La Tribuna: "Ojalá me equivoque" por Jorge Gomez
Vaya por delante que pertenezco a una generación de madridistas que tiene enterrado en lo más hondo de su memoria los tiempos gloriosos de su equipo de baloncesto (en la última Copa de Europa que levantó el Real Madrid contaba con 12 años). Pertenezco, por tanto, a una generación ausente de ídolos, de referentes que apenas ha encontrado pequeños oasis (la Liga del Palau, la de Herreros y el tapón de Fotsis, que a muchos se les olvida...) en una travesía por el desierto demasiado larga –y que promete no tener un fin de cercano-.
La llegada de Ettore Messina supuso un rayo de esperanza. Un halo de luz en la oscuridad de las noches madridistas. El último gurú del baloncesto llegaba para situar una referencia en una página de la abyecta historia reciente. En la primera temporada, y por las premuras con las que se acudió al mercado, no se consiguieron las piezas adecuadas, aunque el italiano dejó muestras de su germen ganador y en cada partido, cada tiempo muerto, veíamos la grandeza de los genios, la que podría devolvernos a lo más alto. No en vano, las derrotas ante el Barcelona le granjearon los primeros críticos. Sin embargo, para gran parte de la afición, entre la que me incluyo, esos partidos, lo único que dejaron de manifiesto es que en la plantilla había jugadores cuyo rol en el equipo no podía ser el que reclamaban, incluso llegamos a apreciar que la camiseta blanca se les quedaba grande (perdonen pero escribo desde un corazón dolido).
Hablo, principalmente, de Sergio Llull y de Felipe Reyes. Ambos jugadores han demostrado, a lo largo de sus carreras, ser grandes jugadores...de rotación. Especialistas, si me apuran, pero jamás referentes fiables de un equipo grande. Lo peor es que ellos han asumido un papel de líderes que no son capaces de representar. Ninguno es capaz de demostrar liderazgo, ninguno sabe lo que tiene que hacer cuando vienen mal dadas (dejaremos al margen el capítulo de declaraciones del capitán). Pero lo cierto es que la suma de ese factor de riesgo, de tener en tu plantel jugadores que no asumen su rol, de tener a parte de la afición en contra y un sector de la prensa, de estómagos agradecidos hacia cierto personaje de la directiva, provocó que Ettore hiciera las maletas y con su adiós también se fueron las últimas esperanzas de ver a un Madrid grande.
Porque no nos engañemos, lo ocurrido en Miribilla no nos pilló de sorpresa a muchos de los que seguimos siempre a este equipo. La llegada de Laso se vendió como la quintaesencia del baloncesto moderno, el adiós al basket control y la diversión a raudales. El equipo se subió a un ritmo alto de ataque y la corriente mediática que atacaba a Messina se convirtió en un bálsamo de parabienes hacia el nuevo entrenador. En su hoja de méritos aparece el recuperar para la causa a varios jugadores (Chacho, Nole) y una correcta trayectoria en Liga Endesa y Europa (hasta ahora) pero no podemos mirar hacia otro lado en lo que a carencias se refiere.
Siempre me acompañó la duda de cómo respondería el equipo cuando se jugaran los partidos de verdad, cuando no nos permitieran correr o nos enfrentáramos a equipos de similar talento ofensivo, pero mejor bagaje defensivo. Siempre sospeché que se ganaba por acumulación de talento (Laso tiene la mejor plantilla del Real Madrid en muchos años, ya le hubiera gustado a Messina tener ese arsenal). La confirmación a los temores ha ido llegando poco a poco.
El juego del run&gun debe ser un arma más dentro de un campeón que, sobre todo, tiene que tener las ideas claras cuando el partido se juega de verdad, las posesiones se alargan y cada balón es oro. El Madrid carece de esa claridad. No pasa del carretón por línea de fondo para Carroll o del pick&roll central. No hay apenas sistemas para aprovechar el talento de Mirotic o Tomic cerca del aro, ni la capacidad de tiro (liberado) que podrían tener el propio Nikola, Carroll, Pocius, Singler o el propio Llull (aquello que Messina repetía una y otra vez en sus tiempos muertos: el ataque sobre el lado débil). Si se quiere jugar a correr debes tener pívots intimidadores y buenos reboteadores (¿por qué se prescindió entonces de Fischer?). Y, sobre todo, en defensa, los mecanismos no existen. Equipos como el Maccabi (con Farmar), Montepaschi (con Mcleeb), Bilbao (con Jackson) han masacrado constantemente al Madrid con la misma jugada: simple y llanamente un bloqueo directo, a partir del cual el base contrario hace y deshace a su antojo, genera ventajas y desajustes. No es exclusividad de la defensa de los bases (que es inexistente), sino de los mecanismos en defensa (como bien ha demostrado Piti Hurtado con un vídeo en twitter). No hay ayudas (ni segundas ni hablar ya de terceras) y el único recurso pasa por una defensa zonal.
No discuto que Laso sea un trabajador, porque seguramente lo sea, un entrenador entregado y que quiera hacer las cosas bien. Pero es un entrenador en formación y cada lección que recibe golpea directamente en la moral minada de una afición cansada de ser el muñeco de la piñata donde golpean una y otra vez.
Puede, incluso, que se llegue a ganar algún título (la Copa del Rey es el único al que creo que se aspira realmente), pero mi análisis no variará. Hay una acumulación de talento en pista que puede producir este hecho, pero no se atisba un horizonte esperanzador, al menos no para mí.
Ojalá me equivoque.
Jorge Gómez Bravo (@jorgegomezbravo)
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Autor: Brais (183 noticias)
Fuente: 24segundosenblanco.blogspot.com
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Tipo: Reportaje
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