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Una noche para el recuerdo

15/12/2009 18:24 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Vaya noche la de aquel día

Son muchas las personas que conocen una historia/anécdota/recuerdo que me sucedió en las cálidas tierras mejicanas de Cancún, durante el viaje universitario. Pero son muchos los que no han oído hablar de ella.

Aquellos que saben de lo que estoy hablando, pensarán que por fin se ha consumado mi venganza, y que por fin me he decidido a transcribir dicha experiencia, la cual cambió para siempre mi vida. Esta gente pensará que soy un pesado. Están en su derecho.

Todo comenzó en 2008, cuando nos fuimos de viaje de fin de curso a las exóticas y paradisíacas playas de Cancún. Salimos todas las noches a las discotecas de la zona, y nos lo pasamos muy bien. Pero una noche resalta entre las demás, la noche que fuimos a Coco Bongo. No había estado en mi vida en una discoteca igual y creo que no esté en otra parecida si no vuelvo a ella otra vez. Imaginaros un recinto con aspecto parecido a un teatro. La sala de butacas era la pista de baile, donde había 2 barras serpenteando y dejando espacio para que la gente bailara hasta el amanecer y desde donde se podía contemplar el escenario. La sala tenía 3 plantas, que dejaban vislumbrar todo el ambiente, y todas ellas con barras pegadas a la pared.

El RRPP nos aconsejó entrar en la sala por la 3ª planta para que nos hiciéramos una idea de cómo era Coco Bongo. Os podéis imaginar entrar allá y ver más de mil personas bailando sin parar, con la música a todo trapo, luces, copas… Aquello era el paraíso. Estuve pidiendo en la misma barra. Sobra decir que estos sitios son barra libre previo pago de 60 $. Empecé a pedir ron- cola y a disfrutar de la noche. Todo iba perfecto hasta que de repente se va la luz, el sonido. Todo se apaga. Todo en silencio. Nadie sabe qué pasa. Entonces, aparece una luz que enfoca al escenario y sale Michael Jackson. Realmente no era MJ, pero como si lo fuera. Empieza a salir gente y gente y se llena el escenario con MJ y 50 bailarines, todos al ritmo de Beat it, Thriller… Un popurrí de sus mejores canciones. 10 minutos después pasa lo mismo, se vuelve a apagar la luz, la música… Pero en este caso sale Frank Sinatra y 100 bailarinas moviendo las piernas al compás de New York, New York. Y así más de media noche. Por el escenario pasaron los espectáculos de Queen, Guns & Roses, una representación de Matrix con gente colgándose por toda la sala…. A mí me daba igual que me hubieran dado palomitas en vez de cubatas (Litu, Kai y Alex recordarán esta frase).

Y en una de esas que voy a pedir a la barra, ocurrió algo que no me esperaba, algo que cambió mi vida. Me acerqué al camarero y le dije “jefe, póngame un ron-cola”. El camarero me miró fijamente a los ojos y me dijo muy serio “NO”. Yo, extrañado, le rebatí: “pero jefe, ¿por qué no?”. Entonces me dijo: “No le voy a poner un ron-cola, le voy a poner algo mejor”. Y yo exclamé “pues jefe, sorpréndame”. El barman se sonrió. Cogió un vaso y le echó 3 hielos. Acto seguido, agarró una botella de la estantería y roció el vaso. La dejó en su sitio y cogió otra de otro lado. Vertió un poco en el vaso y la volvió a dejar. Cogió una tercera botella. Tras echar un poco en el vaso, fue a dejarla y a por una cuarta botella. Yo ante tantas botellas me asusté y exclamé: “jefe, ¿qué quiere, emborracharme? Él se volvió a sonreír y me dijo, “tranquilo amigo, ya falta poco, no se me impaciente”. Tras echar otro lingotazo de la 5ª botella, abrió un refresco de limón y otro de cola. Vertió a la vez un poco de los dos. Agarró la varilla de mezclar y me puso una pajita. El hombre había terminado su obra de arte. Me invitó a que probara ese cóctel que había preparado. Lo cogí, le di vueltas a con la pajita, la retiré y me acerqué el vaso a los labios. El olor que desprendía eso era alcohol puro, aromatizado con limón. Bebí un sorbo. Lo degusté. Volví a echarme un sobro con algo más de cantidad. Volví a saborearlo. Fue en ese preciso momento cuando se abrieron las puertas del cielo, bajaron dos ángeles con trompetas interpretando fanfarrias y me regalaron el mejor cóctel que jamás hubiera probado el ser humano. Yo, asombrado ante la explosión de sabor que había sentido, le dije al barman: “jefe, esto es lo mejor que he probado en mi vida. ¿Qué es?” Él se rió a mandíbula batiente y me dijo “no se lo pienso decir”. Fue entonces cuando me di cuenta que estos tipos se mueven por propinas, así que le dije: “Vamos a hacer una cosa. Yo me voy a bailar y a beberme esto. Cuando me lo acabe, voy a volver, me vas a poner otro, y entonces vas a recibir una enorme gratificación. ¿Entendido?” El camarero asintió con la cabeza. Y yo hice lo que le prometí a este señor. Me bebí el cubata, pero saboreándolo, sacándole matices. Cuando me lo acabé, me acerqué a la barra con el vaso vacío y lo moví agarrándolo con el pulgar y el índice desde la parte de arriba, demostrando al camarero que se me había terminado aquel brebaje que él había hecho. Se volvió a sonreír, y empezó otra vez con el espectáculo de las botellas. Cuando terminó me dijo que se llamaba Long Island Ice Tea, que era uno de los combinados más potentes que existen y que sólo valientes como los españoles lo aguantan, y no como los gringos. Estuve hablando largo y tendido con él y al final le di una propina. El barman me dio la mano como símbolo de amistad.

Me uní con el grupo que estábamos en la discoteca y les conté lo ocurrido. Todo el mundo bebió el cóctel y todos y cada uno de ellos quedaban maravillados por su sabor. Estuve toda la noche pidiendo el Long Island barra por barra. No sabía que llevaba, pero estaba buenísimo. La noche acabó de la mejor manera posible. Todos en la pista bailando “You shook me all night long” de ACDC, con el copazo en la mano y gritando a grito pelado toda la discoteca (casi 2000 personas al final de la noche) el estribillo. Sin duda, una de mis mejores noches que perdurará para siempre en la memoria.


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Autor:
M. Cavaradossi (1 noticias)
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