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El Tribunal de las Aguas de Valencia; un joven con más de mil años

12/10/2009 22:11 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Valencia y los valencianos recibimos un precioso regalo el pasado 30 de septiembre: el reconocimiento internacional de la UNESCO que sesión celebrada en Abu Dhabi, declaraba a nuestro Tribunal de las Aguas como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

Tribunal de las AguasMerecido reconocimiento de esta institución que lleva impartiendo justicia desde hace más de mil años y cuyo funcionamiento ha sido conocido y estudiado por prestigiosos juristas de todo el mundo que se asombran de su eficacia y rapidez, sin perder por ello la esencia de la administración de justicia.

Pero también es cierto que nuestro conocimiento de la institución, queda un poco difuminado, confundiéndolo en demasiadas ocasiones con una representación folclórica que cada jueves tiene lugar en la gótica puerta de los Apóstoles de nuestra Catedral. Conocemos su existencia, sabemos de su importancia, pero no somos conscientes de su valor, al desconocer la esencia de su ser y su funcionamiento. Veamos pues algunos datos sobre el Tribunal de las Aguas.

Valencia es tierra de cultivos. No hay duda alguna que su economía, desde siempre, ha partido de sus campos, de los frutos que el esforzado labrador valenciano ha sabido extraer de sus bien trabajados huertos. Como tampoco hay duda que su clima mediterráneo, se ve sometido a persistentes épocas de sequía que limitan la disponibilidad de aguas para su riego. Es lógico que en épocas anteriores a la dominación árabe, algún tipo de normas y algún organismo dotado de autoridad debió existir para la reglamentación del uso de las aguas del río Turia, más bien escasas durante muchos periodos del año. Puede ser, por qué no, que encontraríamos allí el antecedente inmediato de nuestro milenario Tribunal.

Pero los estudios realizados datan como nacimiento del Tribunal de las Aguas la época del Califato de Córdoba, concretamente los reinados de Abderramán III y su hijo Al-Hakem II, siglo X, si bien se define y perfecciona en los primeros años tras la conquista de Valencia por el Rey Jaime I. Es ampliamente aceptada la fecha del año 960 como la del nacimiento del Tribunal.

El Tribunal de las Aguas administra y juzga las incidencias de las ocho acequias que parten del río Turia, extendiendo y regando las tierras de la Huerta de Valencia. Cinco de ellas lo hacen por la margen derecha, Quart, Benager-Faitanar, Mislata-Chirivella, Favara y Rovella; y las otras tres por la izquierda, Tormos, Mestalla y Rascaña.

Cada una de las ocho Acequias, es regida por una Junta Administradora, elegida democráticamente por los miembros de la Comunidad, todos ellos labradores que cultivan directamente sus tierras y con fama conocida de “hombres honrados”. Junta Administradora que, una vez constituida, elige en su seno a su Síndico-Presidente.

La totalidad de las Acequias se rigen por sus propias y particulares Ordenanzas, conjunto de normas orales desde tiempos de los árabes, que posteriormente fueron puestas por escrito a principios del siglo XVIII.

Cada Comunidad cuenta también con su Guarda de Acequia, empleado que cuida de los turnos (tandas) de riego y da cuenta de todas las incidencias que se produzcan y contravengan las Ordenanzas, para que sean juzgados por el Tribunal. Para ello, el Guarda emplaza a los denunciados a que comparezcan ante el Tribunal el jueves siguiente. Si no compareciera se le cita hasta por dos ocasiones más y, si tampoco lo hiciera, el denunciado es juzgado en rebeldía.

El Tribunal tiene jurisdicción sobre todas las Acequias y está constituido por los Síndicos de las ocho Comunidades, y presidido por un Síndico-Presidente elegido de entre ellos por los miembros del Tribunal. No tienen formación jurídica, son agricultores directos de sus tierras, pero son conocedores de las normas que han de aplicar puesto que dominan las ordenanzas que rigen la vida de cada una de las Comunidades de las Acequias.

Ejerce una verdadera autoridad moral entre sus comuneros y ello se traduce en el hecho de que no se ha tenido que recurrir jamás a la jurisdicción ordinaria para el cumplimiento de una Sentencia.

