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¡Un avión, por favor!

23/02/2011 23:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Es grave y preocupante el calvario vivido por los españoles en Libia por la perezosa y tardía reacción del Gobierno de España

JAVIER DYSART

A veces, muchas veces, parece que vivimos en un país trabucado y sin reflejos. Esto se deduce de la forma lenta con que se afrontan determinados sucesos que, si no fuera por las consecuencias dramáticas que tienen, las calificaríamos de torpes, erráticas y punibles.

Es grave y preocupante el calvario vivido por los españoles en Libia por la perezosa y tardía reacción del Gobierno de España. Un grupo de trabajadores, unos noventa, resolvieron la delicada y agobiante situación de escapada gracias a la eficaz diligencia del Gobierno de Portugal, que les facilitó la huida en uno de sus aviones militares.

El sólo hecho de redactar este pasaje, me supera el sosiego y la paz interna. Siento rabia por la desatención sufrida con nuestros compatriotas. Me produce indignación la torpeza y el ridículo de nuestro Gobierno, siempre atento a lo inane y casi siempre ausente de lo trascendente.

Escuché a un empresario narrar la tragedia. Según avanzaba el relato la ira me fluía desbocaba. El casi centenar de trabajadores de su empresa en Libia, ahogaban su serenidad con el terror del ambiente. Temían por sus vidas y querían salir corriendo. Pidieron amparo aquí y allá, pero no encontraron respuestas. El cónsul, que debía de haber tenido la testa a la sombra, no tenía respuesta. El empresario solicitó, vía teléfono, el concurso del PSOE y del PP. Entonces algo empezó a moverse, pero de forma tímida. Nada operativo.

Temían por sus vidas y querían salir corriendo. Pidieron amparo aquí y allá, pero no encontraron respuestas. El cónsul, que debía de haber tenido la testa a la sombra, no tenía respuesta

El grupo permanecía agrupado en una de las áreas del aeropuerto de Trípoli. Blandían un gran cartel de identificación con la palabra “ESPAÑA”, pero ni así. El avión no llegó. Tras arduos alegatos a la buena vecindad, los portugueses fueron receptivos a la angustiosa súplica de los españoles, y así consiguieron abandonar el territorio libanés, cuya población se encuentra amenazada y masacrada por un demente tirano.

Desconozco las circunstancias afrontadas por la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, para la reacción tortuga adoptada en este caso. Ignoro las gestiones, que no dudo habrá realizado, para coordinar las actuaciones de rescate, pero lo cierto es que, mientras otros países avanzaron de forma ágil sus aviones hasta Trípoli, aquí, durante seis días con sus noches desde iniciado el conflicto, no se consiguió enviar un simple avión militar, ni civil, ni turista, para evacuar a los desesperados españoles atrapados en el infierno del inestable país.

Justificar la lenta actuación no es tarea fácil. Y no lo puede ser cuando resulta tan ‘barato’ y tan sencillo, por ejemplo, poner en vuelo un avión militar Falcon, con el costo elevado que supone a los ciudadanos, para que el todo poderoso presidente, señor Zapatero, ilumine con su imagen los actos mitineros de su partido, o para ir de compras o de opereta por Europa con su familia.

Resulta bochornoso que para ese despilfarro presidencial no haya pegas ni restricciones. Además, el trámite se hace con la velocidad del rayo. Pero cuando se trata de facilitar un avión a un grupo de españoles desesperados que intentan huir del terror, la cosa puede esperar. No hay prisa. Es sólo una anécdota.


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