaga. Lo cierto es que la música ha marcado el alma a generaciones, por lo tanto decidas lo que decidas, es comprensible y razonable.

7. Por último, y seguro que más de uno lo está pensando, vamos a responder a la clásica pregunta... ¿y eso duele? Pues la respuesta es simple, duele lo que realmente quieras que te duela. Quien algo quiere, algo le cuesta, y hay un precio físico también, riesgos de infecciones (no deja de ser una herida abierta), efectos secundarios (alergias y en algunos casos han sido letales). Hoy día existen cremas anestésicas que pueden paliar los primeros trazos del tatuaje, durante aproximadamente media hora, hay artistas que no lo recomiendan porque dicen alteran las propiedades de la piel, a otros les da igual.

Ciertamente el tatuaje siempre ha sido una prueba de resistencia al dolor, una transición a la respuesta de nuestro reto personal. Creo que ha sido una buena exposición y si ha servido para que alguien no se arrepienta en el futuro, bien, y sin embargo sirve para que uno se encuentre más convencido, pues también.


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Gilwellian (61 noticias)
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