Cada jueves, a las 12 de la mañana, se constituye el Tribunal en la puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia. Cada uno de los ocho Síndicos miembros del Tribunal, ataviados con el blusón de huertano que lucen a manera de preciada toga de su condición, ocupa el sillón que ostenta el nombre de la Acequia a la que representan. Hasta principios del siglo XX, se sentaban en un sofá propiedad de la Catedral. El jueves era el día señalado en la época árabe como último día de la semana, dado que el viernes era de obligado descanso, costumbre ésta que fue respetada por Jaime I tras la conquista del Reino. El particular rito procesal de los juicios viene transmitiéndose desde siempre:

El Alguacil del Tribunal, con el Gancho como insignia, (especie de arpón con el que los guardas abrían y cerraban las compuertas de los canales de riego) solicita la venia del Presidente y cita a los denunciados de viva voz:

“Denunciats de la Séquia de Quart”, (“Denunciados de la Acequia de Quart”). Y espera la presencia de los denunciados en el ámbito de esta Acequia que hayan sido emplazados para esa sesión del Tribunal. Si lo hay, se celebra el juicio, si no, sigue con otra Acequia, en el mismo orden en que cada una de ellas coge aguas del río; comienza por la de Quart y finaliza por la de Rovella. Acude el denunciado acompañado por el Guarda de la Acequia, que expone los hechos del caso ante el Tribunal, o presenta al denunciante si lo hubiere. Termina su exposición con la frase ritual “es quan tenia que dir”, (“Es cuanto tenía que decir”).El Presidente del Tribunal se dirige al acusado preguntándole: “¿Qué té que dir l’acusat?”, (¿Qué tiene que decir el acusado”), con lo que se le concede la palabra a fin de que alegue aquello que considere conveniente para su defensa. En la actualidad ha perdido vigencia el clásico “calle vosté i parle vosté”, (calle usted i hable usted”), así como el señalar con el pie a quién se concedía la palabra (vestigio éste, sin duda, árabe).

Pueden proponerse testigos e incluso la “visura” (inspección ocular).

Los trámites son en su totalidad orales, interviniendo todos en nombre propio y desarrollándose todo el procedimiento en lengua valenciana. Los miembros del Tribunal pueden hacer preguntas para aclarar los hechos y, sin más trámites, el Tribunal delibera y pronuncia su Sentencia. En sus deliberaciones, para mayor imparcialidad, no participa el Síndico de la misma Acequia de los litigantes. Es más, si el denunciado pertenece a una acequia de la margen derecha, la sentencia la proponen los Síndicos de la margen izquierda, y viceversa.

Terminada la deliberación, en caso de condena, el Presidente dirigiéndose al acusado pronuncia: “Este Tribunal li condena a penes i costes, danys i perjuins, en arreglo a les Ordenances”, (Este Tribunal le condena a penas y costas, daños y perjuicios con arreglo a las Ordenanzas”). Se refiere a las Ordenanzas de cada Acequia que señalan en concreto las penas para las diferentes infracciones.

El Tribunal sólo sentencia si el denunciado es culpable o inocente y no caben recursos ni apelaciones en contra de la Sentencia que se pronuncie y de la ejecución de la Sentencia se encarga el Síndico de la Acequia.

Los motivos que se juzgan suelen versar sobre el hurto de agua, roturas de canales o muros, “sorregar” es decir, volcar agua sobrante en los campos vecinos dañando sus cultivos por exceso de agua, alteraciones de las tandas de riego, suciedad en las acequias que impida el libre discurrir de las aguas, interrupción del riego a quien lo está usando legítimamente, etc.

Pueden incluso ser juzgados los propios Síndicos que componen el Tribunal. Cuando esto ha ocurrido, el denunciado abandona su sillón, se despoja de la blusa que le acredita como miembro del Tribunal y ocupa su lugar como denunciado. Escuchada la Sentencia de sus compañeros de su Tribunal, vuelve a ocupar su sillón.

La jurisdicción del Tribunal de las Aguas se extiende a personas ajenas a las Comunidades de las Acequias, cuando éstas causen daños y perjuicios al sistema de riegos.

Toda la tramitación es verbal, pero tras la Ley de Aguas, se deja constancia en un Libro Registro de la Acequia con los datos del denunciado, denunciante, motivo del litigio, fallo y fecha.

Llama la atención el lugar en el que se constituye el Tribunal. En sus comienzos, el Tribunal se reunía en el interior de la Catedral, en aquel momento mezquita árabe. Con la conquista de Valencia por Jaime I, el templo pasó a ser cristiano y en él no podían entrar aquellos árabes que continuaban cultivando sus tierras, esto obligó al Tribunal a constituirse en la puerta, lugar en el que se sigue celebrando.

Su constitución y funcionamiento, puede parecer un hecho pintoresco para solaz de los miles de turistas que cada año contemplan sus sesiones, pero nada más lejos de la realidad. El Tribunal de las Aguas de Valencia es el órgano judicial en funcionamiento más antiguo de Europa, y sigue administrando justicia entre los regantes de la huerta de Valencia, con suma y exquisita eficacia, gozando de un merecido reconocimiento por su eficacia. Una institución de más de mil años que se encuentra en plena juventud y lozanía.

Publicado por Ferran Martinez i Garcia, el 6 de octubre de 2009


Sobre esta noticia

Autor:
Nachomartinez (3 noticias)
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Tipo:
Opinión
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