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La urbanidad y el “dress code”

28/06/2017 12:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En este mundo, cada vez más lleno de papanatas, en el que impera la vulgaridad y los listillos de televisión, se extiende cada día más el barbarismo en todas sus facetas, alcanzando a la casta política recién llegada al poder en forma de generación

Es lamentable, muy lamentable que se dé alas a ciertas prácticas “barbaristas” que nos retroceden al atavismo (comportamiento propio del pasado) cuando el hombre era lo más parecido a un mono.

No es de recibo que las calles se vean inundadas de hombres vestidos como los indios con taparrabos y mujeres casi desnudas en reclamo permanente de atención, en muchos casos en clara actitud exhibicionista y hedonista.

Y el modelo de lo que se proponen como dirigentes de la sociedad juega un papel importante a la hora de ejemplarizar.

Pase que las zapatillas deportivas sean preferidas a los zapatos, pase que la corbata no sea la prenda predominante y pase que los hombres lleven el pelo como las mujeres y viceversa.

Pero lo que no parece adecuado en un representante público es ir vestido de porteador del muelle pesquero o de cabrero de la montaña en retiro de tres meses, por muy “proleta” o muy bohemio que parezca.

Entre otras cosas porque es falso y corresponde a los rescoldos de una vida disoluta, cómoda alejada de todo compromiso  obligación social.

Y es que además, este tipo de vestimentas y comportamientos ad hoc, vienen de la influencia de los fanáticos del futbol y de los guiris de medio pelo.

Pasear por la calle con la camiseta del ídolo por fuera del pantalón, con las deportivas del mismo modelo y color del ídolo y con una gorra beisbolera de medio lado, como usan los cantantes de Rap o de Hip hop, parece ser un signo de distinción, cuando realmente sólo se corresponde con la afirmación de pertenencia a una tribu.

Dime cómo te vistes y te diré lo que piensas, decía el abuelo

Y este es el meollo del asunto, se persigue pertenecer a una tribu, una tribu marginal, automarginada o inventada, para desmarcarse del resto de la sociedad y a la vez llamar su atención como grupo diferenciado, es una seña de identidad, es el carnet del cuerpo el Totem de la tribu.

Lo que viene al pelo para recordar la obra de Sigmund Freud “Tótem y Tabú” y recomendar su lectura.

Nada parece indicar que esta tendencia sea una moda temporal, lejos de ello, parece más bien una tendencia a la vida fácil y poco respetuosa con un mínimo de decoro social, arrastrada por la falta de “disciplina” en el sentido amplio de la palabra.

Se corresponde más con ese pretendido “transversalismo” que  no es otra cosa que travestismo y que en inglés tiene un término casi similar al del título del artículo: “crossdresser”.

Y es que esa es precisamente una de las palabras que mejor define la actitud, el crossdresser no es otra cosa que un hombre que se viste de mujer, llevando al equívoco.

Dicho todo esto y sin la menor intención de ofender a nadie, resumimos diciendo que una cosa es vestirse y otra bien distinta es disfrazarse.

En consecuencia, lo que vale para el vestido vale para las ideas, una cosa es tener una sólida formación político-ideológica y otra bien distinta es  disfrazarse con ideas.

Para ello lo que hace falta es un mínimo de coherencia entre personalidad y pensamiento, todo lo demás son disfraces para la ocasión.

 

 

@ordosgonzalo

 

gonzalo   alvarez-lago   garcia-teixeiro


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