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El transporte público en Zaragoza

25/06/2010 11:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Leo en la prensa de esta mañana que una concejal(a) del Ayuntamiento de Bilbao ha estado hoy miércoles en Zaragoza observando la planificación de la rehabilitación de los edificios antiguos construídos a mitad del pasado siglo por el antiguo sindicato vertical.

Habrá sacado sus conclusiones, sin duda, y, desde luego se llevará una lección bien aprendida para ser aplicada en los antiguos barrios bilbaínos de Rekalde, Arangoiti o Zorrotzaure, por ejemplo. Pero no sé si a alguien se le habrá ocurrido el darle un punto bidireccional a la visita: nosotros le explicamos cómo se rehabilitan esas viviendas (¿?) y ella nos ofrece una visión de cómo se planifica el transporte público en una ciudad de similares características a Zaragoza.

¡Ah, no! Aquí ya se ha decidido que el futuro es el tranvía. No entremos en polémicas indemostrables sobre los beneficios que esa decisión puede acarrear a los ciudadanos o a los que han impuesto esa solución. Sería algo que no puede demostrarse -ni siquiera pensarse, no sea que el Código Penal vaya a castigar también los simples pensamientos o intuiciones-, por lo que es baladí el planteamiento.

Así que pasamos a valorar lo que, sin duda, transciende a esos pensamientos: la planificación de las comunicaciones (movilidad se dice ahora) de una ciudad como Zaragoza. Veamos algunos ejemplos:

1) ¿Cómo puede uno/a trasladarse en transporte público desde el centro de la ciudad hasta el polígono de Malpica?

2) ¿Y hasta Cuarte, Cadrete, María, … ?

3) Quizás alguien, alguna vez, necesite ir a Villanueva de Gállego o a Utebo, o a Casetas, a Villamayor o a Alagón en un traslado no planificado, de esos que surgen continuamente a todo el mundo que trabaja en un negocio propio o ajeno y que no sea la administración pública. ¿Alguna pista de lo que debería hacer? Claro, utilizar el transporte privado, en algunos casos por vías de la época franquista.

4) Nos encontramos cualquier día de la semana en el entorno de la Plaza de España y queremos dirigirnos a Las Delicias: no queremos (podemos) coger un taxi y consideramos que la distancia es considerable para hacerla caminando. Así que nos plantamos en la parada de un bus. ¡Qué bien! Una voz automática o automatizada (y/o una pantallita que a veces funciona) nos informa de que el vehículo llegará en -digamos- cuatro minutos. Miramos el reloj. Perfecto, tenemos nuestro destino a un máximo de quince minutos. ¡Ah, no! Curiosamente, de repente donde pone (y dice) cuatro minutos pasa a poner (y decir) ¡22!.Los usuarios (contribuyentes -al menos la mayoría-) nos miramos cariacontecidos y cruzamos rápido a la otra acera de Independencia: la otra línea de autobuses que nos puede llevar a nuestro destino está a 18 minutos vista ¿Nos lo creemos? No, unos minutos más tarde está a 35 (así con toda la jeta). Cierto es que esto pasa solo (creo) a partir de las 11 de la noche. ¿Respeto al pueblo soberano? Ya nos lo pedirán cuando lleguen elecciones, ya.

5) Va usted a trasladarse a su puesto de trabajo en el centro. Como no es posible aparcar nuestro coche en condiciones normales optamos por utilizar el autobús urbano. Vamos con el tiempo justo -como es normal- y nos encontramos que el primer autobús pasa de largo porque el/la conductor/a considera que ya ha rebasado su aforo máximo. Y, según donde nos encontremos, nos pasará lo mismo con el siguiente. Llegamos tarde al trabajo. ¿La culpa es de Belloch, o de Iglesias o de Biel? No, la culpa es nuestra: debemos prever que el transporte de esta ciudad, de la que quieren que sea la tercera de España, no deja de ser tercermundista.

6) ¿Vamos al fútbol? Camine, viva donde viva, así siempre llegará antes y mejor (salvo que vaya en moto).

Así que no hubiese venido mal que la señora concejala de Bilbao nos diera unas lecciones de cómo funciona el transporte en su ciudad. Que hubiese aclarado que el tranvía (una sola línea que es de uso casi exclusivamente turístico: San Mamés- Casco Viejo pasando por la ría y por el Guggenheim) es testimonial. Que hubiese aclarado que en Bilbao (en el gran Bilbao) el antiguo caos circulario no se ha solucionado obstaculizando al vehículo propio con traviesas de tranvía: que se ha hecho con un magnífico metro, modelo de lo que debe ser la ‘ movilidad urbana e interurbana’ .

¿Nos damos una vueltecita por allí? No, ya vendrán las obras después, cuando Zaragoza sea la tercera ciudad española, cuando vaya a conseguir los Juegos Olímpicos de Invierno y cuando -desde fuera, como nos pasó con La Romareda- nos informen de que nuestra ciudad no reúne las condiciones elementales para ser una urbe cómoda, transitable, agradable y respetuosa con los que pagamos los impuestos municipales.Y, entonces, ya habrá alguien que decida lo que se debe cambiar (¿nos acordamos de la rotonda de la MAZ, de la chapuza de la estación de Las Delicias o nos montamos todos en el coche oficial?) … y los beneficos que acarrea ese cambio.

Pero siempre habrá una excusa para indocumentados: la crisis. Esa que no afecta ni al tranvía ni a la planificación inteligente con vistas al presente y al futuro.


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