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Tito el Carbonero

14/11/2009 19:11 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Crónica en clave literaria sobre un camello que conozco y su forma de ganarse la vida

TITO EL CARBONERO

El comentario que aquí voy a describir trata sobre la economía sumergida a través de un ejemplo basado en una experiencia personal.

Desde el mes de agosto de este año voy sacando a pasear por las noches a una perrita que adopté a principios del verano sobre el veintiuno de junio. A esta perrita que es de una raza común la saqué al mes de su nacimiento de la perrera municipal y tuve a bien bautizarla con el nombre de Tani.

Por las noches de verano me apetece sacar a pasear a la perrita, así desde las nueve hasta las diez y media de la noche todos los días salimos ella y yo a refrescarnos, y pasearnos por las calles de mi ciudad hasta que llegamos a una placeta llamada Mallorca, y allí suelto a la perra el collar y la dejo corriendo a su rumbo, no presté nunca atención en las veces que he estado allí de otro perro que también anda suelto sin collar y de su propietario al que siempre me encuentro allí. Hasta el día que el perro atacó e intentó violar a mi perra, ese día me fui directo al agresor y le propiné una patada lo suficientemente fuerte para malbaratar el acto de agresión sexual de aquel perro.

Este acto hizo levantar al dueño del perro violador y dirigirse hacia mi con un tono violento pidiéndome explicaciones de porqué había golpeado de esa forma con mi pié a su perro.

A las buenas le expliqué al dueño del perro la agresión que por parte de su mascota, estaba a punto de montar a mi perra, y que yo como propietario de Tani no quería que ella fuese inseminada de forma natural, así que con una patada ahuyenté a su perro del mío.

Al dueño del perro le pareció aclaratoria mi explicación, y le quedó claro que yo no quería tener descendencia de mi mascota. Así fue como entablamos conversación, Tito el dueño del perro violador, y yo el dueño de la acción que cortó la agresión sexual.

Tito empezó hablándome de su juventud, y de su raza, él era el hijo mayor de un gitano y de una paya, él no era de esta capital si no que provenía de un pueblo de Huelva. De mozo él y su padre trabajaban de sol a sol sacando carbón, pero que debido al cierre de la planta de extracción de ese mineral su padre se vio obligado a trabajar como temporero en la recogida de fruta, en especial la que más se produce en esas tierras, la fresa y el fresón.

Ese trabajo no lo quiso seguir él en compañía de su padre, así que un día salió en dirección al puerto de Palos en busca de un marinero amigo suyo que venía de pescar en de Ceuta, Tito le pregunto si traía hachís del África y así fue como el joven Tito empezó a cortar pastillas de hachís envolverlas en papel de plata y venderlas en tabletas.

El hecho que me contaba lo pude constatar de forma visual, cuando al momento de terminar la conversación se acercaron un grupo de pandilleros jóvenes uno de ellos con una expresión de cordialidad le pregunto ¿Tito no tendrás diez euros de chocolate?

Tito dijo: Si espera aquí que me voy a casa y te traigo una tableta.

Ató al perro y salió en dirección a la calle en compañía de su perro, tardó diez minutos en aparecer con una tableta envuelta en papel de plata, de espesor muy fino y bastante alargada, el joven le dio el dinero y Tito le dio la tableta, ambos se saludaron de forma nuevamente cordial y los pandilleros se fueron por donde habían venido.

Tito me confesó que vendía hachís desde hacía tiempo también me dijo que sí encontrara un trabajo remunerado lo cogía y dejaba la venta al menudeo por las placetas de tabletas de hachís, pero que de momento y con los años que llevaba sacando al perro se había echo con una clientela fija y todas las noches vendía 70 u 80 euros de tabletas de chocolate y que sí era fin de semana viernes o sábado la venta subía a 130 euros poco más o menos.

Con ese dinero se pagaba el alquiler de un piso y tenía para comer todos los días.

El se tuvo que ir de Huelva por la razón de que la policía nacional lo tenía fichado a él y al perro que por llevarlo sin atar había recibido más de una denuncia.

Me contó que una vez casi lo pillan con las tabletas de chocolate encima, ya que una persona mayor que estaba jugando con su hijo le llamó la atención sobre su perro y él le contestó al padre de la criatura que ése no era un problema suyo, se pusieron a discutir y en eso que llegó la policía nacional. Tito enseguida pensó en las tabletas de hachís y se puso muy nervioso las cogió todas y las tiró a la papelera que había cerca, segundos después llegaban los dos agentes a la altura de ellos dos y Tito pidió disculpas y ató al perro de inmediato, saliendo tan deprisa como pudo de aquel lío en que se había metido, me dijo que desde entonces no llevaba el hachís encima esperaba en placetas cercanas a su casa y después de hacer el trato si iba y traía las tabletas tantas como el cliente le pedía.

También he vendido marihuana me dijo, y llegué a ser conocido por el vecindario como un gran jardinero por lo rápido, grandes y verdes que cultivaba las plantas, pero ese fue el detonante de la huida de Huelva, la gente me conocía demasiado y me preguntaban de qué trabajaba, de dónde sacaba tan buen abono para hacer crecer tanto las plantas, así que un día salí de mi tierra y me vine aquí, ya que conocía a un marinero que hacia viajes con su barca a Melilla y traía hachís, ahora lo vendo aquí.


Sobre esta noticia

Autor:
Pirlo De Félix (64 noticias)
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Tipo:
Opinión
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